Por Redacción
Tras promover persistentemente la desmalvinización, Javier Milei, en Cadena Nacional, se convirtió de repente en acérrimo defensor de la argentinidad y de la soberanía nacional en el Atlántico Sur. El sustento argumental para justificar el cambio de su posición ideológica resultó demasiado endeble a la luz de los hechos geopolíticos que se desarrollan sin que él pueda dar cuenta de que comprende lo que realmente ocurre a nivel mundial. Los anuncios carecen de valor porque la narrativa libertaria está desacreditada y porque, en los hechos, la administración liberal ratificó sistemáticamente su inclinación a sostener el estatuto del coloniaje.
Pasaron más de dos años para que Milei reconozca que las Malvinas son argentinas. El jueves por la noche, rodeado de un séquito de funcionarios con cara de póker, expresó: «la nación argentina ratifica su legítima e imprescriptible soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del sur y los espacios marítimos e insulares correspondientes. Por ser parte integrante del territorio nacional, la recuperación de dichos territorios y el ejercicio pleno de la soberanía, respetando el modo de vida de sus habitantes y conforme a los principios del derecho internacional constituyen un objetivo permanente e irrenunciable del pueblo argentino».
Para justificar la Cadena Nacional, argumentó: «Recientemente el Presidente Trump declaró que los Estados Unidos están revaluando su posición histórica con relación a Malvinas. Esta amenaza no es inocua. Los Estados Unidos evalúan ese cambio de posición porque saben que en la Argentina tiene un socio confiable, alineado con los valores occidentales, en una posición de relevancia estratégica, que puede ser un aliado valioso en las décadas por venir. Sin ello, nada de esto sería posible».
No obstante, el gobierno de Estados Unidos no se declaró imparcial. Su política de alineamiento con Gran Bretaña en Malvinas no se modificó un ápice, al menos de manera oficial. Por ende, parte de lo expresado durante la noche del jueves por Milei está más relacionado con sus intenciones electorales que con los intereses soberanos nacionales en el Atlántico Sur. En este marco, Milei se apropió de una agenda que no le perteneció en ningún momento a su gestión. En este sentido, los anuncios responden más a las necesidades de La Libertad Avanza y de Donald Trump que a las de Argentina.
Durante su intervención discursiva, Milei señaló que «desde hace 50 años las Naciones Unidas solicitan a la Argentina y el Reino Unido no realizar acciones unilaterales sobre el territorio hasta que se resuelva la controversia, incluyendo la explotación de sus recursos naturales. Sin embargo, el Reino Unido ha incumplido sistemáticamente este llamado».
Acto seguido, agregó que «en particular, hemos logrado determinar que el proyecto Sea Lion, operado por Navitas Petroleum y Rockhopper Exploration tiene fecha para iniciar la explotación petrolera offshore en algún momento de los próximos meses. ¿Qué significa esto? Que si hoy no actuamos con firmeza y celeridad, en pocos meses tendrán la capacidad material de apropiarse de las reservas de petróleo que yacen bajo nuestro mar, algo que no había ocurrido nunca antes hasta ahora. Si lo permitimos estaremos generando un incentivo para que el gobierno británico profundice la ocupación de las islas y la explotación de nuestros recursos».
Este tramo del discurso permite visibilizar la injerencia de Donald Trump. El republicano tiene varios frentes abiertos y en todos ellos aún no encontró la veta para avanzar en soluciones duraderas. Por otro lado, tiene cerca un proceso electoral que definirá su futuro a corto plazo, donde una derrota puede debilitarlo de tal manera que ponga en riesgo la continuidad de su gobierno. En paralelo, Gran Bretaña, Israel y Alemania presionan al resto de Europa para que escale la ofensiva contra Rusia, algo que, a las claras, no le conviene a Estados Unidos. La causa Malvinas le da la oportunidad de ejercer una presión efectiva a estos países para usufructuar su posición de privilegio en este contexto, pero no significa para nada un cambio en su posición geopolítica.
Milei aseguró que emitirá «un decreto para dotar de mayor celeridad a los procedimientos sancionatorios que impone la Ley 26.659 contra quienes participan de iniciativas de extracción de petróleo en territorio argentino bajo ocupación británica», y añadió: «Fortaleceremos los mecanismos de detección temprana e intercambio de información, para facilitar la adopción de sanciones contra las empresas que lleven adelante estas actividades, así como contra sus accionistas, directores y proveedores».
Al mismo tiempo, el otrora admirador de Margaret Thatcher precisó: «Procederemos a inhabilitar de operar en territorio argentino a las empresas involucradas, directa o indirectamente, en proyectos en las Islas Malvinas sin autorización argentina. Quienes operan en nuestras Islas a espaldas del gobierno argentino, tendrán que elegir entre una puesta ilegal, en un territorio disputado y una operación rentable y segura en un país soberano con reglas claras y previsibilidad. No se pueden hacer las dos cosas».
Asimismo, sostuvo que a través de otro decreto se ampliarán «los recursos del Ministerio de Defensa con el fin prioritario de construir una base naval integrada en Tierra del Fuego e incrementar nuestras capacidades en telecomunicaciones. Esta base nos convertirá en el polo logístico más importante del Atlántico Sur y será fundamental para la proyección geopolítica de la Argentina. A su vez, estaré enviando al Congreso con carácter urgente un proyecto de ley de defensa de la soberanía nacional. Esta ley tendrá tres objetivos: primero, modificará la ley 26659 para endurecer las sanciones y penas contra las compañías vinculadas a operaciones no autorizadas. Los proveedores de estos proyectos recibirán las mismas penas y prohibiciones que las empresas con las que colaboran».
Afirmó que la normativa «creará el Consejo de Seguridad Nacional, que definirá una política de seguridad nacional de aplicación obligatoria y transversal a todo el Estado, articulando Cancillería, Defensa, Inteligencia y Economía. También establecerá un marco para la protección de nuestra infraestructura crítica y para la protección aeroespacial y marítima de la Nación. Por último, le pediremos al Congreso que le otorgue al Consejo, las facultades necesarias para que el Estado pueda responder con herramientas económicas y diplomáticas frente a actores estatales o no estatales que amenacen nuestra seguridad nacional».
Por último, el libertario convocó «a toda la dirigencia política, económica y social de la Argentina, a sumarse con una misma voz a este reclamo. Porque este reclamo es justo. Porque las islas son nuestras y nos las arrebataron y porque son indispensables para la proyección de la Argentina en las próximas décadas. Como Nación tenemos por delante dos caminos. O nos convertimos en una gran Nación capaz de defender de verdad nuestra soberanía, o persistimos en un sendero de deterioro que nos conducirá inevitable».
De este modo, Milei, apremiado por las condiciones sociales nacionales y por el desprestigio de su credibilidad, decidió enfrascarse en una puja geopolítica que no puede dominar porque no comprende. Su alineamiento con Estados Unidos superó la instancia de «relaciones carnales» propuesta por el menemismo en la década de los ’90. Lo que ratificó el libertario es su dependencia del estatuto del coloniaje, al mismo tiempo que selló el pacto de subordinación con Estados Unidos, que todavía es un aliado estratégico de Gran Bretaña en el Atlántico Sur.