«Es imposible mirar al otro con desprecio, porque el otro es mi hermano»

Por Redacción

Más de dos millones de personas peregrinaron el último fin de semana a la Basílica de Luján en el marco de una celebración histórica que evidenció, una vez más, la razón de la fe popular. La 52.ª Peregrinación Juvenil a Luján puso de relieve que el pueblo argentino no está inmovilizado ni se resigna al nihilismo como forma de afrontar los problemas nacionales. En este contexto, Monseñor García Cuerva, arzobispo de Buenos Aires, sostuvo: «Venimos a buscar el abrazo de la Madre, el abrazo de María. Un abrazo único, un abrazo de esos que nos reinician y que nos sostienen».

En su homilía, el sacerdote resaltó: «Un abrazo en el que nos podemos relajar y descansar porque son los brazos de la Virgen de Luján que sostienen a todo un pueblo, a toda una Nación». Al mismo tiempo, señaló que «nadie vino solo, en cada paso trajimos a nuestras familias, a los amigos, al vecino que la está pasando mal, al conocido que perdió el trabajo, a los enfermos, a los que nos pidieron que rezáramos por ellos».

La peregrinación a Luján tiene su origen el 25 de octubre de 1975, cuando más de 20 mil jóvenes marcharon bajo el lema “La juventud camina a Luján por la Patria”, en un contexto signado por la convulsión política y la amenaza contra la continuidad democrática. Entre quienes participaron de aquella etapa inicial se encontraban los sacerdotes Rafael Tello, Raúl Rossi y Joaquín Sucunza, adherentes a la teología del pueblo. Por entonces, las parroquias reunían a numerosos grupos de jóvenes con distintas inquietudes. En el colegio Episcopal de Villa Devoto, esos encuentros alcanzaban una importante convocatoria. El contacto con los jóvenes permitió al padre Tello conocer de cerca sus preocupaciones y pensar en una peregrinación como una manera de darles cauce.

El sábado pasado, Monseñor Cuerva aseguró que «en la peregrinación no hay grietas ideológicas ni exclusiones. El camino nos niveló a todos; caminando, todos gastamos las zapatillas, todos nos cansamos, todos queríamos llegar a la casa de María. ¡Qué gran lección recibimos! Cuando nos descubrimos caminantes de un mismo pueblo no le damos lugar al individualismo y a los discursos de odio».

Afirmó que «la Virgen nos sale al encuentro con su ternura; no nos pide —carnet de prolijidad espiritual—, ni pregunta de dónde venimos o cuántos kilómetros caminamos. Directamente nos abre sus brazos y nos recibe, así como llegamos. Ella sabe lo que vive cada uno de nosotros; Ella sabe de nuestras luchas; Ella conoce tu corazón, y sin palabras, pero con todo su amor, te abraza fuerte».

Ante una multitud que colmó la Basílica de Luján, el arzobispo de Buenos Aires remarcó: «Nuestra Patria tiene muchos abrazos pendientes: abrazos de perdón ante tanta descalificación e insulto; abrazos solidarios ante tanta indiferencia; abrazos de encuentro ante tanto extravío; abrazos profundos, no protocolares; abrazos del alma. Así como nos curamos las ampollas, queremos, Madre, curar los vínculos entre nosotros. Las heridas de la descalificación, de la intolerancia, de la violencia física y verbal ya supuran y parece que se está infectando el corazón del pueblo argentino».

«Por eso es tiempo de unirnos. Si la Virgen de Luján nos abraza a todos, es imposible mirar al otro con desprecio, porque el otro es mi hermano. Por eso volveremos a nuestros hogares y nos tenemos que comprometer a ser artesanos de la fraternidad llevando el abrazo de María a los que no dan más, a los abuelos, a los que piensan distinto, a las personas con discapacidad y a sus familias, a los que no tienen trabajo, a los que están durmiendo en la calle, a los adolescentes y jóvenes atravesados por la droga, a los más pobres», agregó Monseñor García Cuerva.

Asimismo, destacó: «Que esta peregrinación sea, entonces, una escuela de fraternidad para nuestro país que se está preparando para la visita del Papa León. Que María nos enseñe a respetarnos, a perdonarnos y a dialogar con todos; que dejemos de descalificar al hermano, de ser indiferentes con el que sufre y de dar lugar al odio entre nosotros, porque hemos experimentado en Luján que, en su abrazo maternal, nos reconocemos hermanos».

Más allá de haber superado las expectativas de la convocatoria, el pueblo argentino volvió a evidenciar que no se aleja del camino trazado por la espiritualidad histórica. En tiempo de crisis, la fe resguarda a los desprotegidos de los mandatos mesiánicos que tienen arraigo en los dogmas materialistas y que impulsan la disolución social a través de la reivindicación del egoísmo material, la orfandad espiritual y el falso endiosamiento del mercado por sobre la condición humana. La masiva manifestación precedió a la visita del Papa León XIV y dejó en claro que no hay quietud ni resignación en los sectores populares.

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