Modelo libertario: se profundizó la precarización laboral y el 45,2% de los trabajadores quedó desprotegido

Por Redacción

El 45,2% de los trabajadores ocupados se encuentra en condiciones de desprotección laboral, según el último informe del Instituto Argentina Grande, elaborado a partir de los microdatos de la Encuesta Permanente de Hogares del Instituto Nacional de Estadística y Censos correspondientes al primer trimestre de 2026. El dato expuso el deterioro del mercado de trabajo desde el cambio de gestión: mientras se destruyeron puestos públicos y privados protegidos, la generación de empleo se concentró en changas y ocupaciones sin aportes, estabilidad ni estructura laboral.

El Instituto Argentina Grande consideró trabajadores desprotegidos a quienes no realizan aportes, no son patrones, no tienen antigüedad en su tarea, no trabajan para el exterior en actividades de consultoría y programación y tampoco desarrollan una actividad por cuenta propia con capital propio o dentro de estructuras grandes. Bajo esos criterios, la desprotección alcanzó al 45,2% de los ocupados, frente a un 39% de trabajadores protegidos y un 15,7% de empleo público.

La comparación con 2024 mostró la magnitud del retroceso. Desde entonces se incorporaron 626.000 puestos desprotegidos, mientras se perdieron 56.000 puestos protegidos y 212.000 empleos públicos. Los 350.000 nuevos ocupados registrados desde el cambio de gestión fueron trabajadores desprotegidos, por lo que el crecimiento de la ocupación no significó una recuperación del empleo de calidad, sino una expansión de trabajos precarios.

El mercado laboral llegó así a una situación muy diferente de la que existía antes de la pandemia, cuando las tasas de protección y desprotección se mantenían en niveles similares. La paralización de actividades durante 2020 produjo una caída excepcional de la ocupación desprotegida, pero la salida de la pandemia estuvo acompañada por una recomposición gradual del empleo y un crecimiento del monotributo. Hacia fines de 2023, la brecha entre ambos tipos de ocupación se reducía, pero desde 2024 volvió a ampliarse.

El resultado registrado en el primer trimestre de 2026 dejó una diferencia de seis puntos porcentuales: 45,2% de trabajadores desprotegidos frente a 39% de trabajadores protegidos. El empleo público representó el 15,7% de la ocupación. Para el Instituto Argentina Grande, la evolución mostró que el mercado laboral privado quedó cada vez más atravesado por empleos de baja calidad, inestables e informales.

Los jóvenes de entre 18 y 26 años quedaron entre los principales afectados por este proceso. Su tasa de desprotección laboral pasó del 53% en 2024 al 62% en 2026. El deterioro fue particularmente fuerte entre los varones jóvenes, que perdieron 30.000 puestos en el sector público y 96.000 en el sector privado protegido, con una pérdida total de 126.000 empleos de calidad. Una parte  de ellos pasó a realizar changas y tareas precarias, mientras otra quedó fuera del mercado laboral. El informe registró un crecimiento de 65.000 trabajadores jóvenes desprotegidos, al tiempo que aumentaron las dificultades para acceder a un empleo estable.

La destrucción de puestos de trabajo alcanzó con fuerza a actividades vinculadas con la producción y el consumo interno. En el comercio se perdieron 88.000 puestos durante los dos años analizados, equivalentes al 43% del total existente en esa rama. En la construcción desaparecieron 9.900 empleos, una caída del 30% de los ocupados del sector. El cierre de locales y la paralización de obras dejaron expuesta la distancia entre la reconversión laboral anunciada y las condiciones concretas que enfrentan quienes pierden su empleo.

Las mujeres soportaron un deterioro todavía mayor dentro del sector privado desprotegido. La cantidad de trabajadoras en esa condición aumentó un 14,1% en dos años, frente a un crecimiento del 9,3% entre los varones. La retracción del Estado como empleador tuvo un peso determinante: de los 212.000 puestos públicos destruidos desde el cambio de gestión, 132.000 correspondieron a mujeres y 79.000 a varones. El deterioro alcanzó a su vez a ramas laborales con fuerte presencia femenina, como salud y educación, donde los ingresos dependen en buena medida de las paritarias públicas. El informe vinculó este proceso con una ampliación de la brecha salarial, que alcanzó niveles particularmente elevados durante la actual gestión.

La educación formal apareció como otro factor decisivo frente a la precarización. La desprotección alcanzó tasas cercanas al 66% entre quienes no completaron la escuela secundaria, rondó el 45% entre quienes terminaron el secundario pero no obtuvieron un título universitario y se ubicó alrededor del 18% entre quienes cuentan con estudios universitarios. El informe señaló que la desprotección aumentó en los tres grupos durante la última década y volvió a crecer durante los últimos dos años.

La precariedad del mercado laboral no quedó reflejada de manera completa en la tasa oficial de desempleo. Por esa razón, el Instituto Argentina Grande elaboró un indicador propio de “desempleo blue”, que identifica a las personas que buscan trabajo, trabajaron ninguna o muy pocas horas durante la semana de referencia y realizaron esas horas en una actividad desprotegida. El mismo,  alcanzó en el primer trimestre de 2026 su nivel más elevado desde el cambio de gestión y aumentó 1,5 puntos porcentuales respecto del mismo período de 2024. El crecimiento se concentró principalmente en el denominado desempleo ampliado, que incorpora a quienes buscan trabajo, pero no aparecen como desocupados en la estadística oficial porque realizan al menos una hora semanal de una actividad precaria.

La combinación entre desempleo oficial y desempleo ampliado mostró que el 15,5% de la población buscó trabajo sin encontrar una ocupación capaz de resolver sus necesidades. El dato expuso una realidad que queda parcialmente oculta cuando la medición se limita a quienes no realizaron ninguna actividad laboral durante la semana de referencia. Entre las personas de 66 años o más, el deterioro tuvo una expresión particular. Desde el cambio de gestión, la cantidad de personas de esa edad que participa del mercado laboral creció un 14%, en un contexto marcado por ingresos jubilatorios insuficientes. Quienes se incorporaron al mercado de trabajo lo hicieron principalmente a través de changas y ocupaciones de pocas horas, lo que llevó al desempleo ampliado de este grupo al valor más alto de la serie.

El contraste con 2018 permitió dimensionar el cambio. En aquel año, cuando se había registrado el pico previo del “desempleo blue”, el 7,8% de las personas de 66 años o más estaba desocupado. En el escenario actual, el principal crecimiento se produjo entre quienes realizan una changa mientras buscan conseguir más horas de trabajo.

Los datos del Instituto Argentina Grande expusieron una transformación profunda del mercado laboral: la destrucción de empleos públicos y privados protegidos no fue acompañada por una reconversión capaz de garantizar nuevas ocupaciones de calidad. La consecuencia fue el crecimiento de una masa de trabajadores que, aun estando ocupada, carece de aportes, estabilidad y continuidad laboral. El problema ya no pasa solamente por cuántas personas tienen trabajo, sino por qué tipo de trabajo queda disponible bajo el actual modelo económico.

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