La salud mental de los trabajadores: la precariedad laboral y las jornadas extensas agravaron los riesgos psicosociales

Por Redacción

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) estimaron que cinco factores de riesgo psicosocial relacionados con el trabajo se asocian con más de 840.000 muertes anuales en el mundo por enfermedades cardiovasculares y trastornos mentales. La extensión de las jornadas laborales, la inseguridad en el empleo, la intimidación y el desequilibrio entre el esfuerzo y la recompensa forman parte de una problemática que afecta la salud de los trabajadores y exige medidas preventivas sobre las condiciones en las que desarrollan sus tareas.

En una nueva nota técnica sobre América Latina, titulada La promoción de entornos psicosociales saludables en el trabajo: avances y desafíos en América Latina, la OIT estimó que la prevención no puede quedar limitada a respuestas individuales frente al malestar, sino que debe intervenir sobre la organización del trabajo, las exigencias laborales, los mecanismos de supervisión y las condiciones que generan los riesgos. No obstante, la onvestigación examinó los avances normativos y las dificultades que persisten en diez países de la región, entre ellos Argentina.

Las estimaciones conjuntas de ambos organismos dimensionaron el impacto de estos factores sobre la salud pública. Del total de muertes asociadas a los cinco riesgos identificados, el 9,5 por ciento corresponde a las Américas. Las consecuencias no se limitan a la pérdida de vidas: el costo económico de estos daños se calculó en el equivalente al 1,37 por ciento del producto bruto interno mundial anual.

La extensión de las jornadas laborales constituye uno de los indicadores centrales de esta situación. Según datos de la OIT, el 35 % de los trabajadores del mundo cumple jornadas superiores a las 48 horas semanales. A esta realidad se suma la violencia en los lugares de trabajo: casi el 23 % de las personas trabajadoras sufrió al menos una forma de violencia o acoso a lo largo de su vida laboral, proporción que supera el 34 % en América.

La carga de trabajo, el ritmo de las tareas, las exigencias emocionales, la falta de autonomía y la inseguridad laboral no son circunstancias aisladas de la vida de quienes trabajan. Constituyen factores que surgen del diseño de los puestos, la distribución de responsabilidades, la organización del tiempo y las modalidades de contratación, entre otros aspectos. La exposición repetida o prolongada a estas condiciones aumenta la posibilidad de daños para la salud y afecta el bienestar de los trabajadores.

La especialista en Seguridad y Salud en el Trabajo e Inspección Laboral de la Oficina de la OIT para el Cono Sur, Carmen Bueno, sostuvo que «cuidar la salud mental en el trabajo implica actuar sobre las causas de los riesgos psicosociales. No basta con ofrecer respuestas individuales: es necesario revisar cómo se diseña, organiza y gestiona el trabajo, con la participación de empleadores y trabajadores».

Argentina y América Latina: los indicadores de los riesgos laborales

Los datos relevados en los países de la región muestran la incidencia de las condiciones de trabajo sobre la salud mental, aunque las diferencias entre fuentes, períodos y metodologías impiden establecer comparaciones directas entre todos los casos: En Argentina, el 55 % de los trabajadores manifestó no tener autonomía en su trabajo, mientras que el 45 % declaró estar expuesto a un ritmo de trabajo elevado y el 43 %, a altas demandas emocionales, de acuerdo con datos del Observatorio de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo correspondientes a 2018.

En Colombia, el riesgo psicosocial ocupó el segundo lugar entre los factores a los que los trabajadores declararon estar expuestos. Entre las situaciones identificadas figuraron las tareas monótonas o repetitivas, la atención directa al público y las actividades que demandan una elevada complejidad mental. Asimismo, en Brasil, los registros administrativos reflejaron que en 2024 se duplicó, respecto de la década anterior, la cantidad de personas que se ausentaron de sus puestos por depresión, ansiedad o estrés.

En Chile, el 76 % de las enfermedades profesionales diagnosticadas en 2025 estuvo relacionado con trastornos de salud mental. Los datos del mismo país indicaron que el 33,9 por ciento de las personas que respondieron el cuestionario de riesgo psicosocial manifestó haber sufrido alguna forma de acoso o violencia laboral durante el último año.

