Por Redacción
La pérdida acelerada de hielo en el océano Ártico amenaza con alterar el equilibrio térmico del planeta, modificar las corrientes oceánicas y profundizar la crisis climática. Una expedición científica internacional, integrada por investigadores de doce países, estudia los cambios en la región y alertó al Secretario General de la ONU, António Guterres, sobre la gravedad de un proceso que avanza mientras crecen los intereses económicos y geopolíticos sobre el territorio. La investigación forma parte de Tara Polaris I, la primera de diez expediciones previstas en un programa internacional de veinte años destinado a estudiar las transformaciones del océano Ártico.
El equipo científico trabaja a bordo de Tara Polar Station, un buque científico francés de 26 metros de eslora que partió de Noruega en agosto y quedó atrapado deliberadamente en una extensa placa de hielo para realizar mediciones durante su desplazamiento por las corrientes marinas. El científico jefe de la expedición, Maxime Geoffroy, mantuvo una conversación por videoconferencia con Guterres antes de la COP31, que se realizará en Antalya, Türkiye. El titular de Naciones Unidas buscó conocer la dimensión de los cambios que atraviesa la región y qué mensaje debía transmitir a los dirigentes mundiales.
En este marco, Guterres sostuvo: «Creo que, lamentablemente, los dirigentes políticos del mundo todavía no son plenamente conscientes de la gravedad de la situación». Por su parte, Geoffroy sintetizó el alcance internacional del fenómeno: “Lo que ocurre en el Ártico no se queda en el Ártico”, y explicó que la región se calienta entre tres y cuatro veces más rápido que el resto del planeta. De este modo, su transformación compromete los sistemas oceánicos, los ecosistemas marinos y la regulación de las temperaturas globales.
Uno de los principales riesgos identificados por los investigadores es la posibilidad de que el Ártico pierda durante el verano su cobertura de hielo marino. Guterres reconoció su preocupación ante esa perspectiva: “Una de las cosas que más me ha asustado es pensar que, dentro de algunos años, el Ártico podría quedarse sin hielo durante el verano”.
Según datos vertidos por la ONU, a través de la experiencia científica, la superficie blanca del hielo refleja buena parte de la radiación solar hacia el espacio, mientras que el océano oscuro que queda expuesto absorbe mayor cantidad de calor. Ese proceso eleva la temperatura del agua y favorece una nueva pérdida de hielo, con consecuencias que pueden extenderse mucho más allá de las regiones polares. Las corrientes oceánicas distribuyen el calor por todo el planeta y cumplen una función central en la estabilidad climática y en los ecosistemas marinos. Sin embargo, los efectos concretos que tendrá la transformación del Ártico todavía presentan importantes interrogantes.
Geoffroy sostuvo que “tenemos modelos, pero no sabemos cuándo, cómo ni cuáles serán exactamente las consecuencias”. En este sentido, la expedición busca reducir ese vacío de conocimiento mediante un programa que reúne a 80 científicos y contempla unos 220 protocolos de investigación. Los trabajos incluyen mediciones sobre la respuesta de los organismos marinos al calentamiento, la biodiversidad y la capacidad del océano para almacenar carbono. Buena parte del Ártico central permanece prácticamente desconocida, por lo que los registros obtenidos resultan fundamentales para mejorar los modelos climáticos.
El retroceso del hielo abre, al mismo tiempo, nuevas posibilidades para la explotación económica de la región. Durante el desplazamiento hacia el norte, los investigadores observaron el tránsito de petroleros por el Paso del Nordeste, una ruta marítima que bordea la costa rusa y cuya navegación resulta más accesible a medida que disminuye la cobertura de hielo. Geoffroy describió la situación ante Guterres: “Puedo asegurarle que vimos muchos petroleros atravesando esa ruta”. Y precisó: “No estamos hablando de una predicción. Ya está ocurriendo”.
La expansión del tránsito marítimo incrementa los riesgos de accidentes y contaminación en un ecosistema especialmente vulnerable. Un derrame de petróleo podría provocar daños prolongados sobre la vida marina, mientras que las condiciones geográficas y climáticas dificultan las tareas de respuesta y limpieza. La apertura de nuevas rutas comerciales y el interés por los recursos naturales incorporan así una dimensión económica a la crisis ambiental. Al mismo tiempo, la disputa por el Ártico excede los intereses comerciales. Las tensiones en torno a Groenlandia generada por el interés imperial de Estados Unidos y la creciente importancia estratégica de la región preocupan a Naciones Unidas, ante el riesgo de una mayor militarización y de conflictos entre potencias por el control de territorios y recursos.
Guterres reivindicó la cooperación científica internacional y denunció las presiones de sectores económicos, en particular los vinculados a los combustibles fósiles, que buscan desacreditar las investigaciones y restar peso a las evidencias del cambio climático. El Secretario General definió el enfrentamiento como “la batalla por la verdad y la batalla por la ciencia”. Geoffroy, por su parte, identificó un cambio en las estrategias de resistencia a las políticas ambientales. A la negación del calentamiento global se suman maniobras para retrasar las medidas de respuesta y el silenciamiento de los compromisos climáticos, una práctica conocida como greenhushing.
Consultado sobre qué mensaje transmitiría a los dirigentes que participarán de la COP31, el científico aseguró que “los resultados de estas investigaciones deben inspirar confianza, deben orientar las decisiones y deben recibir apoyo”. La expedición tiene, además, objetivos vinculados con el origen de la vida y la protección de la biodiversidad. Los investigadores estudian organismos capaces de sobrevivir a temperaturas extremas mediante proteínas con propiedades anticongelantes, una característica que alimenta hipótesis sobre el posible papel de los ambientes helados en las primeras formas de vida. Otro eje de trabajo busca establecer qué poblaciones de peces habitan el océano Ártico central, ante el creciente interés comercial por sus recursos.
La dimensión de los cambios ambientales y la disputa por los recursos naturales colocan al Ártico en el centro de una crisis que combina intereses económicos, tensiones geopolíticas y riesgos para el equilibrio planetario. Para Guterres, la evidencia científica exige respuestas urgentes. El titular de Naciones Unidas expresó: “Todo esto ha despertado en mí un sentimiento de urgencia y, para ser sincero, también de furia”. Y concluyó: “Es una batalla existencial”.
