Jorge Raúl Solari: el otro Indio

*Por José Luis Ponsico 

 

Aquel «8» de Ñuls que debutó en el ’60, «tapado» por el «Cabezón» René Esteban Sosa.

El titular, Sosa, comparado con los comienzos del tucumano Juan Armando Benavídez, «9», «crack» ambos de Newell’s. A Sosa se lo llevó San Lorenzo. El juvenil Jorge Raúl Solari resultó titular en un ataque que quedó en la historia de Ñuls: Eduardo, Solari, Diogo, Zucca y Conceicao. Los extremos brasileños. Rápidos, habilidosos. Ivo Diogo, goleador. Eduardo Pimentel y Conceicao se adelantaron a Marcos Pereira Martins, llegado en el ’71, y al zurdo Herelda Bezerra, Ñuls. Atlético Madrid. Pedido por Juan Carlos Lorenzo para Boca 1976. Amante de los autos.

En el «azulgrana», 1961, Sosa no anduvo. Solari, en cambio, decisivo en Ñuls ’61. Un ataque que quedó en la historia: Eduardo, Solari, Diogo, Zucca y Conceicao. Los extremos, dos brasileños jóvenes y llenos de habilidad. Entre 1962/63 Solari en Vélez, Diogo a San Lorenzo y Conceicao a River. Hasta ahí, un mediocampista «combativo», mucho ida y vuelta. Valiente, «metedor». El «Indio» Solari, verdadero, «nació» siendo mediocampista, que transformó Renato Cesarini, llegado a River desde Italia. Jorge Raúl estaba desde 1964, suplente. A veces de Enrique Fernández, el «Nene», «8» de Rosario Central, comprado en precio récord y, en otras, de Luis Cubilla. Alguna vez jugó con la «10» de la «estrella» de ese tiempo, Ermindo Onega. El «crack» de la selección nacional que ganó la Copa de las Naciones, Brasil, Pacaembú.

En el ’65 firmó el histórico Renato Cesarini y entre el ’65/66 el «8» «tractor». Nació el «Indio» Solari, 8/7 en el medio para «tapar» rivales y puntero derecho cuando salía su propio equipo. Jugador «polifuncional». Iba por derecha como extremo, rápido, de buen centro. Aquel golazo de Luis Artime a España en el Mundial de Inglaterra, julio del ’66. El 2 a 1 en el grupo «de la muerte»: Argentina, Alemania, España, con Suiza «condenada».

El músico del rock nacional, Carlos Alberto Solari, nacido en Paraná el 17 de agosto del ’49, vivió en La Plata en su adolescencia. Primero iba a ver a Gimnasia y Esgrima. Ocho años menos que el «Indio» Solari original, cuyo apodo ya tenía casi 20 años cuando el creador de «Redonditos de Ricota» (1986) nacía a la fama remitido a «Patricio Rey».

Los apodos no todos tienen «dueños».  Pudo ser la revista «El Gráfico», una de sus «estrellas», el periodista Julio César Pasquato «Juvenal», quien le puso «El Indio» a Jorge Raúl Solari. Entre otros motivos, por un rostro especial. Casi recortado como la ladera del Cañón del Colorado, con imagen del perfil de un «indio» jefe. «Todos los caminos conducían al ‘8’ del seleccionado nacional conducido por Juan Carlos ‘Toto’ Lorenzo». El periodismo especializado en el rock no es el mismo que el periodismo deportivo. Pero los bautismos en el fútbol se suelen trasladar. Como aquella impronta del inolvidable Osvaldo Ardizzone («El Gráfico», 1964) en el título, elogiando a Luis Pentrelli la figura de Racing contra San Lorenzo en el «Viejo Gasómetro» (triunfo después de mucho tiempo, 3 a 1, uno de los goles César Menotti), tituló: «Luis Pentrelli, alias ‘Toco y me voy'».

La explicación del «8» armador, había vuelto de Italia tras doce años, entrado en años, cabello raleado, algo excedido de peso, para la evocación: «Olvídese de aquel wing derecho rápido, pegado a la raya, llegando al fondo para hacer goleador en Gimnasia a (Francisco) Loiácono, entre otros. Ahora, Osvaldo, voy por el medio, al trote, levantando la cabeza. Toco y me voy». Memorable. De pronto, en los ’90, Solari, el «rockero», pasó a ser «El Indio», en tanto había pasado un cuarto de siglo de la fama del verdadero Jorge Raúl Solari. Antes, en gesto de reconocimiento, Jorge Solari, luego director técnico, campeón con Independiente ’89 (Bochini, Marangoni, Rubén Darío Insúa, entre otros) y sus amigos de River, los ’60, Luis Artime, Ermindo y Daniel Onega, fundó el «Club Renato Cesarini», fallecido poco antes de cumplir 65 años.

Todo indica que siempre el genial músico de «Los Redonditos» supo de su antecesor. No estuvieron cerca ni en los lugares ni en el tiempo. El «Club Renato Cesarini», ámbito del «Indio» Solari, ahora menos famoso, también de su hermano Eduardo, campeón con Rosario Central de Timoteo Griguol, Nacional ’73. Un predio cerca de Rosario. Rodeado de vegetación. Tiene 250 pibes, edades preadolescentes, que con profesores de Educación Física cumplen el llamado «Campus»: la formación como futbolistas que sueñan llegar al «fútbol grande». Los Solari, la dinastía de notables. El hijo de Eduardo, Santiago Solari, el «Indiecito», campeón con River 1996/97. Más tarde Augusto, también River con Marcelo Gallardo, 2015/16.

Entre los más encumbrados en el tiempo, Javier Mascherano y Andrés Guglielminpietro salieron del «horno» del club «Renato Cesarini», notable en tiempos de Bernabé Ferreyra, campeón con River, luego con la Juventus de Italia, el descubridor de Enrique Omar Sívori, su hijo adoptivo, y más tarde de regreso al «millonario» para transformar el juego riverplatense y darle recursos al «Indio» Solari. El verdadero.

El gen de los Solari entre la fama y los fenómenos populares. Antes y ahora.

 

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