Monseñor García Cuerva: «el “sálvese quien pueda” no es más que expresión de un individualismo cruel que rompe los vínculos de fraternidad y descompone la Nación»

Por Redacción

En el marco del tradicional Te Deum del 25 de Mayo, el Arzobispo de Bueno Aires, Monseñor García Cuerva expresó ante Javier Milie y el gabinete libertario que «nadie es descartable, nadie es desechable, todos somos importantes, comenzando por los abuelos, los niños, los enfermos, las personas con discapacitad, los adolescentes y jóvenes atravesados por la droga, los trabajadores informales y precarizados, y tantos más». La ceremonia se llevó adelante este lunes en la Catedral Metropolitana y reunió a representantes del oficialismo y aliados políticos.

En su intervención, García Cuerva sostuvo que «como aquella gente en Cafarnaúm, hoy 25 de mayo también nosotros nos reunimos en torno a Jesús y su Palabra para juntos rezar y pedir por nuestra Patria. Cuatro hombres acercan un paralítico a Jesús, alguien que no podía caminar, que no podía pararse por sus propias fuerzas. Hoy también muchos hermanos experimentan estar paralizados en sus esperanzas, en sus oportunidades, en su dignidad. Desde hace muchos años se sienten postrados, tirados al borde del camino de la vida, y ya no tienen fuerzas para seguir, no pueden sostenerse en sus derechos tan postergados».

Del mismo modo, señaló: «no es cuestión de buscar rápidamente responsables, que, con sinceridad, y cada uno desde su lugar, un poco somos todos, sino en tomar conciencia que tenemos la enorme responsabilidad de ayudar a curar tantas parálisis personales, familiares, y también sociales. Como aquellos cuatro hombres, que se hicieron cargo, que no buscaron culpables, sino soluciones».

García Cuerva, puntualizó que «el Papa León XIV nos recuerda que la pregunta recurrente es siempre la misma: ¿los menos dotados no son personas humanas? ¿Los débiles no tienen nuestra misma dignidad? ¿Los que nacieron con menos posibilidades valen menos como seres humanos, y sólo deben limitarse a sobrevivir? De nuestra respuesta a estos interrogantes depende el valor de nuestras sociedades y también nuestro futuro. O reconquistamos nuestra dignidad moral y espiritual, o caemos como en un pozo de suciedad»

Por otro lado, remarcó: «cuatro actores que son esenciales para la Argentina de hoy; el actor del bien común (no como la suma de intereses, sino como la capacidad de una Nación de velar por todos sus hijos, especialmente por los más necesitados). El actor del diálogo, escuchando a todos, respetando, hablando cordialmente, buscando consensos en la diversidad. El actor de la amistad social, basta de arengar la división y la polarización porque nadie se salva solo, como nos decía Francisco. Y por último, pero no menos importante, el actor de la esperanza, la que, como un motor interno, anima cotidianamente a tantos argentinos que todos los días hacen enormes esfuerzos y siguen apostando por un futuro mejor».

El Arzobispo de Buenos Aires, aseguró que «la sombra de una nube de desmembramiento social se asoma en el horizonte mientras diversos intereses juegan su partida, ajenos a las necesidades de todos; el “sálvese quien pueda” no es más que expresión de un individualismo cruel que rompe los vínculos de fraternidad y descompone la Nación, porque terminamos siendo solo una suma de individuos en un mismo territorio donde cada uno piensa en sí mismo y en el propio bienestar».

En este escenario, destacó que «el pueblo argentino es un pueblo de fe, un pueblo que, a pesar de las crisis crónicas y dificultades constantes sigue adelante y se pone la Patria al hombro. De esa reserva espiritual heredada de nuestros abuelos brotan nuestra dignidad, nuestra capacidad de trabajo duro y solidario, nuestra serenidad aguantadora y esperanzada».

En tal sentido, agregó:  «Lo que nos falta es una clase dirigente que con la fuerza de ese pueblo se anime al diálogo, al encuentro, a la reconciliación; y que lo haga por los que no pueden más, por los que perdieron las ganas de seguir, por los que sufren la parálisis de la falta de trabajo, de educación, de oportunidades».

En alusión a las actitudes de los libertarios, García Cuerva recordó que «unos escribas que estaban sentados mirando el esfuerzo de aquellos hombres y el milagro de Jesús, se pusieron a hablar y criticar, apoltronados en su comodidad y en sus seguridades. Viven de privilegios; alejados del común de la gente, pendientes de sus internismos perdieron la sensibilidad con los que sufren y critican a los que intentan hacer algo. Odiadores de aquella época, sentados en la casa de Cafarnaúm, haters de hoy, sentados frente a una computadora de su escritorio, o cómodamente instalados delante de una pantalla para hacer terrorismo de las redes, descalificando, difamando».

Resaltó que «los violentos de hoy no tienen que detener a los hombres y mujeres que en nuestra Argentina quieren dar una mano, y hacer algo por la Patria con esfuerzo silencioso y paciente, sin estridencias, sin cámaras, pero con el compromiso de un pueblo que no se resigna a vivir mal, sin justicia, sin paz». Y acotó que «como en el evangelio, Jesús nos dice a todos: Argentina levántate. Argentina vos podes. Levantarse es signo de resurrección, es un llamado a revitalizar la urdimbre del tejido de nuestra sociedad; es ponerse de pie y caminar juntos venciendo la invalidez de la desesperanza que nos lleva a hacer componendas rastreras, de la intolerancia que fermenta en nuevas formas de violencia, de la tristeza crónica que a veces se nos pega en el alma y nos hace creer que nunca vamos a salir adelante».

«Argentina, toma tu camilla; es decir, no te olvides de tu historia, de los momentos en que parecía que no podías avanzar, de los próceres que te ayudaron a caminar, de los héroes que entregaron su vida por la libertad; de ese pueblo fiel que supo ponerse a los demás al hombro. Memoria agradecida y reconciliada por las raíces de la Nación y por los que personalmente nos ayudaron y nos dieron la oportunidad de salir adelante; esto nos hará más buenos, más generosos y más solidarios con los que aún siguen postrados. Eso se llama empatía. Por eso es cruel y escandalosa la ostentación, el despilfarro, el derroche», explicó García Cuerva.

Por último, el Arzobispo manifestó: «La Proclama de la Primera Junta de Gobierno dirigida a todos los habitantes del Río de la Plata del 26 de mayo de 1810 decía: «Entregaos a la más estrecha unión y conformidad recíproca. Llevad a las Provincias todas de nuestra dependencia, y aún más allá, si puede ser, hasta los últimos términos de la tierra, la persuasión del ejemplo de vuestra cordialidad, y del verdadero interés con que todos debemos cooperar a la consolidación de esta importante obra. Ella afianzará de un modo estable la tranquilidad y bien general a que aspiramos». El primer mensaje del primer gobierno patrio al pueblo es un llamado a la unidad. No a la uniformidad, sino a la «conformidad recíproca» y a la «cordialidad». El sueño fundacional fue siempre la unión. Hagámoslo realidad. Por nosotros, por nuestros abuelos, por las futuras generaciones».

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