Por Redacción
El gobierno de Javier Milei firmó un acuerdo militar con Estados Unidos para poner en marcha el “Programa para la Protección de los Bienes Comunes Globales”, una iniciativa impulsada por el Comando Sur que prevé extender operaciones de vigilancia marítima en el Atlántico Sur durante los próximos cinco años. La decisión oficial ratificó el rumbo semi-colonial de la política exterior de la administración libertaria. El alineamiento unilateral con Washington destruye todo principio de soberanía y somete a la población a la injerencia militar estadounidense, en un contexto geopolítico donde la gestión de Donald Trump pierde centralidad.
La firma del convenio fue anunciada por el Comando Sur de Estados Unidos, organismo dependiente del Departamento de Defensa encargado de supervisar operaciones militares en América Latina y el Caribe. Según informó la estructura militar estadounidense, el programa apunta a “defender los bienes comunes globales y fortalecer la seguridad regional”. Esta política, diagramada por el plan estratégico regional de Trump, abre las puertas a la apropiación de los recursos naturales argentinos por parte de los que Milei asume como un protectorado colonial, que no es más que el gobierno de Estados Unidos.
Como si fuera un chiste de mal gusto, la primera etapa del plan contempla la entrega de una cámara especializada para una aeronave de patrullaje de la Armada Argentina. No obstante, el plan incluye, a futuro, equipamiento militar avanzado, entrenamiento operativo y asistencia para tareas de intercepción marítima en el Atlántico Sur. La Carta de Intención quedó rubricada por el contraalmirante Carlos Sardiello, en representación de las Fuerzas Navales del Comando Sur y la Cuarta Flota de Estados Unidos, y por el almirante Juan Carlos Romay, en nombre de la Armada Argentina. Lo que representa una nueva traición a la defensa de los intereses nacionales por parte de la superestructura de las Fuerzas Armadas.
El acuerdo se suma a una serie de decisiones políticas y militares que profundizaron la relación entre el gobierno de Milei y la administración de Donald Trump. El nuevo entendimiento consolida una política de subordinación estratégica hacia Estados Unidos en materia de defensa y soberanía territorial. Como gesto de sumisión, el pasado 30 de abril, Javier Milei visitó el portaaviones USS Nimitz, una de las embarcaciones de guerra más grandes de la flota de Estados Unidos, fondeada a 27 kilómetros de Mar del Plata.
En esa ocasión, el libertario recorrió el buque de 330 metros junto a autoridades militares estadounidenses y participó de ejercicios conjuntos organizados por el Comando Sur, la Embajada de Estados Unidos y la Armada Argentina. La aproximación entre la Casa Rosada y la estructura militar estadounidense se sostuvo desde el inicio de la gestión libertaria. En abril de 2024, Milei viajó a Tierra del Fuego para reunirse con la entonces jefa del Comando Sur, Laura Richardson, luego de recibirla en la Casa Rosada. Allí, fue notificado de los planes que la administración republicana tenía para la Argentina, Milei no puso objeción alguna y aceptó hacer el papel de lacayo del imperio.
La relación se estrechó durante 2025. En agosto de ese año, el liberal recibió al nuevo titular del organismo militar estadounidense, Alvin Holsey, para avanzar en el despliegue de 4 mil infantes de marina en las costas sudamericanas. Las reuniones se desarrollaron en Presidencia y en el Ministerio de Defensa. Meses después, en octubre de ese año, Milei autorizó por decreto el ingreso de tropas de Estados Unidos a Ushuaia para realizar ejercicios militares conjuntos. La medida evitó el tratamiento legislativo pese a que la ley establece que el Congreso debe aprobar anualmente los planes de maniobras militares extranjeras en el país.
Esa decisión reactivó las críticas sobre el proyecto oficial para instalar una base naval conjunta con Estados Unidos en Ushuaia, una iniciativa que el gobierno libertario presentó como parte de su estrategia de cooperación militar con Washington y que distintos sectores políticos y sociales interpretan como un nuevo avance sobre la soberanía argentina en el Atlántico Sur.
Con este nuevo acuerdo Milei ratifica la condición colonial de Argentina al mismo tiempo que posibilita la toma territorial por parte de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos. Vulnera la soberanía nacional y expone la condición entreguista de su gobierno. El Atlántico Sur es un espacio en disputa, la ocupación de GranBretaña en Malvinas evidencia que la territorialidad nacional es persistentemente vulnerada, algo que no parece preocuparles a los siervos libertarios.