Jorge “Roña” Castro: una leyenda del boxeo y un corazón al servicio del pueblo

Por Redacción

La mano que le dio el triunfo épico, heroico contra el estadounidense John David Jackson, fue igual de heroica a lo largo de su vida porque se tendió para ayudar a los más humildes. Jorge «Locomotora» Castro nunca olvidó su sentido de pertenencia. Su biografía no dista demasiado de la de otros boxeadores. No obstante, la distinción radicó permanentemente en su carácter humilde, en sentirse y ser un hombre de carne y hueso. A los 59 años, el Roña se convirtió en mito y entró al panteón de los ídolos populares. El excampeón del mundo falleció en la madrugada del miércoles tras descompensarse mientras se entretenía en un bingo de Morón.

No solo lo llora el universo del boxeo, sus amigos y su familia, también lo siente un pueblo. De origen popular, Castro incursionó en el boxeo más por necesidad que por deporte. Después de ascender en el amateurismo, tuvo su momento el 10 de diciembre de 1994, en Monterrey, México, en lo que quizá fue la pelea más dramática del box argentino. El Roña no tenía una técnica depurada ni un estilo refinado, era un peleador, confiaba en la fuerza de sus manos y esa noche, esa confianza se transformó en historia. Por momentos, se parecía a Víctor Galíndez, otro fenómeno que iba al frente sin importar demasiado lo que tenía por delante.
Muchas veces el carácter del boxeador no se forja en el gimnasio, quizá por eso su origen humilde lo emparenta con el Mono Gatica.

Casi siempre, el hombre que calza los guantes es un superviviente y esa fortaleza se traduce en la potencia que alimenta a los puños. Esa noche de diciembre, Castro no era el favorito y arriba del ring eso se hacía notar. Pero no hay que equivocarse: la suya no fue una mano salvadora, fue la mano de la vida. Desde entonces, todo cambió y no tanto. Locomotora no se arrodilló ante las luces de exuberancia y los excesos. Cultivó el bajo perfil y se enraizó en el barrio, en la comunidad, donde la soledad no siempre tiene lugar.

Jorge Castro, el excampeón del mundo, coordinaba y atendía, a través de una red de solidaridad, a 14 comedores y 9 merenderos en el sur del conurbano bonaerense. Según describió en distintas entrevistas, por estos espacios de ayuda pasaban cerca de 6.400 personas. Lomas de Zamora era su lugar, aunque tenía un gimnasio en Temperley donde también le tendió la mano a quien lo necesitaba. El «Roña» no tenía máscaras, era como era, humano. Tampoco jugaba con el doble discurso, no lo necesitaba. Su sensibilidad social lo conectaba con una realidad a la que muchos le escapan, por eso él no delegaba demasiado y se encargaba personalmente de los comedores, de los merenderos, del gimnasio. Nunca le sobró nada. Lo suficiente para vivir.

orge “Roña” Castro, excampeón mundial de peso mediano de la Asociación Mundial de Boxeo, nació el 18 de agosto de 1967 en Caleta Olivia, Santa Cruz. Su camino profesional comenzó a los 20 años, con una pelea ante César González en Buenos Aires. En 1990 obtuvo el campeonato argentino de peso mediano y, en 1999 y 2001, conquistó títulos latinoamericanos del Consejo Mundial de Boxeo (CMB). Su último combate profesional tuvo lugar el 27 de enero de 2007, en Mar del Plata, donde venció por nocaut técnico en el segundo asalto a José Luis Herrera.

En junio de 2005, cuando todavía se encontraba en actividad, Castro sufrió un grave accidente automovilístico en Puerto Madero. El Renault Laguna bordó que conducía chocó contra un árbol y el impacto le provocó múltiples traumatismos y una hemorragia entre el pulmón y la pleura. Fue internado en el Hospital Argerich, donde permaneció 23 días en coma, antes de iniciar una extensa recuperación que le permitió regresar al ring. La experiencia modificó su manera de mirar la vida y lo llevó a poner a su familia en el centro de sus prioridades.

El 12 de agosto de 1994, meses antes de la histórica pelea, Castro obtuvo el título mundial cuando derrotó por decisión dividida al estadounidense Reggie Johnson en Tucumán. Defendió el cinturón en cuatro oportunidades, hasta que el japonés Shinji Takehara lo venció el 19 de diciembre de 1995, en Tokio. A lo largo de su carrera enfrentó a figuras internacionales como Roy Jones Jr., Terry Norris y Roberto Durán, en una trayectoria que lo consolidó entre los nombres destacados del boxeo argentino.

Castro fue algo más que un boxeador, fue un ser humano imprescindible, de esos que abren su corazón a los más humildes, aunque tengan que cargar con su propia cruz. Esa mano, la de la noche de diciembre, la que lo puso en otro plano de la realidad, la que hizo que su rival fuera a la lona mientras cortaba el aire de la noche mexicana, no solo lo salvó a él en esa pelea, sino a miles de compatriotas que son condenados a la supervivencia por la imposición de unos pocos. De ahora en más, Jorge Castro, el Roña, Locomotora para los suyos, será el nombre del boxeo y también el de la comunidad y el de la solidaridad.

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