El General Juan Domingo Perón decía: «La Política no se estudia, ni se aprende; la política se comprende». (Del libro «Conducción Política, 1951). Imposible que lo hayan leído los hermanos Milei, los Caputo, el Grupo «privatista» del millonario inversor estadounidense Foster Gillett, aliado del Presidente de la Nación. Con «lobby» de la diputada oficialista Juliana Santillán.
La Argentina, en particular el área metropolitana de Capital Federal y gran Buenos Aires, exhibe una rica historia en proliferación de clubes de barrio. Ubica a la dirigencia política de izquierda como expresión cultural. Desde los obreros comunistas de los años ’20 en la zona Sur del Gran Buenos Aires. Estadísticas dan 3.200 clubes de barrio.
Los albores del siglo XX y a partir de distintas experiencias en la clase obrera. La recopilación remite al Partido Comunista. En el siglo se verifican tres etapas en creación de clubes barriales —también teatros— con natural inclinación política en la clase obrera. A partir del peronismo, fines de los 40, se multiplicó la ola de decenas de clubes barriales.
En los años ’20, el país no llegaba a 8 millones de habitantes, avanzó la primera generación de «cuadros» ligados al Partido Comunista. Los barrios proletarios, como se decía por entonces. La Argentina era un país que crecía. Europa padecía la Primera Guerra Mundial, con masiva emigración a América del Sur. El gobierno de raigambre popular de la Unión Cívica Radical y un «caudillo», Hipólito Yrigoyen, captaron mayoritariamente a los inmigrantes. Yrigoyen ganó dos veces por el voto popular: 1916/1922 y 1928/1930.
Luego de la revolución del ’30, dirigentes de la UCR se volcaron a los clubes. El gobierno militar de José Félix Uriburu proscribió la actividad política partidaria de radicales y conservadores. Y los partidos de izquierda, comunistas, socialistas y anarquistas. En los años ’30 crecieron los clubes de fútbol. Mucha actividad política. La dirigencia política se volcó a los clubes. Crecieron todos.
La otra etapa reconocida por historiadores es la del primer peronismo, a partir del ’46. Ciclo dorado del fútbol argentino y con varios dirigentes de clubes que quedaron en la historia grande. Desde Antonio Liberti, River, que puso en marcha la construcción del Estadio «Monumental» en Núñez, a José Amalfitani, Vélez Sarsfield.
El legendario don «Pepe» (José) Amalfitani, uno de los más destacados a través de tres décadas (1940/69), presidente de Vélez Sarsfield en el ’43 hasta su deceso. El líder velezano reivindicó su condición «fomentista, vecino y amante del deporte social», en Villa Luro y Liniers. Club de barrio que culminó teniendo universidad propia.
Si uno pasa por Valentín Alsina, Avellaneda, es común encontrarse con historias de clubes deportivos que hace 90 años fueron fomentados por militantes comunistas de base, como el Club Claridad. Desde los ’40 por peronistas, con apoyo del Estado. El Club Tamet, Talleres Metalúrgicos, luego privatizado en 1980. La Capital Federal tiene algo más de 300 clubes de barrio que, en algunos casos, pasan casi inadvertidos. Sin embargo, la mayoría cumple una amplia actividad social donde niños y jóvenes practican variados deportes y la gente mayor —en muchos casos— se inclina por la música. Especialmente, el tango.
El historiador Félix Luna produjo un trabajo de compilación en «Todo es Historia», difundido en 2004, donde alude directamente a «los clubes deportivos comunistas». Repasa los clubes obreros promovidos por el PC a partir de 1923, como parte de la expansión rusa desde la revolución del ’17. Según Luna, se trató —claramente— de una política. Especialmente, en gran Buenos Aires y las provincias de Santa Fe, Córdoba y Tucumán.
El ex titular del Deporte bonaerense, Alejandro Rodríguez, tiempos de Daniel Scioli, destacó la existencia de 3.100 clubes en todo el ámbito provincial. «Unos 1.478 reciben subsidios», aclara. Corría el año 2010.
El Partido Comunista argentino se fundó como Socialista Internacional en 1918. Antiguas consignas deportivas en barrios donde funcionaban fábricas y convivían obreros respondían «al deporte proletario». Una de ellas, reproducida por la publicación, expresaba: «Deportistas proletarios, ¡Uníos!».
Los nombres de clubes no estaban para nada ajenos a la revolución rusa. Entre ellos, La Internacional, «Alba Roja», «Estrella Roja», «Juventud Obrera» (Piñeyro), «Unión y Trabajo», «El Martillo y la Hoz», «Unión Obrera» y «El Porvenir», en Gerli. Esto, en Constitución, Gerli, Avellaneda, Barracas, Ramos Mejía y Parque Chacabuco.
El fútbol tuvo notoria influencia inglesa. Antes, ya en 1893 existía la Argentina Football League. Antes de AFA, emergieron Asociación Amateur y Federación Argentina de Football. Los años ’30, las clases llamadas «dominantes» se incorporaron decisivamente. Los dirigentes «del fútbol»: terratenientes, empresarios, políticos y hasta periodistas. Los más recordados, según Félix Luna, fueron Florencio Martínez de Hoz, Ricardo Aldao, Aldo Cantoni, Virgilio Tedín Uriburu, Adrián Beccar Varela y el mítico Natalio Botana, fundador de «Crítica».
