¿Quién alimenta la guerra de Sudán?

*Por Guadi Calvo 

 

Como en todas las guerras, antes de las diferencias políticas, religiosas, étnicas o territoriales, antes que el mismo odio ancestral entre dos pueblos que han rivalizado por un espacio compartido por siglos, antes de todo esto, las guerras son por intereses estrictamente económicos; póngase a esto el nombre que se quiera: agua, petróleo, oro, uranio, marfil u opio.

Son estos factores los que liberan esas fuerzas capaces de exterminar a miles y miles de vidas, arrasar geografías enteras y aniquilar civilizaciones milenarias. La guerra civil de Sudán, que cumple ahora 1.180 días, es solo un ejemplo más de este postulado. Por lo que, si alguna vez se había creído que era apenas un conflicto “doméstico”, el mundo se está enterando de que en ella juegan intereses externos, aunque para muchos esto resulte una verdad de Perogrullo.

La guerra de Sudán quizás nunca haya sido un asunto exclusivamente de los sudaneses. En el enfrentamiento entre las Fuerzas Armadas de Sudán (FAS), comandadas por el general Abdel Fattah al-Burhan, y los paramilitares de la Fuerza de Apoyo Rápido (FAR), de Mohamed Hemetti Dagalo, desde el principio han jugado intereses de potencias regionales e internacionales, que ven en sus reservas de oro y petróleo una oportunidad que merece la inversión en armas, fondos, inteligencia, mercenarios y respaldo diplomático. Los principales yacimientos de oro en Sudán han sido acaparados, casi en su totalidad, por cárteles controlados por Hemetti Dagalo, que lo exporta de manera irregular a los Emiratos.

Semejante flujo de recursos es la única causa de por qué la guerra se ha mantenido tan activa desde el 15 de abril de 2023, sin un solo día de interrupción, a pesar de la gigantesca bola burocrática, resumida en mesas de negociaciones, cumbres y foros realizados en torno al conflicto, sin siquiera lograr un alto el fuego humanitario para poder abastecer de alimento y medicinas a los más de 15 millones que lo necesitan de manera urgente, o enterrar a los muertos que se pudren en calles y caminos, que, además de todo lo que significa culturalmente, representan un foco latente de todo tipo de enfermedades.

Un jugador clave para que el conflicto mantenga su volumen han sido los Emiratos Árabes Unidos (EAU), que en los últimos años se han convertido en el gran financista del terrorismo en África, donde, según el país o la región, apoyan a khatibas tributarias de al-Qaeda o del Daesh. ¿De qué otra manera, si no, se puede entender la evolución extraordinaria del Grupo de Apoyo al Islām y los musulmanes o del Estado Islámico para el Gran Sahara, en el Sahel, que amenaza gobiernos y bloquea capitales de millones de habitantes, como si apenas fueran villorrios? Mientras, otros grupos, como al-Shabaab en Somalia, Boko Haram y el Estado Islámico en la Provincia de África Occidental de Nigeria, Ansar al-Sunna (Mozambique) o el Estado Islámico en la República Democrática del Congo, las antiguas Fuerzas Democráticas Aliadas, además de facciones de estas milicias que ya incursionan en algunos países del Golfo de Guinea, y más allá de su fuerte presencia de militares de los emiratos en el sur de Yemen, asistiendo y financiando grupos separatistas.

Hasta el momento, la comunidad internacional ha tolerado el accionar de los EAU, sin sanciones de ningún tipo, como si detrás de ellos hubiera intereses mucho más poderosos que ellos, como podrían ser los Estados Unidos e Israel.

Es por esto que el general al-Burhan, de hecho, presidente de Sudán, ha denunciado en varias oportunidades ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que empresas de seguridad privadas de origen emiratí, como Global Security Services Group (GSSG), con sede en Abu Dabi, se encuentran detrás de la contratación de instructores y mercenarios para asistir a las FAR.

Es importante recordar, en este punto, que, tras la toma del palacio presidencial de Jartum por parte del ejército en marzo del año pasado, se encontraron salones abarrotados de cajas de armamento, cuyo etiquetado las vinculaba con Abu Dabi. (Ver: Sudán: La batalla de Jartum). Para concretar estas operaciones, Abu Dabi ha tejido una intrincada red de contactos y trazado rutas de financiación y abastecimiento para hacer llegar recursos y armamento a las Fuerzas de Apoyo Rápido.

