Los bombardeos pakistaníes del jueves primero de octubre contra posiciones afganas confirman la reactivación de la guerra entre ambas naciones que, si bien comenzó a finales de febrero, después de una serie de intensos conatos que incluyeron bombardeos a Kabul y muchos choques fronterizos, a partir de febrero con algunas acciones que incluyeron el ataque al centro psiquiátrico Omid de la capital afgana, donde se atendían a adictos de la heroína, una verdadera plaga en el país, que dejó 400 muertos y más de 500 heridos, desde entonces hasta el mes pasado se podría definir al conflicto como de baja intensidad. (Ver: Afganistán: los mullahs en su laberinto).
El 18 de septiembre, el ataque suicida contra una mezquita cercana a una estación policial en la ciudad de Kohat, provincia de Khyber Pakhtunkhwa (K-P), fronteriza con Afganistán, que dejó una treintena de muertos y más de 100 heridos, ataque que fue reivindicado por Ittihadul Mujahideen Pakistan (Guerreros Unidos de Pakistán), liderado por un antiguo emir del TTP, Hafiz Gul Bahadur, que contaría también con bases en Afganistán, lo que ha sido el disparador para que las acciones se intensificaran, al que Islamabad respondió con un ataque aéreo contra diez blancos afganos.
A fines de ese mes, Kabul denunció que había neutralizado a una treintena de combatientes y tomado prisioneros a otros 32, que se infiltraron desde Pakistán hacia la provincia de Nuristan, al este del país. Si bien no se ha conocido quiénes podrían ser esos muertos y detenidos, se sospecha que, como desde la guerra antisoviética en Afganistán, Islamabad tiene una red de pasos en la frontera por donde, según el caso, filtra combatientes y armamento, por lo que muy posiblemente lo denunciado por Kabul pertenezca a alguno de los grupos antitalibanes que operan contra el mullah Hibatullah Akhundzada, el líder supremo del Emirato Islámico de Afganistán.
El Frente de Resistencia Nacional de Afganistán (FRN) de Ahmad Massoud (hijo del histórico comandante Ahmad Shah Massoud) y el exvicepresidente Amrullah Saleh. El Frente de Libertad de Afganistán (AFF) es un grupo armado activo desde marzo de 2022. El Movimiento de Liberación de Afganistán (ALM) está formado por antiguos miembros del Ejército Nacional Afgano (ANA), creado por los Estados Unidos durante la ocupación. El más poderoso de todos ellos es el Daesh Khorasan, que fue creado por la CIA en 2014 con milicianos llevados desde Siria. Como sucedió el pasado jueves, lo que, según Islamabad, tuvieron como objetivos algunos almacenes de armas y municiones, en los que, además, murieron 22 milicianos del TTP, mientras que Kabul denuncia que, en realidad, murieron una decena de civiles, entre los que se incluyen mujeres y niños.
Desde la llegada del talibán al poder en agosto de 2021, Pakistán ha denunciado en innumerables oportunidades el incremento de las acciones del TTP, tanto contra objetivos civiles como militares en su territorio, lo que generó más de cuatro mil muertes. Acciones que, según el gobierno del primer ministro Shehbaz Sharif, son por lo menos toleradas por la dirigencia del talibán. Lo que Kabul, obviamente, niega y, al tiempo, deslinda su responsabilidad acerca de cualquier tipo de asistencia y colaboración con los muyahidines vecinos.
En este marco, hay que entender que los talibanes pakistaníes, durante años, participaron junto a los afganos en la guerra contra la ocupación norteamericana, por lo que es lógico que aquella alianza perdurase, por lo menos bajo cuerda, posiblemente a cargo de mandos medios afganos de cuadros de inteligencia, considerando, además, que mayoritariamente y, sobre todo, la cúpula del gobierno afgano, pashtunes, el grupo étnico más numeroso de Afganistán y el segundo en Pakistán, que, al igual que la mayoría de los combatientes del TTP, por lo que posiblemente se vean obligados por el Pashtunwali (el Camino del Pashtun), un estricto código de honor y conducta al que esta etnia respeta tanto como al Corán mismo, lo que hace prácticamente imposible que sea violado. Una lógica quizás exótica en Occidente, que algunos pueblos todavía conservan por primitivo que resulte.
