Por Redacción
Un nuevo informe de Monitor sociolaboral del Centro de Estudios sobre Trabajo y Desarrollo de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), evidenció que persiste la destrucción del empleo formal sin reconversión que permita creer que la situación va a mejorar en un futuro cercano. El informe, determinó que entre «principios de 2025 y 2026, se destruyeron 196 mil puestos asalariados formales y 46 mil ocupaciones independientes formales. En el mismo período, crecieron 274 mil asalariados informales y 360 mil independientes informales». Las políticas liberales que implementa Javier Milei no generan motivos para el optimismo a pesar de que la narrativa oficial insiste en lo contrario.
El informe de la UNSAM sostuvo que «lo que se perdió fue trabajo registrado y lo que se creó fue, en su totalidad, trabajo informal. El resultado es que la informalidad laboral trepó al 44,2% en el primer trimestre de 2026, lo que significa que cerca de la mitad de los ocupados están hoy por fuera del trabajo registrado». Por otro lado, señaló que «los ingresos de los hogares están en niveles históricamente bajos y eso obliga a cada vez más personas a salir a buscar trabajo para reforzarlos. Por eso la tasa de actividad se mantiene en 48,6%, un pico histórico».
En este marco, el trabajo del Monitor del CETyD, planteó que los datos no reflejan un proceso de “destrucción creativa” del empleo como expone el gobierno, en el que los puestos menos productivos son reemplazados por empleos más dinámicos y competitivos, sino una dinámica de “destrucción sin reconversión”. En ese sentido, sostuvo que la pérdida del trabajo registrado tuvo como contrapartida la expansión de ocupaciones sin protección laboral. Como consecuencia de ese proceso, la informalidad laboral alcanzó el 44,2% durante el primer trimestre de 2026, lo que representa que cerca de la mitad de las personas ocupadas se encuentran fuera del empleo registrado.
Durante el último año, el sector informal funcionó como un mecanismo de absorción frente a la falta de generación de empleo formal. Sin embargo, el análisis del CETyD señaló que más del 90% de los nuevos ocupados necesitan trabajar más horas para incrementar sus ingresos y no logran hacerlo por las condiciones de sus empleos o por las dificultades de los trabajadores independientes para ampliar sus ventas en un escenario de bajo consumo. Esa situación tuvo impacto en la subocupación, que creció 14% interanual durante el primer trimestre de 2026. El aumento de la cantidad de personas ocupadas no representa necesariamente una mejora del mercado laboral, ya que responde a la necesidad de generar mayores ingresos sin que eso garantice mejores condiciones de vida.
El Monitor sociolaboral incorporó en el análisis la situación por provincias y señaló que entre fines de 2023 y 2025 dos tercios de los distritos registraron un aumento de la población desocupada o incorporada a empleos refugio, definidos como aquellas inserciones laborales de mayor precariedad y menores ingresos. Los territorios donde más cayó el empleo formal privado fueron las que registraron mayores aumentos del desempleo y los empleos refugio. Santa Cruz y Formosa fueron los casos más marcados. En ambas provincias se produjo una fuerte reducción del empleo vinculada al retroceso de la construcción pública y privada. En Santa Cruz, el escenario se profundizó por la caída de la producción hidrocarburífera en la cuenca del Golfo San Jorge.
En tanto, Chaco atravesó una situación similar por la contracción de la construcción, mientras que la misma dinámica se observó en otras provincias del norte argentino como Misiones, Catamarca, Corrientes y Santiago del Estero. En el otro extremo, Río Negro y Neuquén registraron una reducción de la cantidad de personas desocupadas o vinculadas a empleos refugio, impulsadas por la actividad de Vaca Muerta. Tucumán mostró una evolución diferente a partir del crecimiento del empleo formal privado.
El informe del CETyD sostuvo que no aparecen señales de una reversión de la tendencia laboral. La actividad económica no logró consolidar una recuperación sostenida y desde comienzos de año el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) alternó períodos de expansión y retroceso. En abril, último dato disponible, la actividad cayó 1,5%.
El empleo formal privado siguió un recorrido similar. En marzo volvió a contraerse y perdió más puestos de los que había recuperado en febrero, mientras que la cantidad de empresas registradas continuó en descenso. Por sectores, incorporaron trabajadores el agro, la minería, el petróleo y algunas ramas de servicios; la industria destruyó puestos en todos sus subsectores, el comercio acumuló diez meses consecutivos de caída y la construcción permaneció estancada.
La situación salarial se sumó al deterioro del mercado laboral. Durante el primer trimestre, los salarios formales privados quedaron por debajo de la inflación: enero mostró una leve recuperación, pero febrero y marzo dejaron a las remuneraciones nuevamente rezagadas frente a la evolución de los precios. En el sector público, la pérdida fue más profunda y persistente, con un poder adquisitivo que se ubicó 17% por debajo de noviembre de 2023. Entre enero y marzo, el poder adquisitivo del salario total cayó 2,5%, mientras que el salario disponible retrocedió 5%. En marzo, el salario disponible quedó 16 puntos porcentuales por debajo del salario total, debido al peso creciente de los gastos fijos sobre los ingresos.
Por último, el Monitor sociolaboral del CETyD concluyó que «no estamos frente a una destrucción creativa en el mercado laboral. El empleo formal que se pierde no está siendo reemplazado por otro de mejor calidad, sino por informalidad, subocupación, empleos refugio y desocupación. El escenario laboral combina hoy tres problemas al mismo tiempo: una destrucción del empleo formal que se extiende por casi todo el territorio, una recuperación económica que no recompone puestos en la misma proporción en que los sigue perdiendo, y una estructura de ingresos cada vez más tensionada».