En tanto, Costa Rica registró un incremento del 67 % entre 2020 y 2024 en las enfermedades profesionales reconocidas por trastornos mentales y del comportamiento y estrés postraumático. En México, las enfermedades profesionales por trastornos mentales y del comportamiento aumentaron más del 85 % entre 2022 y 2025. En Uruguay, las certificaciones médicas por trastornos de salud mental pasaron de representar menos del 9 por ciento en 2014 a superar el 20 % en 2025.

Los indicadores exponen una problemática que atraviesa distintas realidades laborales de América Latina. La identificación de los riesgos, sin embargo, constituye apenas una parte de la respuesta: la prevención requiere medidas concretas sobre las condiciones que los originan y mecanismos que permitan evaluar su cumplimiento.

La desigualdad de género frente a los riesgos psicosociales

La OIT incorporó una perspectiva de género al análisis y expuso diferencias en la exposición a determinados riesgos y en las consecuencias sobre la salud. En Argentina, el 49 % de las mujeres manifestó estar expuesta a la doble presencia, frente al 37 % de los hombres. Este factor refiere a las exigencias simultáneas que surgen de las responsabilidades laborales y familiares.  En Chile, las mujeres el 81 % padeció  enfermedades profesionales por problemas de salud mental reconocidas en 2024.

En México, entre 2022 y 2025, las enfermedades profesionales de salud mental que afectaron a mujeres aumentaron un 162 %, mientras que entre los hombres el incremento fue del 47 %. El trabajo de la OIT identificó una exposición relevante a determinados factores psicosociales en sectores con una alta presencia de mujeres, como la salud, la educación, los servicios y los cuidados. Las diferencias registradas refuerzan la necesidad de que las políticas de prevención contemplen las desigualdades que atraviesan el mercado laboral y las condiciones específicas en las que se desempeñan las trabajadoras.

La transformación de los procesos productivos y de las modalidades de empleo plantea nuevos desafíos. La digitalización, el uso de inteligencia artificial, el trabajo en plataformas y el teletrabajo modifican la organización de las tareas y las formas de supervisión. A estos cambios se suman los efectos del cambio climático y la incertidumbre geopolítica, factores que la OIT incluyó entre las cuestiones con implicancias para la salud mental en el trabajo.

La prevención debe intervenir sobre las condiciones de trabajo

Durante la última década, varios países latinoamericanos avanzaron en el reconocimiento de la protección de la salud mental y en la gestión de los riesgos psicosociales. La nota técnica relevó experiencias de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, México, Perú, República Dominicana y Uruguay, con avances en legislación, metodologías de evaluación, herramientas preventivas, inspección laboral y medidas contra la violencia y el acoso.

Las organizaciones de empleadores y de trabajadores desarrollaron iniciativas para abordar estos problemas, aunque la aplicación efectiva de las medidas preventivas continúa como uno de los principales desafíos. Para responder a los riesgos identificados, resulta necesario revisar las exigencias y responsabilidades asignadas, la carga y el ritmo de trabajo, los márgenes de autonomía, la distribución del tiempo y los mecanismos de supervisión y control.

Las estrategias individuales orientadas al bienestar pueden complementar las acciones preventivas, pero no reemplazan las medidas colectivas y organizacionales. La responsabilidad de garantizar condiciones laborales saludables requiere que la prevención actúe sobre el origen de los riesgos y no traslade a cada trabajador la carga de afrontar, de manera individual, las consecuencias de una organización perjudicial para su salud.

La OIT destacó el papel del diálogo social en la elaboración y aplicación de políticas que respondan a los problemas concretos de cada ámbito laboral. La participación de los gobiernos y de las organizaciones de empleadores y trabajadores resulta central para identificar las situaciones de riesgo, establecer medidas de prevención y evaluar sus resultados.

El 10 de octubre se conmemoró el Día Mundial de la Salud Mental, en tal sentido la OIT puso en primer plano la dimensión de la seguridad y la salud laboral que requiere respuestas estructurales. La prevención de los riesgos psicosociales forma parte del derecho a un entorno de trabajo seguro y saludable y exige políticas que alcancen las condiciones reales en las que millones de personas desarrollan su actividad.

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