Por Redacción
La Selección Argentina cerró su clasificación a la final de la Copa del Mundo con un gesto de fuerte contenido simbólico. Tras la victoria sobre Inglaterra, los futbolistas posaron en el campo de juego con una bandera que llevaba la inscripción «Las Malvinas son argentinas», en un mensaje que acompañó los festejos de miles de hinchas y que tuvo como destinatario al pueblo argentino.
La imagen adquirió mayor relevancia porque, en la previa del encuentro, la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, respaldó junto a la FIFA la prohibición de ingresar al estadio banderas con esa consigna. Pese a esa restricción, el plantel argentino decidió exhibir el mensaje una vez finalizado el partido, cuando celebró el pase a una nueva final mundialista.
La semifinal volvió a enfrentar a Argentina e Inglaterra, un cruce que trasciende lo deportivo por la carga histórica que conserva para gran parte de la sociedad argentina. Durante el encuentro y en los festejos posteriores, los hinchas acompañaron al equipo con los tradicionales cánticos dirigidos al conjunto inglés, entre ellos «el que no salta es un inglés», al que se sumó «Inglaterra, la concha de tu madre», una consigna que volvió a escucharse en distintos puntos del país.
La imagen cobró una dimensión política en un contexto marcado por cambios en la política exterior del Gobierno libertario. Desde la llegada de Javier Milei al poder, la administración modificó el histórico posicionamiento argentino sobre distintos temas estratégicos, alineó su política internacional con Estados Unidos y el Reino Unido y profundizó el vínculo diplomático con Londres. El libertario niega sistemáticamente la soberanía argentina sobre el Atlántico Sur y obra en consecuencia.
Durante las últimas horas, Monteoliva expresó su desprecio por Argentina y por la causa Malvinas. En declaraciones a la prensa, previas al partido, declaró que no se iban poder ingresar «banderas con contenido político. Sí bandera argentina o inglesa. Pero nada que contenga algún mensaje que pueda provocar algún tipo de situación». Añadió que las insignias que confirman la soberanía nacional en las islas representan mensajes de odio.
En ese contexto, la decisión del plantel argentino de exhibir la bandera con la inscripción «Las Malvinas son argentinas» trascendió el resultado deportivo. El gesto reafirmó una reivindicación histórica que, para amplios sectores de la sociedad argentina, constituye una política de Estado y un componente central de la identidad nacional, más allá de los acuerdos diplomáticos o del contexto internacional.
La postal de los campeones del mundo con la bandera terminó por convertirse en una de las imágenes más representativas del Mundial. Mientras el Gobierno respaldó la decisión de impedir el ingreso de banderas con esa consigna al estadio, la Selección llevó el reclamo al centro del campo de juego y dejó una imagen que volvió a instalar la causa Malvinas en el escenario internacional.