El Papa León XIV en Uruguay: Pidió que «la persona que trabaja no quede reducida a una simple pieza prescindible dentro del proceso productivo»

Por Redacción

En el marco de su visita a Uruguay, el Papa León XIV llamó a los católicos a defender el bien común, garantizar la dignidad del trabajo, proteger la vida y construir una economía al servicio de toda la sociedad. Ante unas 30 mil personas reunidas en la Plaza Independencia de Montevideo, el Sumo Pontífice tomó como referencia la historia del Éxodo del Pueblo Oriental y el pensamiento de José Gervasio Artigas para reflexionar sobre la autoridad pública, la igualdad de oportunidades, la solidaridad y los desafíos del desarrollo tecnológico.

En ese marco, su Santidad expresó: «Desde este primer encuentro deseo hacer llegar mi saludo a todos los uruguayos, dondequiera que se encuentren. Durante estos días tendré la alegría de recorrer algunos lugares de esta tierra, acercarme a su historia y encontrarme con hombres y mujeres que, en realidades muy diversas, forman parte de la vida del país. Al comenzar mi visita deseo poner bajo su protección a quienes encontraré en mi camino. Su presencia acompaña una página decisiva de la historia nacional y continúa reuniendo hoy a generaciones muy distintas de uruguayo».

Asimismo, el Papa recuperó la memoria histórica del pueblo uruguayo y destacó la representación en el monumento de la Plaza Independencia, obra del escultor Angelo Zanelli. A partir de sus relieves, el Papa recuperó el pensamiento político de José Gervasio Artigas y su concepción de la autoridad como expresión de la voluntad popular: «En lo alto del monumento, Artigas aparece solo, a caballo. Más abajo, en el relieve frontal, vuelve a aparecer entre sus hombres, formando parte de aquella multitud. Este detalle trae a la memoria unas palabras que pronunció poco después ante los representantes orientales reunidos en el Congreso de abril de 1813: ‘Mi autoridad —dijo— emana de vosotros y ella cesa por vuestra presencia soberana’».

El Pontífice afirmó que la frase de Artigas reúne “el origen de la autoridad y la responsabilidad de quien la ejerce”. En esa línea, remarcó que el ejercicio del poder público debe estar subordinado al bien común y a las necesidades del pueblo. El Papa extendió esa responsabilidad a las generaciones futuras y a la administración de los bienes naturales. Al respecto, expresó que el bien común “comprende también la responsabilidad de transmitir a quienes vendrán después los bienes que hoy hemos recibido”.

Reconoció los avances de Uruguay en materia energética y la transformación de su matriz de generación eléctrica, sustentada mayoritariamente en fuentes renovables. Sostuvo que «pensar a largo plazo significa precisamente administrar estos bienes sin comprometer las posibilidades futuras».  En esa línea destacó que el desarrollo «plantea ahora nuevos desafíos en el transporte, la producción y el uso responsable de la tierra, el agua y la energía. Pensar a largo plazo significa precisamente administrar estos bienes sin comprometer las posibilidades futuras».

Otro de los ejes centrales del mensaje fue la protección de la vida desde sus comienzos. Al detenerse en uno de los relieves del monumento, que representa a una mujer con un bebé en brazos, el Papa destacó el significado de esa imagen como expresión del cuidado y la responsabilidad colectiva. El Santo Padre manifestó que “quien todavía no ha nacido pertenece ya a la familia humana y al futuro de su pueblo. Su dependencia absoluta de la madre no disminuye la dignidad que le corresponde ni la protección que merece. Jesús mismo quiso asumir esta condición al encarnarse”.

La protección de las infancias, la educación y el acceso al trabajo formaron parte de esa misma reflexión. León XIV señaló que la formación debe ofrecer herramientas concretas para la autonomía personal y la participación social. Aseguró que «la formación recibida ha de abrir también oportunidades concretas para incorporarse a la vida laboral, poner en práctica lo aprendido y adquirir autonomía mediante el propio esfuerzo».

Por otro lado, se refirió al uso tecnológico y remarcó que «el desarrollo de estas tecnologías debe ampliar las capacidades humanas, facilitar tareas y crear nuevas posibilidades, procurando que la persona que trabaja no quede reducida a una simple pieza prescindible dentro del proceso productivo». Del mismo modo, añadió que «quienes forman parte de un mismo pueblo pueden partir de situaciones muy diferentes y disponer de recursos desiguales. Por ello, la manera en que se organiza y orienta la economía termina repercutiendo directamente en las condiciones de vida de las personas y en sus posibilidades de construir su propio futuro». Exhortó a Uruguay que los «frutos» de la economía se repliquen en «bienes y oportunidades que alcancen efectivamente a todos».

En otro tramo de su intervención, León XIV recuperó la imagen de una anciana que avanza con dificultad y recibe el apoyo de otras personas, representada en los relieves del monumento. A partir de esa escena, cuestionó cualquier concepción de la dignidad humana basada exclusivamente en la productividad o la autonomía individual. El Papa enfatizó que «quienes necesitaban apoyo para continuar formaban parte de aquel pueblo. Su pertenencia no dependía de la fuerza, la autonomía o la capacidad de aportar. Tampoco hoy puede medirse el valor de una persona por lo que produce, por su trabajo o por su capacidad de valerse por sí misma».

El Santo Padre, incluyó en su mensaje a la que atraviesan enfermedades, discapacidades, situaciones de exclusión, desempleo o pérdida de autonomía. El Pontífice recordó las dificultades que enfrentan quienes no cuentan con recursos para acceder a un diagnóstico oportuno o recibir los tratamientos necesarios: «La Iglesia desea colaborar con cuantos trabajan por aliviar el dolor cuando es posible y por sostener a la persona cuando este no puede ser eliminado. A esta tarea común aporta lo que le es propio: una esperanza que no se extingue cuando los recursos humanos encuentran su límite y que recuerda a quien atraviesa la prueba que su vida conserva siempre un sentido y un valor«.

Para el Papa, la salud mental es uno de los ejes centrales sobre los cuales las políticas de prevención deben poner el foco. En tal sentido, puntualizó que “ante la dolorosa realidad del suicidio, la atención sanitaria, los vínculos familiares y la cercanía de la comunidad resultan inseparables. Nadie debería llegar a sentirse extraño entre los suyos ni pensar que su ausencia importa menos que su presencia”.

En el cierre de su discurso, León XIV se refirió a la diversidad cultural, social y religiosa que caracteriza a Uruguay. Reivindicó la convivencia entre personas con distintas procedencias, creencias y convicciones como un componente de la identidad nacional y convocó al Estado a garantizar condiciones de libertad y respeto para todos. Al respecto, sostuvo que corresponde al Estado “garantizar un espacio en el que creyentes y no creyentes puedan convivir con libertad y respeto, porque hay valores que son universales”.

Para concluir, el Papa volvió sobre el significado de los relieves del monumento a Artigas y su representación de un pueblo que construye una historia compartida. León XIV afirmó: “Los relieves de este monumento se prolongan por las cuatro caras del pedestal […]. En aquella multitud podemos reconocer algo que permanece en la vida del Uruguay: la responsabilidad de unos hacia otros, que permite a personas de distintas generaciones y condiciones continuar construyendo una historia común”.

La reivindicación de la soberanía popular, la centralidad del trabajo, la distribución de las oportunidades, el cuidado de los más vulnerables y la solidaridad atravesaron el primer mensaje de León XIV en Uruguay. En la apertura de su viaje apostólico por América Latina, el Pontífice recuperó la tradición artiguista para situar la responsabilidad colectiva y el bien común como principios fundamentales de la convivencia nacional.

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