Hasta ahora incontenibles, los hutíes se afianzan en todo el litoral yemení sobre el mar Rojo, la isla de Mayyun o Perim, como también se la conoce, que divide en dos el estrecho de Bab al-Mandeb, con cerca de 30 kilómetros de ancho y que conecta el mar Rojo con el Índico. En las últimas horas también han capturado las islas Gran Hanish y la Pequeña Hanish, a unos 160 kilómetros al norte de Bab al-Mandeb, reforzando su presencia en uno de los pasos más sensibles del mundo para el comercio marítimo. En momentos en que, gracias a la torpeza de Trump, que compró la guerra llave en mano a Benjamín Netanyahu, a quien le habían asegurado que la solución final de la cuestión iraní era cosa de un fin de semana, el estrecho de Ormuz se hace cada día más angosto para las embarcaciones que sacan el petróleo y el gas del golfo Pérsico. (Ver: Yemen: Reto a la Meca).
La ofensiva de los rebeldes ha obligado al reino saudita, que desde 2014 articula todas las políticas de Yemen, nación a la que ha convertido de facto en un protectorado, a recuperar el territorio capturado por los houthies, operación que deberá realizar condicionado por la derrota sufrida en la guerra entre 2015 y 2022, que consiguió detener Irán tras su acercamiento con los sauditas negociado por China en su momento (Ver: Yemen, la guerra que perdió Occidente), al tiempo que tendrá que evitar más ataques contra sus instalaciones petroleras y el oleoducto Este-Oeste, de 1200 kilómetros, que bombea entre 2,6 y 4 millones de barriles de petróleo diarios hacia los puertos del mar Rojo, como el de Abqaiq o el de Yanbu, lo que le evita el paso por Ormuz.
Los daños ya producidos al oleoducto agravan todavía más el envío del petróleo saudí a sus diferentes mercados. Según los técnicos, estas reparaciones, de no recibir más ataques, podrían estar terminadas en una semana. Desde los mercados europeos se estima que, de prolongarse la crisis, elevará los precios, superando los 110 dólares por barril, con todas las consecuencias que esto obligatoriamente traerá. Al tiempo que se conoce que la actual producción petrolera de 6,24 millones de barriles al día de agosto fue el nivel más bajo desde 1990.
En las últimas horas, la comandancia de Ansarullah (Seguidores de Allah), el nombre oficial de los houthies, denominados así en homenaje a su fundador, Hussein al-Houthi, padre del actual líder, Badr al-Din al-Houthi, una influyente familia del norte yemení, ha denunciado que Riad realizó cerca de sesenta ataques aéreos contra poblaciones civiles en territorio yemení, los que se suman a los 140 realizados días antes del comienzo de su ofensiva el pasado miércoles nueve, lo que obligó el despliegue de unos cien mil pobladores, que han buscado refugio en 200 escuelas del suroeste yemení. Mientras que otras dos mil personas se embarcaron en el cruce del mar Rojo para buscar protección en la ciudad de Obock (Djibouti), al otro lado del estrecho de Bab el-Mandeb, donde también se encuentra Camp Lemonnier, la única base militar permanente de Estados Unidos en África, con una dotación aproximada de cuatro mil hombres, ubicada en cercanías del Aeropuerto Internacional de Yibuti-Ambouli, lo que le permite el control aéreo del estrecho, gran parte del Cuerno de África y el mar Rojo hasta el canal de Suez.
Riad tampoco ha conseguido reponerse del ataque con drones que sufrió la base de Sharurah, un importante centro de mando y control, el que, además, según la insurgencia yemení, también guarda el mayor arsenal del ejército saudí. En la noche del lunes, Riad denunció nuevo ataque houthi contra la ciudad de al-Tawwal, a escasos tres kilómetros de la frontera de Yemen, donde golpearon una mezquita, varios edificios públicos y habría dejado algunos heridos. Mientras las fuerzas militares de Yemen a disposición de Riad anunciaron haber atacado la ciudad de Mocha, tomada hace unos días por Ansarullah, además de algunas posiciones rebeldes en Taiz, en el suroeste del país, sin especificar los daños provocados.