Más allá de todo, el TTP es una organización independiente que lucha contra el Estado pakistaní y que, además de los mullahs del norte, cuenta con otros recursos para continuar su lucha.
Kabul tiene cuentas pendientes con Pakistán, más allá del TTP. Algunas de estas cuentas son tan remotas como la época en que los británicos trazaron la línea Durand en 1893. Esta línea delimitó Afganistán del entonces Raj británico y fue trazada por sir Henry Mortimer Durand. Ningún gobierno de Kabul ha reconocido este trazado. Más cuando esa línea separa en dos la patria de los pashtunes. Lo que provoca en el interior de Pakistán, que en sí mismo es un artificioso resultado de la pésima Partición de India británica en 1947, constantes tensiones separatistas no solo con los pastunes asentados fundamentalmente en Khyber Pakhtunkhwa, aunque también hay fuertes expresiones separatistas en Baluchistán y las provincias de Sindh y Punjab, donde las disputas no son solo territoriales, sino también culturales e identitarias.
No es tan lejana como la línea Durand. Existe una tensión entre los talibanes y cualquiera que gobierne desde Islamabad. Ellos nunca olvidarán el servicio que Pakistán brindó a los Estados Unidos y a toda la coalición internacional que luchó contra ellos desde 2001 hasta 2021.
Cuando en noviembre de 2001, el entonces subsecretario de Estado norteamericano, Richard Armitage, advirtió al general Pervez Musharraf, presidente de Pakistán, que, bien: “Pakistán podía unirse a la coalición internacional o ser bombardeado hasta la ruina”.
Terceros en discordia
La rivalidad de Pakistán con la India, producto de este contexto, no es una cuestión marginal, sino un factor que ha ido tomando mayor volumen al tiempo que la relación Kabul-Islamabad se deteriora. A pesar de que Afganistán siempre estará presionada por Pakistán por carecer de salida al mar, por lo que para el ingreso y salida de mercaderías depende siempre de sus puertos.
Lo que Islamabad hace con solo cerrar sus fronteras es hacerse de un arma letal para la economía afgana. Por lo que los talibanes, para depender menos de su Pakistán, deben encontrar nuevos socios económicos y políticos, el que tiene un solo nombre: Irán, mientras China cada vez está más preocupada por sus múltiples inversiones en los dos países en conflicto.
Aunque los terceros a los que refiere este subtítulo no son los persas, sino los indios, los ucranianos, los bielorrusos y, claro, los rusos y los norteamericanos, que han aterrizado de emergencia en las alturas del Hindu Kush, llevando hasta Asia Central la guerra que se libra en Europa Oriental desde hace más de cuatro años. Información reciente ha develado un entramado que tiene mucho que ver con la crisis afgano-pakistaní y quizás también con la nueva fase a la que ha entrado, ya que recientes informaciones señalan que India estaría financiando la compra por parte del Talibán de drones bielorrusos, aunque para muchos analistas esta información tendría más que nada la intención de perjudicar a Minsk, en su alianza con Rusia. Y como prueba de ello, Islamabad dice tener resto de un dron bielorruso derribado en su territorio, del que hasta ahora no ha mostrado nada.
Sí, es cierto que Afganistán ha cerrado un acuerdo técnico-militar con Moscú para la reparación de equipos de fabricación rusa, de lo que Bielorrusia no es ajena, ya que está integrada al complejo militar-industrial de Rusia. Mientras informó el ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, que Ucrania ha comenzado a tercerizar el envío de armas y municiones de Occidente al Daesh Khorasan, la mayor fuerza de oposición al Emirato afgano, utilizando la extensa frontera en común con Pakistán. Lo que, de confirmarse esta información, se entendería de que Rusia permitiese a India la adquisición de material bélico de su único aliado en Europa.
Lo que repercutiría en la ya muy confusa relación que mantiene Islamabad con Moscú, con quien coquetea con la posibilidad de acuerdos en el área de la energética, aunque todos saben y el presidente Vladimir Putin, mejor que nadie, que el Gobierno de Shehbaz Sharif no mueve un papel sin el visto bueno de Washington, que parece haber conseguido llevar una guerra europea a las alturas del Hindu Kush.
*Escritor y periodista argentino. Analista Internacional especializado en África, Medio Oriente y Asia Central.
*Por Guadi Calvo 