Unitario y oligarcón: Jorge Macri atacó a los habitantes de la provincia de Buenos Aires y aseguró que será «un muro contra la barbarie»

Por Redacción

En el acto de incorporación de 650 agentes policiales que efectivizó en el Instituto Superior de Seguridad Pública porteño, Jorge Macri dejó en evidencia su desprecio por los habitantes de la provincia de Buenos Aires, a los que calificó como bárbaros. Durante el encuentro que se desarrolló este miércoles en el estadio del club Deportivo Español, en Parque Avellaneda, el jefe de Gobierno de la Ciudad demostró su vocación unitaria, liberal y represiva, al señalar: «nosotros vamos a ser un muro contra la barbarie».

En línea con el pensamiento reaccionario de Javier Milei, Macri atacó a las y los bonaerenses y aseguró que «los enemigos del estilo de vida de los porteños no son bienvenidos. Los que crean que pueden venir o entrar a la Ciudad a delinquir se equivocaron: acá se viene a trabajar, a invertir y a estudiar». Del mismo modo, sostuvo que «si del otro lado de la General Paz reina el caos y el desorden, nosotros vamos a ser un muro contra la barbarie y el desgobierno del gobernador (Axel) Kicillof. Vamos a defender nuestro estilo de vida: es con ley y es con orden».

Condescendiente con el proyecto civilizatorio de la oligarquía porteña, remarcó: «En la Ciudad decidimos trazar una línea muy clara: de un lado, la gente honesta, los porteños de bien; del otro, los que eligen vivir al margen de las normas. O se controla el territorio o lo dominan los delincuentes. Y esta Policía lo tiene muy en claro. Acá no hay espacio para la duda: el delito se persigue en cada metro cuadrado y no hay zonas liberadas».

Asimismo, Macri celebró la represión contra los habitantes de los barrios humildes de la ciudad más rica del país: «El éxito del operativo Tormenta Negra no fue un hecho aislado: es una política de seguridad que vamos a sostener, porque la ley y el orden deben estar presentes en todos los barrios de la Ciudad. Igual que hicimos con los manteros, cuadra que se libera, cuadra que se recupera para siempre».

En esa línea, el jefe de la Policía Porteña, Diego Casaló, manifestó que «somos implacables en la persecución del delito. Al delincuente hay que correrlo, hay que atraparlo y ponerlo a disposición de la Justicia. Esa es nuestra premisa de todos los días: tenemos que cuidar a los vecinos». Lo que no aclaró el funcionario público es que la fuerza se convirtió en el brazo violento de la gestión liberal en la Ciudad, dedicada a perseguir a pobres y a trabajadores que padecen las injusticias que producen las políticas antinacionales.

La gestión reaccionaria se jactó de devolver «a sus legítimos dueños 835 propiedades usurpadas que funcionaban como aguantaderos de delincuentes», en barrios como Constitución, Balvanera, San Telmo, La Boca, Almagro y Palermo. La mayoría de ellos, ubicados en la zona sur de la ciudad y con graves problemas habitacionales. Al mismo tiempo, la administración unitaria ponderó el accionar represivo contra las y los trabajadores de la economía popular para desocupar «68 kilómetros lineales ocupados por manteros en Once, Flores, Liniers, Retiro, Constitución y Parque Patricios». Macri equiparó a la gente que se gana el pan con el fruto de su trabajo con delincuentes y los culpó por el perjuicio que acumulan los comerciantes. De esta manera, excusó al gobierno libertario como generador de la crisis económica.

El aparato represivo de la Ciudad cuenta con 28 mil oficiales, 400 patrulleros entre camionetas, motos, unidades de traslado y 200 bicicletas. La administración liberal porteña desistió de la inversión social y enfocó el gasto en la adquisición de 7.000 chalecos antibalas con sistema de geolocalización para el rastreo de los efectivos en tiempo real y en más de 600 armas Taser y Byrna para agredir a trabajadores y jubilados.

 

 

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