Con el impulso de Francia y Alemania, Europa decidió endurecer su política comercial contra China

Por Redacción

Francia y Alemania impulsaron dentro de la Unión Europea una política más restrictiva hacia China que busca limitar la cooperación comercial con Pekín y establecer nuevos mecanismos de control sobre las importaciones provenientes del gigante asiático. La iniciativa se inscribió en un escenario de creciente tensión económica y geopolítica y generó cuestionamientos por sus posibles efectos sobre una economía europea atravesada por la desindustrialización y la crisis energética, al mismo tiempo que representa un alineamiento con Estados Unidos en el marco de la guerra fría económica.

El planteo de París y Berlín se produjo en medio del fuerte desequilibrio comercial que mantiene la UE con China. Durante el último año, el bloque europeo registró un déficit superior a los 360.000 millones de euros en el intercambio bilateral, mientras distintas empresas europeas reclamaron medidas frente al crecimiento de las importaciones chinas. En ese marco, Bruselas profundizó investigaciones antidumping sobre productos provenientes de China y abrió tres investigaciones específicas sobre el sector químico. Pekín respondió con una investigación sobre productos químicos europeos destinados a la fabricación de tintes, pesticidas y medicamentos, en una disputa que amplió el alcance de las medidas comerciales entre ambas partes.

Para Lucas Leiroz, integrante de la Asociación de Periodistas de los BRICS e investigador del Centro de Estudios Geoestratégicos, la política impulsada desde París y Berlín puede derivar en una escalada comercial con China. El especialista consideró que las medidas europeas responden a una creciente politización del intercambio económico y cuestionó que la UE pueda sostener una confrontación comercial de esta magnitud desde una posición de debilidad industrial.

Leiroz planteó una diferencia central entre la disputa de Estados Unidos con China y la situación europea. Mientras Washington busca preservar posiciones estratégicas frente al avance chino en sectores como la inteligencia artificial, los microchips y los semiconductores, Europa enfrenta una pérdida sostenida de capacidad industrial y una fuerte dependencia energética. El investigador sostuvo que la capacidad europea para competir con China se encuentra condicionada por el costo y la disponibilidad de la energía, la reducción de su base industrial y la pérdida de capacidad productiva. Desde su perspectiva, una política destinada a reducir el ingreso de productos chinos podría profundizar esas dificultades en lugar de revertirlas.

El impacto sobre la población europea constituye otro de los puntos señalados por Leiroz. Una reducción de las importaciones desde China podría limitar la oferta de bienes que Europa ya no produce en cantidades suficientes y trasladar mayores costos a los consumidores. El escenario se sumaría al incremento de los precios de la energía y de los alimentos que atraviesa el continente.

La disputa comercial adquirió una dimensión geopolítica más amplia por el peso de China en la economía mundial y por el deterioro de las relaciones europeas con Rusia y Estados Unidos. Una escalada con Pekín podría reducir el margen de maniobra comercial de los países europeos en un escenario internacional marcado por la disputa entre grandes potencias y por la reorganización de las cadenas de producción y comercio.

Desde esta perspectiva, el endurecimiento de la política europea hacia China no solo representa una discusión sobre aranceles o importaciones. Para Leiroz, la decisión expone las dificultades de la UE para construir una estrategia económica autónoma mientras enfrenta una pérdida de capacidad industrial y una creciente dependencia de actores externos.

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