«Las penas son de nosotros, las vaquitas son ajenas»: en marzo la carne subió un 10,6% promedio

Por Redacción

La carne vacuna registró en marzo su mayor salto mensual del año con una suba promedio del 10,6% respecto a febrero, según el último informe del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina. El incremento interanual llegó al 68,6% y consolida una tendencia que golpea con más fuerza a los sectores de menores ingresos, justamente los que más dependen de los cortes populares para el consumo diario.

El relevamiento se construyó sobre más de 30.000 precios relevados en el AMBA, Córdoba y Rosario. El primer trimestre del año mostró una aceleración sostenida: enero cerró con una suba del 4,8%, febrero con 4,9% y marzo duplicó ese ritmo.

Los cortes más consumidos por los sectores populares encabezaron las subas del mes. La carne picada lideró con un alza del 20,4%, seguida por la carnaza común con 17,7% y la falda con 13,4%. Las hamburguesas caseras subieron 13,3%, la tapa de nalga 12,3% y la tortuguita 12,2%. Entre los cortes parrilleros, el asado de tira trepó 10,5% y la tapa de asado 10,9%. Entre los guiseros —de mayor demanda en esta época del año— el osobuco subió 11,7%, la paleta 11,2% y el roast beef 11,1%.

El tipo de comercio marcó diferencias en el traslado de los aumentos al consumidor. Las carnicerías registraron una suba mensual del 12,2% y acumularon un incremento interanual del 73,5%. Los supermercados, en cambio, aumentaron 7,1% en marzo y 57,9% en el último año. La brecha tiene su correlato en el poder de compra: con el valor promedio de un kilo de carne en supermercados, el comprador accede apenas a 0,92 kilos en una carnicería. Por corte, el lomo y la colita de cuadril resultan más caros en grandes superficies, mientras que el asado, la falda y la carne picada son más económicos allí que en las carnicerías.

El encarecimiento de la hacienda explica parte de la presión sobre el mostrador. En marzo, el novillo subió 12,8%, la vaquillona y la ternera 12,7%, y el novillito 9,4%. La carne vacuna no fue el único corte proteico que se encareció. El pollo fresco subió 10,9% en el mes y acumula 49,1% interanual. El pechito de cerdo trepó 6,3% en marzo y 28,1% en los últimos doce meses. Por su peso en el consumo cotidiano, sin embargo, la carne vacuna sigue siendo el principal motor de la inflación alimentaria.

Los números tienen un trasfondo que los supera: en un país con una identidad cultural construida alrededor del asado, la caída del poder adquisitivo empuja a los hogares a reemplazar la carne vacuna por alternativas más baratas. No se trata de una elección sino de una restricción. Las exportaciones se mantienen en niveles elevados mientras el consumo interno muestra signos claros de deterioro: la misma carne que gana mercados en el exterior se vuelve inaccesible puertas adentro.

En ese marco, las declaraciones del presidente de la Sociedad Rural Argentina, Nicolás Pino, quien atribuyó esta transformación a un supuesto «cambio cultural», chocan de frente con la evidencia que arrojan los precios y los ingresos. Lo que el informe retrata no es una mutación de hábitos sino una adaptación forzada por la pérdida de poder de compra.

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