Sultan Alí al-Arada, gobernador de la provincia de Marib y miembro del Consejo Presidencial creado por Riad para dirigir Yemen después de la renuncia del presidente Mansour al-Hadi, responsable principal de la tragedia que vive el pueblo yemení desde 2012, en una entrevista televisada el sábado por la noche informó que las Fuerzas de Resistencia Nacional, una milicia mercenaria, se están reagrupando “para volver a la batalla de una forma u otra”. Batalla que, hasta el momento, ha dejado cerca de 2500 muertos.
La guerra civil, entre la élite prooccidental y grupos terroristas como al-Qaeda para la península arábiga, contra los hutíes junto a diversas tribus y sectores sociales sunitas y chiitas, que consume a Yemen desde 2014, sumado al genocidio perpetrado por Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos a partir de 2015, que ha generado una catástrofe humanitaria, con cientos de miles de muertes, desplazados, epidemias y 17 millones de personas en riesgo de hambruna, lo que no ha tenido precedentes desde finales de la Segunda Guerra Mundial, ahora superada por la guerra civil sudanesa.
En este marco de la invasión de 2015, tras las desavenencias entre sauditas y emiratíes, estos últimos articularon con el Consejo de Transición del Sur, que mantiene una agenda separatista, por lo que Abu Dabi, sin la ostentación de Riad, de manera callada ha conseguido hacer base en Yemen.
El acuerdo que no funciona
El cacareado Acuerdo de Defensa Conjunta de La Meca, firmado el pasado 7 de agosto, que comprometía a sus tres firmantes (Arabia Saudita, Pakistán y Turquía) a responder en conjunto a cualquier agresión contra alguno de ellos, a casi una semana de los ataques houthíes contra territorio saudí, parece no haber tomado nota hasta el momento, quizás a espera de que Trump por fin responda a los desesperados llamados del príncipe heredero de la casa Saud, Mohamed bin Salman, para que opere contra posiciones de los rebeldes yemeníes. (Ver: Teatro de títeres sobre la península arábiga).
Quizás esto responda más que nada a algún tipo de presión de Occidente a Islamabad y Ankara, ya que, según reveló el mando de Ansarullah: “El comercio internacional en el mar Rojo y Bab al-Mandeb son seguros y se desarrollan con normalidad”, por lo que ese infierno al que tanto temen enfrentarse los mercados europeos del cierre de Bab al-Mandeb todavía no parece tener voluntad de corporizarse. Lo que también da más entidad a la versión iraní de que los houthíes, más allá de su proximidad ideológica y religiosa, son independientes de las posiciones que pueda tomar Teherán.
De todas formas, se prevé una caída entre el 50 y el 55 por ciento en los buques que transitan por el mar Rojo. Que, desde noviembre del 2023, con la fase final del genocidio en Gaza, a manos de la entidad sionista, los hutíes fueron los únicos que operaron contra naves que tuvieran intereses en común con los judíos, desde entonces y hasta el año pasado. Fueron atacados un centenar de buques mercantes en el mar Rojo que, según los rebeldes, estaban vinculados a los sionistas o a sus aliados. Por lo que las principales navieras han continuado el desvío por el Cabo de Buena Esperanza, lo que agrega entre 20 y 25 más a la derrota de esas embarcaciones, elevando sus costos totales del transporte.
En este particular juego de influencias y presiones que han instaurado los hutíes en toda la región aledaña al mar Rojo, ha habido un jugador que hasta hace algunos años era capital en este contexto: Egipto, que la reducción del tráfico afecta de manera directa sus ingresos, ya que depende en mucho de los peajes de Suez. Según datos oficiales, Egipto perdió cerca de siete mil millones de dólares solo entre 2023 y 2024, alrededor del sesenta por ciento del total de sus ingresos por ese tributo.
El nuevo encuadre de la seguridad en el mar Rojo beneficia de manera directa a Eritrea, que al otro lado del estrecho de Bab el-Mandeb tiene un papel geoestratégico del que podría beneficiarse. Más allá de las políticas aislacionistas del presidente Isaias Afwerki, el país tiene muy poco o nulo juego más allá de sus fronteras, aunque sea cierto su solapado entendimiento con Washington y Tel Aviv.
Con la embestida de la semana pasada de los hutíes, no solo conquistaron puertos, islas y el estrecho. Sino que han provocado un monumental movimiento de las muchas fichas que juegan en esa partida de la que, obviamente, ni Estados Unidos, ni Rusia ni China están ausentes, por lo que habrá que observar cómo se reacomodan, si alguna vez sucede.
*Por Guadi Calvo 