Recientes investigaciones de la organización periodística Lighthouse Reports han dado detalles, tras contactar en Libia a desertores de las FAR, del flujo constante de convoyes que desde Libia ingresan a Sudán por el triángulo de Kufra (sureste de Libia), fronterizo con Sudán y Egipto, que se suma a la ruta, hasta ahora más conocida, que es la de Chad. Muchas veces se ha mencionado aquí que aviones de carga fletados por los Emiratos llegan hasta el aeropuerto de la ciudad de Amdjarass, en la provincia chadiana de Ennedi Oriental, a unos cien kilómetros al este de la frontera con Sudán, y desde allí son transportados en camiones hasta la región de Darfur, oeste de Sudán, que desde el comienzo de la guerra estuvo bajo el control de los paramilitares. Ver: Chad-Sudán, la frontera de las viudas.

Mientras que, en el este y el sur de Libia, territorios controlados por Khalifa Haftar, jefe de la facción armada conocida como Ejército Nacional Libio (ENL) y otras milicias asociadas, permiten que la región de Kufra se haya convertido en un santuario de las FAR, donde han establecido campamentos, campos de entrenamiento, arsenales y hospitales en Seweidiya, cerca de la ciudad de al-Kufra.

Mientras que, a tan solo una veintena de kilómetros de la ciudad de Bengasi, cuartel general de las fuerzas de Haftar, funciona lo que se conoce como Campamento 17, una antigua base del ENL donde mercenarios, aparentemente colombianos, contratados y pagados por los Emiratos, entrenan a combatientes de las Fuerzas de Apoyo Rápido en el manejo de drones y armas pesadas, como ametralladoras pesadas DShK y lanzacohetes múltiples RPG.

Según el informante, allí, en las últimas semanas, se incrementó el movimiento de personas, transportes de tropas y vehículos de carga, “como si se estuviera en la fase final de algo importante”. Lo que, para algunos, es el prólogo del asalto final a la ciudad de El Obeid, capital de Kordofán del Norte (Sudán), donde se acaba de conocer que en los últimos meses murieron unos 300 niños de hambre.

Según el reciente informe de Lighthouse Reports, que se acaba de conocer, el armamento destinado a los paramilitares de Sudán llega por barco al puerto de Bengasi y, desde allí, por vía aérea, es enviado a bases del interior del país, tras lo que es transportado en camiones hasta Kufra, un desierto extremadamente árido de aproximadamente 50 kilómetros de largo y 20 de ancho, cuya escasa población y su proximidad a la frontera con Sudán la hacen una privilegiada posición estratégica.

Estos señalamientos han sido rechazados tanto por el ENL como por los paramilitares sudaneses, que insisten en que ellos están haciendo la guerra por su cuenta, sin recibir apoyo de nadie. Mientras que, por su parte, los Emiratos jamás han mencionado nada respecto a las acusaciones. En este contexto se conoció que Egipto, aliado de las fuerzas del general al-Burhan, realiza ataques aéreos esporádicos contra caravanas de camiones que pretenden llegar con armamento a Sudán, para aprovisionar a las FAR.

El-Obeid: el desastre pendiente

Mientras todo esto sucede, la ciudad de El-Obeid la capital de Kordofán del Norte, con más de medio millón de habitantes, se prepara para un próximo asalto de los paramilitares, quienes desde hace más de un mes han establecido un cerco, como parte de su intento por acercarse nuevamente a Jartum. (Ver: Sudán: el-Obeid, paisaje anterior a la batalla) y reiterar la masacre cometida en la ciudad de el-Fasher, tras conquistarla en noviembre pasado, donde algunas cifras hablan de hasta 60 mil civiles muertos. Ver: Sudán: La caída de El Fasher o cómo exceder el exceso.

En los recientes estudios acerca de la asistencia del general Haftar a los paramilitares de Sudán, se ha detectado que en el grupo capitaneado por Hemetti Dagalo, es inminente el asalto tan anunciado, lo que abrirá una nueva faceta de la guerra, que sin duda incrementará las muertes de civiles y la destrucción de lo que todavía quede en pie, en una guerra donde los muertos se acercan al medio millón, los desplazados a los 15 millones y donde aproximadamente un millón de niños están en situación de desnutrición aguda.

Las fuerzas paramilitares en estos momentos están en la fase final, previa al asalto a el- Obeid, donde con seguridad se repetirá la matanza de el-Fasher, para continuar una guerra por interés económicas y alimentada con la vida de millones de sudaneses.

 

 

 


*Escritor y periodista argentino. Analista Internacional especializado en África, Medio Oriente y Asia Central.

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