Ciudad de sucios corazones

*Por Eva Verde 

 

El 1 de abril el jefe de gobierno Jorge Macri dio de baja (por decreto) varios programas de trabajo de la ciudad. Entre ellos uno que se llama Veredas limpias, dejando automáticamente sin trabajo a 5.000 trabajadoras y trabajadores, sin previo aviso, sin diálogo, sin ofrecer una explicación o una opción.  El programa Veredas limpias, surgió en 2006 en base a dos problemáticas que siguen vigentes. La mugre en la CABA y la falta de trabajo. Hace veinte años los vecinos y vecinas de la ciudad se organizaron para exigir al gobierno local que diera respuesta al reclamo.

Fue así que se creó el programa que mejoraba la higiene urbana, mediante la generación de trabajo. O sea, una política pública de múltiple impacto, como se denomina a aquellas que, mediante un único gasto producen resultados en más de un plano.  Mientras se realiza una tarea necesaria para la ciudad, como es la limpieza urbana, se genera trabajo insertando a sectores excluidos del empleo formal.

El programa comenzó como una propuesta para mejorar la higiene en los barrios populares, ya que las empresas de limpieza no querían ingresar por temas de inseguridad. Así la solución serían los mismos vecinos quienes, organizados en cooperativas, limpiarían las calles. El programa fue modificándose a lo largo de estos veinte años; por eso en la actualidad las cuadrillas de limpieza barren calles en toda la ciudad, limpian contenedores, etc.

El segundo impacto de esta política es la generación de trabajo para sectores totalmente excluidos del sistema formal, mayores de 50, personas con diferentes dificultades a la hora de conseguir trabajo en relación de dependencia, algo cada vez más difícil para toda la población. Este ingreso familiar es muy bajo, porque es cierto que es una miseria lo que el gobierno destina a cada trabajador. Son contratos desiguales donde los ingresos por cada trabajador rondan entre los 150.000 y 200.000 pesos mensuales por cuatro horas de trabajo. Sin embargo, esta miseria representa una parte importante para estas familias que complementan sus ingresos con otros trabajos. Significa una base fija de ingresos, un piso con el que estas familias cuentan, por ejemplo, para pagar el alquiler.

Cabe preguntarse ¿por qué tanto empeño por destruir una política pública que se mantuvo por veinte años? ¿Acaso las calles no se ensucian día a día? ¿Acaso existen otros programas de trabajo mejores para estos sectores? Lejos de ser una autocrítica por la miseria que paga el gobierno por cada puesto de trabajo, las causas están relacionadas pura y exclusivamente con otros intereses. Según las redes sociales de los funcionarios, los argumentos para la derogación de los programas dan vueltas entre evitar a los intermediarios y generar capacitaciones de trabajo en empresas que no necesitan trabajadores.

Para quienes buscan las razones electorales es conocido que las encuestas en la ciudad de Buenos Aires muestran al PRO perdiendo votantes frente a LLA. Y claro, en esta época de mediocres y crisis de representatividad, en vez de mejorar las políticas, o de mostrar una ciudad mejor después de veinte años de gobierno ininterrumpido, no tienen mejor idea que copiar en crueldad e ignorancia, a sus propios verdugos.

¿Evitar intermediarios?

El argumento de evitar los intermediarios es tan falaz y mentiroso que se cae con solo preguntar a cuántos trabajadores quisieron pasar a planta permanente en relación de dependencia (sin intermediar). Si realmente no quisieran intermediarios los contratarían desde la CABA. El argumento de quitar la intermediación es tan ridículo, como que el gobierno dijera ¨vamos a evitar a los intermediarios empresarios¨ y con ese pretexto decidiera dar de baja los contratos y ofrecer a cada trabajador de CLIBA la posibilidad de hacer un curso o estudiar en lugar de trabajar.

Existen muchas mejoras posibles al programa. Por ejemplo, que incluya horarios acordes a las estaciones del año, que el monto a recibir por trabajador cubra la canasta básica. Que se garanticen espacios donde guardar los elementos de trabajo, así como acceso al baño, desayuno y almuerzo como lo hacen la mayoría de las cooperativas.

Pero en vez de eso el gobierno lanzó el 19/5 (50 días después de la derogación) un nuevo programa Ciudadanía porteña laboral mediante el cual generan un parche mal diseñado, sin objetivos claros, donde supuestamente incorporarán a lxs trabajadorxs de Veredas limpias. Es un programa tipo plan social tan mal diseñado, tan improvisado y desprolijo, que no define claramente si su objetivo es limpiar veredas o hacer cursos de barman, como se les ha llegado a proponer. Eso sí: el nuevo programa trae consigo una gran cantidad de burocracia, condiciones previas antes inexistentes, entrevistas y evaluaciones para el ¨perfilamiento¨.

Es tan evidente la ineficiencia del gobierno local, que no sabe cómo tapar su mala gestión y recurre a un marketing politiquero bullrichizado, con operativos ¨anti-pobres¨, anti-manteros, anti-barrios populares, anti-organizacion comunitaria.

En vez de demostrar que es posible un gobierno que se involucre, genere desarrollo local con trabajo para todos, lo que anhelan es construir una ciudad para pocos. Lo que parecen desconocer es que todo vuelve y un día, más temprano que tarde, la tortilla se dará vuelta y los pobres comerán pan y los ricos mierda, mierda.

 

 

 

 


*Trabajadora de la Economía Popular. Referente del Frente Popular Darío Santillán, ex coordinadora de Mercados de Cercanía.

Nota original publicada en 4Palabras. Gentileza de la autora.

 

 

 

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