Gregorio Noya: Una herida abierta en el fútbol

*Por José Luis Ponsico 

Hace medio siglo, en la cancha de Estudiantes (La Plata), en mayo de 1976, por el torneo Metropolitano de AFA, entre los «Pinchas» (Bilardo DT) y Huracán, a cargo de Miguel «Gitano» Juárez, amigo de César Menotti, puntero, se produjo el primer hecho grave del fútbol en la dictadura genocida: enfrentamiento entre hinchas del «Globito» y la Policía Bonaerense, intervenida por el Ejército de Videla.

El partido se disputó el domingo 16 de mayo por la 17ª fecha del Metropolitano, iniciado en febrero. Huracán, puntero, y Estudiantes en la Copa Libertadores, primera fase en el mismo grupo de River Plate de Ángel Labruna. En el juego pasó poco y nada. Terminó 0 a 0, con un grave hecho policial y un muerto en medio de corridas y decenas de heridos y detenidos. «Muerte en la Cancha».

La desgracia recayó sobre el infortunado Gregorio Noya, 38 años, martillero público, con oficina en la zona límite entre Parque Patricios y Pompeya. Había concurrido con su hijo de 15 años. La investigación la hizo el periodista y escritor Amílcar Romero (*), un «Maestro» de los ’80 y ’90. Su best seller «Muerte en la Cancha», libro imprescindible para tres generaciones de periodistas «de oficio», fue publicado en 1985.

Romero sabía de las inclinaciones futboleras de la barriada obrera de Parque Patricios. También de Barracas hasta Villa Soldati, pasando por Patricios y Pompeya. Fábricas, pequeños talleres, obreros descendientes del proletariado que vivía en su esencia de estudiante universitario de los ’60, cuando el marxismo y el peronismo combativo abrevaban junto al «Mayo francés» de 1968.

Curiosamente, César Menotti, en 1958, siendo la gran promesa de Rosario Central, 1,90 metros, delantero fino, de gran pegada, diestro, estaba inscripto en la Federación Comunista en Rosario. Fue llevado por un gran dirigente de los ferroviarios, Florindo Moretti, de la conducción nacional del Partido Comunista. ¿Por qué todo esto? Huracán juntó todo.

El regreso del general Perón, en noviembre de 1972, cambió el escenario político y social. En Vicente López, en el restaurante «Nino», en pocos días se integró el FreJuLi (Frente Justicialista de Liberación). El documento político se titulaba «Modelo de Reconstrucción Nacional». El GAN (Gran Acuerdo Nacional). El expresidente de la Nación juntó a 28 partidos políticos, incluidos los provinciales. Afuera quedaron Alsogaray, Manrique y el lanussismo.

El domingo 11 de marzo de 1973, el Frente Justicialista ganaba con el 49% de los votos en primera vuelta. Ricardo Balbín, que firmó el GAN junto a Oscar Alende, titular de la Alianza Popular Revolucionaria, encabezó al radicalismo y quien sería el Partido Intransigente. Para entender lo que pasó en la tragedia del domingo 16 de mayo de 1976, debe revisarse la historia de la hinchada de Huracán y su pueblo.

Días antes del acto electoral, la Argentina vivía en dictadura: primero con el general Juan Carlos Onganía (1966-1970) y luego con el general Alejandro Lanusse (1971-1973). «Clarín» publicaba una solicitada firmada por todo el plantel de Huracán y al frente su DT, César Menotti. La consigna era: «Cámpora al gobierno, Perón al poder». Único caso de futbolistas apoyando públicamente a un frente popular, que ganaría y asumiría el 25 de mayo de 1973.

El testimonio que obtuvo mucho después, a cargo de uno de los notables del «Globito» y de la Selección, Omar Larrosa, un «10» cerebral, jugador de equipo y uno de los favoritos del «Flaco» Menotti: «Nos juntó a todos en una práctica y nos dijo: ‘El domingo se juega el destino entre el gobierno militar y su versión conservadora. Del otro lado, el campo popular. Firmaré la solicitada. Ustedes lo pueden hacer'».

Para la historia de Huracán, el año 1973 quedó registrado para siempre. El equipo que ganó el torneo Metropolitano, el del «fútbol champagne», permanece en la memoria futbolera. Menotti lo gestó un año y medio antes. Las llegadas del propio Larrosa y del genial René Houseman fueron el aporte complementario. Equipazo. Goleadas a Racing en Parque Patricios y a Rosario Central en Arroyito.

En la primavera de 1974, Menotti se hizo cargo de la Selección nacional. Un pueblo que vivía la pérdida de su líder y fundador, Juan Domingo Perón. El «Flaco» llegaba con apoyo de la UOM (Unión Obrera Metalúrgica), por el enlace entre David Bracutto, presidente de Huracán, y Lorenzo Miguel, hombre fuerte del sindicalismo peronista. Paulino Niembro, padre de Fernando, era interventor en la AFA.

Antes, en los festejos de Huracán, durante la vuelta olímpica en el «Tomás A. Ducó», podían verse banderas del «Peronismo Revolucionario» y hasta respaldo de seguidores de la organización Montoneros. En 1976 la situación pasó a ser totalmente distinta. Los procesos militares se apoderaron de Chile, Bolivia y Argentina. El fútbol no escapaba al interés del poder. Las dictaduras coparon la pasión popular.

João Havelange, dirigente brasileño y poderoso titular de la FIFA, apoyaba al dictador Jorge Videla y antes al chileno Augusto Pinochet. En el medio, al militar boliviano Luis García Meza. En la organización del Mundial ’78, la Armada ubicó al temido contralmirante Carlos Lacoste, cercano a River. Pinochet se adueñó de Colo-Colo, el club más popular de Chile. García Meza hizo lo mismo.

El dictador boliviano no erró al quedarse como «presidente honorario» del Club Jorge Wilstermann, uno de los más populares del Altiplano junto a Bolívar. Colo-Colo era el más popular del país trasandino. Huracán representaba casi lo contrario a la dictadura militar en 1976. Para ir entendiendo el principio del fin.

El partido estaba 0 a 0 y no pasaba demasiado. Se conocía un informe reservado del Ejército sobre miles de militantes secuestrados, torturados y ejecutados. La hinchada quemera desplegó una bandera con letras grandes frente a la cámara de ATC: «Libertad a los presos políticos». Abajo firmaba: «Montoneros».

Ingresó la Policía Bonaerense, apoyada por el Ejército. Poco después, el coronel Ramón Camps se haría cargo de la fuerza. Enseguida llegaría el lógico ascenso. Uno de los más temidos en tiempos de Videla, junto a Roberto Viola, Albano Harguindeguy y Guillermo Suárez Mason. Un «dream team». Corridas, persecuciones, gases lacrimógenos y balazos.

Uno de ellos dio en la espalda del infortunado Gregorio Noya. Estaba en la platea alta. Imposible imaginar que una bala perdida de los policías que corrían, en una cacería humana contra los hinchas de Huracán por la avenida 1 rumbo al ferrocarril, impactara en quien se convertiría en el mártir de la hinchada de Huracán.

Gregorio Noya fue el primer muerto en una cancha durante la dictadura militar. Así quedó registrado en la recopilación de Amílcar Romero.

Se cumplen 50 años. Una herida abierta en el fútbol vernáculo.

 

 

 

 

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