Por Redacción
Más de 12.000 ojivas nucleares permanecían en los arsenales del mundo a comienzos de 2026 y entre 2.100 y 2.200 continuaban en estado de alta alerta operacional. En una reunión de alto nivel de la Asamblea General de la ONU sobre la eliminación total de las armas nucleares, el Secretario General de Naciones Unidas, António Guterres, advirtió sobre el deterioro de los mecanismos internacionales de control, la modernización de los arsenales y el riesgo de una nueva carrera armamentista. Afirmó que el mundo atravesaba “el momento nuclear más peligroso desde el fin de la Guerra Fría”, ante la ausencia de límites vinculantes sobre los arsenales nucleares estratégicos de Estados Unidos y Rusia y el avance de nuevas tecnologías que incrementaron la incertidumbre sobre los sistemas de mando y control.
Durante la reunión de alto nivel de la Asamblea General dedicada a la eliminación total de las armas nucleares, Guterres recordó que habían transcurrido 81 años desde los ataques nucleares contra Hiroshima y Nagasaki y sostuvo: “Las armas nucleares siguen proyectando una sombra sobre la humanidad, una sombra cada vez más ominosa”.
Por su parte, el Presidente de la Asamblea General, Khalilur Rahman, precisó que a comienzos de 2026 existían más de 12.000 ojivas nucleares en el mundo, frente a unas 70.000 en el punto máximo registrado en 1986. Entre 2.100 y 2.200 permanecían desplegadas en misiles balísticos en estado de alta alerta operacional, con capacidad de lanzamiento en un plazo muy reducido. Señaló que, por primera vez desde el final de la Guerra Fría, el arsenal nuclear mundial podía volver a crecer, debido a que la incorporación de nuevas ojivas y sistemas más modernos superaba el ritmo de desmantelamiento de las armas retiradas.
El presidente de la Asamblea General advirtió que la inteligencia artificial, las capacidades cibernéticas y los nuevos sistemas de lanzamiento introducían mayores niveles de incertidumbre en los mecanismos de mando, control y toma de decisiones vinculados con las armas nucleares. Uno de los principales puntos de preocupación quedó marcado por la expiración, el 5 de febrero, del tratado Nuevo START entre Estados Unidos y la Federación de Rusia. Rahman aseguró que “por primera vez desde 1972, no existen límites vinculantes sobre los arsenales nucleares estratégicos”.
Guterres sostuvo que la situación alcanzaba al conjunto de la comunidad internacional y recordó que la última Conferencia de Examen del Tratado sobre la No Proliferación de las Armas Nucleares concluyó sin consenso sobre un resultado sustantivo. La Comisión de Desarme de la ONU, en tanto, completó un nuevo ciclo de tres años sin recomendaciones sustantivas. El titular de la ONU señaló que «estas no son simplemente decepciones diplomáticas. Son señales de advertencia».
Ante este escenario, Guterres reclamó que Estados Unidos y Rusia negociaran un marco que reemplazara al Nuevo START y planteó que los Estados poseedores de armas nucleares redujeran el papel de estos arsenales dentro de sus políticas de seguridad. El planteo incluyó medidas de transparencia y generación de confianza para preservar las reducciones alcanzadas durante las últimas décadas. Declaró: «El desarme no es un favor. Es una obligación jurídica vinculante establecida en el Tratado sobre la No Proliferación de las Armas Nucleares».
Por su parte, Rahman planteó cuatro prioridades para recuperar el proceso de desarme: restablecer el diálogo y las salvaguardias, fortalecer la arquitectura multilateral, avanzar desde la administración de los arsenales hacia su reducción y eliminación, y ampliar la participación de la sociedad. Remarcó que «debemos cambiar de rumbo, con urgencia y decisión».
Guterres sintetizó su propuesta en tres conceptos: “Reemplazar las amenazas por el diálogo. Reemplazar la carrera armamentista por el control de armamentos. Reemplazar la parálisis por acciones concretas”. La preocupación expresada durante la reunión se inscribió en una agenda que las Naciones Unidas sostienen desde sus primeros años. En 1946, la primera resolución adoptada por la Asamblea General estuvo vinculada con el control de la energía atómica y la eliminación de las armas nucleares. Desde 2014, cada 26 de septiembre se conmemora el Día Internacional para la Eliminación Total de las Armas Nucleares, una fecha destinada a mantener el desarme nuclear dentro de la agenda internacional y poner en discusión las consecuencias humanitarias del armamento atómico.