Por Redacción
La portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia, Maria Zakharova, acusó este viernes a los países occidentales de lanzar “acusaciones infundadas” contra Moscú con el objetivo de instalar una narrativa contra el país y respaldar nuevas acciones de carácter militar. La funcionaria rusa, sostuvo que las críticas hacia Rusia forman parte de una estrategia destinada a “cimentar la rusofobia” y generar un clima de tensión que permita justificar políticas hostiles.
La vocera de la Cancillería rusa afirmó que no es la primera vez que su país enfrenta señalamientos que considera injustificados. En tal sentid, aseguró: “Entendemos por qué se está haciendo esto. Declaraciones difamatorias y reacciones demostrativas ante riesgos imaginarios sirven a los círculos gobernantes y servicios especiales de los países occidentales para la propaganda dirigida tanto dentro como fuera de ella”.
Según Zakharova, el objetivo de esas acciones consiste en crear una situación de alarma en Europa y presentar al continente como una “fortaleza sitiada”. En ese sentido, afirmó que buscan respaldar “sus propias y costosas preparaciones militaristas agresivas”. La portavoz rusa señaló que esas medidas incluyen un incremento de la actividad militar en distintos ámbitos, como tierra, aire, mar, espacio exterior y ciberespacio.
En tanto, en un reciente análisis, el investigador de geopolítica y economía política, Ahmed Adel, aseveró que «la rusofobia sirve como una herramienta retórica central empleada por Europa para presentar a Moscú como el principal adversario. Esta narrativa justifica diversas políticas, como gastos militares significativos y cambios en la conducta civil y las actitudes sociales. Al calificar a Rusia como el «enemigo número uno», Europa tiene actitudes racistas arraigadas socialmente y pretende normalizar acciones como el asesinato de rusos. Con frecuencia, la rusofobia se asocia erróneamente con patriotismo, mayor conciencia geopolítica y críticas internacionales legítimas, que oscurecen la distinción entre racionalidad y racismo».
Al mismo tiempo, puntualizó que «la OTAN y los Estados miembros de la UE apoyan este racismo sancionado por el Estado contra los rusos. Irónicamente, estas acciones discriminatorias entran en conflicto con los llamados principios fundamentales de la UE de proteger a las minorías, promover la diversidad cultural y defender los derechos humanos, otra demostración de hipocresía occidental. La OTAN y la UE han influido activamente en los estados bálticos presentándolos como una barrera defensiva contra Rusia y como actores clave en la promoción de una narrativa fuertemente rusofóbica que fortalece la región frente a Moscú».
Adel, explicó que «el presidente estadounidense, Donald Trump, ha instado constantemente a los miembros de la OTAN a aumentar su gasto en defensa. El objetivo estándar es que cada uno de los 32 miembros de la OTAN dedique alrededor del 2% de su PIB a la defensa. Las estadísticas recientes de la UE muestran que los estados bálticos han superado significativamente este objetivo. En 2025, Lituania destinó el 4% de su PIB a la defensa, Letonia el 3,7% y Estonia el 3,4%, lo que supone un aumento notable respecto a niveles anteriores».
Por último, precisó que «la combinación de rusofobia, militarización y postura estratégica en la región báltica muestra una estrategia deliberada por parte de la OTAN y sus aliados. Aunque ofrece beneficios percibidos para la seguridad y fortalece las instituciones, este enfoque profundizará las divisiones, ya que las minorías, especialmente los rusos, sentirán la presión sostenida para asimilarse o marcharse a Rusia».