Se derrumba el horizonte usurario: Resurrección y después

*Por Alejandro Tarruella 

 

El sisma de adentro

“Toda política es local”, ensayaba Tip O’Neill, representante demócrata por Boston, presidente de la Cámara de Representantes de Estados Unidos durante la década de los 70 y 80. Parecía referirse al cuadro de situación de su país luego de la derrota de Trump en las urnas. Ese mismo problema afecta a muchas naciones del mundo eurocéntrico neoliberal globalista como es el caso de Francia, Alemania e Italia entre otros, donde la movilización popular sale a exigir cuentas y cambios. Y en esa caída electoral, que tiene a una de sus primeras víctimas en el Paraguay, el sisma va a extenderse y propiciar nuevos derrumbes. Uno de ellos es el del ensayo mileista de entrega y desguazamiento del país que no tiene grandes respuestas de un sistema institucional quebrado y sometido a los riesgos de un mercantilismo que rompe el sistema de representación. En cuadros semejantes, los grandes poderes deben atender en gran medida a sus problemas internos y es el tiempo de sentar posiciones desde los pueblos sometidos.

Por eso, los aires en el mundo occidental son de cambios. En estos días, la Proposición 40 perdía en California, aunque faltaban computar millones de votos para alcanzar una enmienda a la Constitución estatal que exige una contribución única de 5 por ciento a individuos y fideicomisos que acumulan más de mil millones de dólares. Lo obtenido iría a asistir salud, asistencia alimentaria y educación. El régimen cuenta aún con resortes y empleados con cargos institucionales, que juegan en el festín destructivo de la usura a manos llenas que alienta el modelo financiero de guerra de los imperios.

Lula al sur del sur

En Argentina se percibe en las fuerzas políticas un clima diferente a partir del triunfo de Lula en Brasil. Ese punto de logros, es el principio del fin del régimen corporativo financiero cuyo objetivo es la balcanización y la entrega por vía del desguazamiento. Hoy ese sistema carece de poder de represión, aunque la ejerza, porque la rebelión organizada del Movimiento Obrero, las organizaciones sociales, estudiantiles, los familiares de los discapacitados y otros colectivos como es el caso de la iglesia, muestran uñas y dientes ante un sistema políticamente débil por su sometimiento parcial o absoluto a reglas que impone el régimen.

Las divisiones internas en el peronismo institucional, que no se expresa así en las bases sociales (inscriptas en los falsos discursos como parte de esos quiebres), y sirve peligrosamente a la falta de una conducción unificada, y en el posible única, necesaria para encarar una etapa de la importancia de la actual. Unidad y conducción son dos elementos al que, gran parte de la dirigencia rehúye para encaramar a “famosos” repetidos que representan a intereses diferentes a los del pueblo. Y el pueblo nace y florece desde los pequeños pueblos, los parajes, las ciudades de provincia y las provincias mismas hasta constituir la Nación que hay que reconstruir en la historia y en el presente.

La táctica funesta de negar unidad y conducción, de negar el peso de muchos dirigentes de nuevas generaciones, algunos de las provincias, solo alcanza para someter al pueblo a los mismos rostros y en ocasiones, a padeceres y a las mismas ganancias depredadoras, que se sostienen a través de los tiempos. Y con ello, el despojo del salario, del trabajo, de las jubilaciones, del derecho a la vivienda a la educación, a la ciencia, a la cultura, se afianzan en favor de la usura financiera que actúa como una mentirosa eternidad.

La resurrección

El triunfo de Lula en Brasil y la llegada del Papa León XIV a Suramérica y al país, representa en ese cuadro, una suerte de resurrección ante el panorama cruel al que es sometido el pueblo argentino. En medio del triste espectáculo del hermano de Karina en el país y el exterior, resuenan las palabras del Papa en el inicio de su travesía por el sur de América: “Que este viaje fortalezca la fe, renueve la esperanza y reavive el fuego de la caridad”. Poco antes, en su última prédica en la Plaza de San Pedro, el pontífice dijo que comprometerse en la economía y en la política “es un modo de construir la paz».  Como recordaba el Papa Francisco, «la guerra es un fracaso de la política y de la humanidad, una claudicación vergonzosa, una derrota frente a las fuerzas del mal. Al contrario, la política que cuida de las heridas de los pueblos y de quienes sufren injusticias ofrece motivos de esperanza para el futuro de la humanidad”. Y expresó a los jóvenes “a seguir el ejemplo de aquellos hombres y de aquellas mujeres que en estos ámbitos dieron buen testimonio” y exhortó además, a impulsar “de nuevo la formación sobre la doctrina social de la Iglesia”.

El clima mundial puede en estos giros, generar movimientos en torno a fecha de elecciones nacionales impulsadas acaso por avanzadas parlamentarias en EE.UU contra Donald Trump porque los giros de la política mundial parecen inminentes. La semana que comienza entonces, se podrá acentuar un sentimiento de resurrección para un pueblo herido por la negación de sus derechos y la justicia social. Habrá que echarse a caminar en la convicción de la unidad que se construye paso a paso compartido. No en vano Franz Kafka pensó alguna vez que “la historia de los hombres es un instante entre dos pasos de un caminante”.

 

 

 

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