Por Redacción
Los liberales demócratas lograron imponerse en las elecciones de medio término en Estados Unidos que se celebraron el último martes y recuperaron el control de la Cámara de Representantes y del Senado. El resultado electoral reflejó una dura derrota para Trump y su proyecto político. El deterioro de las condiciones económicas, el aumento del costo de vida y el impacto de la guerra contra Irán marcaron el descontento de amplios sectores del electorado. En el Senado, los ganadores cuentan con 54 bancas y en la Cámara de Representantes ostentan 228, si bien todavía faltan de contar votos, con estos resultados obtienen el manejo político de Congreso.
La magnitud del retroceso republicano quedó expuesta en estados como Texas y Kansas, donde los demócratas consiguieron resultados que no alcanzaban desde hacía décadas. En Kansas, Adam Hamilton obtuvo una banca en el Senado que su partido no conquistaba desde 1932. En Texas, James Talarico logró una victoria histórica para los demócratas, que no conseguían imponerse en una elección senatorial desde 1988.
El avance opositor se extendió a Carolina del Norte, donde Roy Cooper recuperó para los demócratas una banca en el Senado, y a Carolina del Sur, donde Annie Andrews consiguió un triunfo que puso fin a más de dos décadas sin representación de ese partido en la contienda. En Georgia, Jon Ossoff retuvo su escaño con una amplia ventaja. Los demócratas consiguieron victorias en Iowa, Maine y Ohio, en una jornada que modificó el mapa político estadounidense. La disputa por las gobernaciones dejó otros resultados históricos: Gina Hinojosa derrotó al republicano Greg Abbott en Texas y se convirtió en la primera mujer latina en ocupar ese cargo. En Georgia, Keisha Lance Bottoms ganó la gobernación y será la primera mujer afroamericana en conducir ese estado.
El resultado legislativo tendrá consecuencias directas sobre los dos últimos años de mandato de Trump. Con el control de ambas cámaras, los demócratas podrán bloquear proyectos del Ejecutivo, impulsar investigaciones parlamentarias y limitar la capacidad del Presidente para avanzar con su agenda. El propio Trump anticipó que recurrirá a decretos para sortear las dificultades que le impondrá el nuevo escenario legislativo.
El deterioro de las condiciones económicas fue uno de los factores centrales del resultado. La inflación pasó del 3% cuando Trump asumió la presidencia al 3,7%, mientras el encarecimiento de los combustibles profundizó las dificultades de los hogares. La guerra contra Irán agravó ese escenario y golpeó el bolsillo de los trabajadores y las familias estadounidenses. El galón de diésel, que costaba 3,75 dólares antes del inicio del conflicto en febrero, alcanzó los 6,52 dólares en septiembre.
El desgaste de la administración republicana quedó reflejado en los indicadores de opinión pública: la aprobación de Trump cayó por debajo del 38% y el 75% de los estadounidenses manifestó una opinión negativa sobre la situación económica. El malestar social se trasladó a las urnas y golpeó al partido gobernante en territorios donde había conseguido victorias contundentes en 2024.
Lo que impera en este escenario es incertidumbre, con distintos frentes geopolíticos abiertos, Trump está obligado a replantear su política interna y externa. Su liderazgo quedó debilitado por el deterioro económico y el rechazo a las consecuencias de su política exterior. La recuperación del Congreso por parte de los demócratas abre una nueva etapa de confrontación institucional y coloca a la Casa Blanca ante una oposición con capacidad parlamentaria para disputar las decisiones del Gobierno.