Por el otro lado, las consignas eran «contra el deporte burgués», decían. Ya en los clubes se daba una inevitable lucha de clases sociales. En zona norte, conurbano bonaerense, nacían y crecían notorios clubes de rugby. Desde CASI (Club Atlético San Isidro), SIC (San Isidro Club), CUBA (Club Universitario de Buenos Aires). Otra condición social. En la Capital, clubes inolvidables: «Ciencia y Sudor», cerca de Agronomía; «Estrella del Maldonado», Juan B. Justo, en proximidad de Estación Pacífico, la avenida Juan B. Justo (Palermo).
Allí donde hicieron sus primeras armas el zurdo Andrés D’Alessandro, «estrella» en Internacional de Porto Alegre, y Javier Saviola, «Parque Chas», otro ex riverplatense.
Los campeonatos infantiles «Evita», a partir del ’49, trajeron otro matiz: exámenes médicos en la población infantil. En el ’54, con la participación de las niñas y adolescentes, la cifra trepó a algo más de 150 mil protagonistas. Nunca antes semejante antecedente, a nivel mundial. Los programas del neurólogo santiagueño Ramón Carrillo, primer ministro de Salud, 1946, determinaron 300 mil placas radiográficas a chicos de 10 a 12 años entre el ’49 y 51. Con 14 millones de habitantes.
La difusión no estuvo ajena. Una revista, «Compañerito», competía con la tradicional publicación infantil «Billiken», de Editorial Atlántida, fundada por Constancio Vigil en 1919. En julio del ’32, en tapa, la portada comunista aludía a los «niños explotados». Y el título decía: «Por pan, ropa y escuelas».
Los «grandes» del fútbol argentino tuvieron envión a partir de la era profesional, en 1931. Boca, River, San Lorenzo, los de Avellaneda, Racing e Independiente, la mayor atracción. Clubes, equipos y notables jugadores. En 1931 se vendieron casi dos millones de entradas populares. En todo el torneo.
Veinte años más tarde, y el advenimiento del peronismo, el fútbol atraía —entradas populares— a más de tres millones y medio de espectadores por torneo de AFA. La Argentina, asimismo, creció con grandes corrientes de españoles e italianos. Los primeros, por influencia de los «vascos» Isidro Lángara y Ángel Zubieta, que hacia el final de la guerra civil en su país —estaban de gira por América y se radicaron en la Argentina— fueron adquiridos por San Lorenzo.
Esa expresión cultural y el fútbol de lujo «azulgrana» en el ’46 produjo récord de socios: San Lorenzo alcanzó cifra de 34 mil socios. Atrás quedaron River (27.000), Independiente (26.000), Boca (23.400), Huracán (23.083) y Racing (19.955), según la estadística difundida por el historiador Pablo A. Ramírez en su recopilación «Fútbol. Historia del Profesionalismo».
La Argentina, los clubes, el fútbol, llamaban la atención mundial. El fenómeno del peronismo impactó en Europa. Hoy no parece que, desde Javier Milei, sus aliados, se modifique, desde el ingreso de capitales, una cultura que tiene casi 100 años. La medida del fútbol argentino hace seis décadas la brindó el árbitro inglés Leonel Gibbs, pionero en el arbitraje que contrató la AFA hacia fines de los ’40.
El referí regresó, extrañaba a su familia allá. Dijo: «Habiendo recorrido países y observado a ‘estrellas’ del fútbol, puedo decir que los mejores futbolistas están en la Argentina», dijo Gibbs. Llegaron ocho árbitros ingleses. Estuvieron hasta 1954. Algunos formaron pareja con argentinas.
Otro testimonio valioso, recogido por el autor de estas líneas. Luego de la consagración del seleccionado argentino en el Mundial México ’86, charla con Carlos Bilardo y Raúl Madero (**), el recuerdo. «Fuimos juntos a los Juegos Olímpicos de Múnich, Alemania, 1972. El recuerdo también por la Masacre de los atletas israelíes a cargo de la guerrilla palestina». El repaso.
«Madero hablaba perfecto inglés, además de ser profesor de piano y el ‘crack’ de Estudiantes de La Plata. El recuerdo de los Torneos Infantiles ‘Evita’, en los que participamos en los albores del 50, maravilló a periodistas y profesores de Educación Física, italianos, ingleses, alemanes, franceses», evocó Bilardo.
«No podían creer en Europa que aquí, en los ’50, la Argentina, con 15 millones de habitantes, alcanzaba que más de 150 mil pibes y pibas participaran de jornadas deportivas, tuvieran control médico gratuito y ejercitaran la consigna de los griegos», repitió el popular «Narigón» al cronista.
*Columnista de La Señal Medios, «Mundo Amaterur», Víctor Lupo, Agencia Nacional y Popular y AGN-Prensa.
**Raúl Madero notable futbolista (1959/70) hizo inferiores en Boca. Pasó por Huracán y se destacó en Estudiantes. Un defensor lujoso en el plantel que ganó tres Copa Libertadores (1968/70) Antes el Metro 67 bajo la conducción de Osvaldo Zubeldía. Médico graduado con Bilardo en 1966. Integró la selección nacional en 1964. Falleció a los 81 años. Tiempo de Pandemia. Siendo Director Médico, Clínica de Belgrano, Capita Nacido en San Fernando. Un «6» inolvidable por técnica y pegada de zurda.
*Por José Luis Ponsico