Rodolfo Walsh adelantó la tragedia

*Por José Luis Ponsico 

Perseguido como en el ´57, cuando escribió «Operación Masacre», con la colaboración de Enriqueta Muñiz, aquella notable obra de la literatura, llevada a una crónica periodística, sobre la tragedia política y social de los primeros tiempos de «La Libertadora» (1955/58), basada en una serie publicada por el diario (peronista) «Mayoría» y llevada a un libro de 250 páginas. Relato de los «fusilamientos» de 1956.

Viviendo en la clandestinidad como en el ´57, donde se convirtió en «Freire», apellido impostado, cerca de Merlo, a 45 kilómetros de la Capital Federal, el gran Rodolfo Walsh (*) entre enero y marzo del 77 escribió la «Carta Abierta» a la Junta Militar. Mucho antes se había opuesto públicamente al Régimen de (Pedro Eugenio) Aramburu e (Isaac) Rojas, pero diez años más tarde todo multiplicaba la tragedia.

Lo que sigue es el texto de su Carta Abierta a los genocidas. Un detalle enumerado de seis carillas resumidas.

Uno. «La censura de prensa, la persecución a intelectuales, el allanamiento de mi casa en el Tigre, el asesinato de amigos queridos y la pérdida de mi hija mayor («Vicky» Walsh), murió combatiéndolos, son algunos de los hechos que me obligan a esta forma de expresión clandestina, después de haber opinado como escritor y periodista durante casi treinta años…».

Alude a que había un proceso democrático en marcha. Elecciones convocadas para 9 meses más tarde… El gobierno de Isabel Martínez, a cuyo desprestigio «ustedes colaboraron con la acción represiva…».  En otro párrafo, Walsh alude a que en el 73 el 80% apoyó en elecciones el Proyecto de «Unidad Nacional». En tanto, ustedes apoyaban el documento referido al «Ser Nacional», conocido en mayo del 74″, agrega.

«Una política semejante, prohibiendo los partidos políticos, interviniendo los sindicatos, amordazando la prensa e implantando el terror más profundo que haya conocido la sociedad argentina. Todo carece de destino», subrayó Walsh.

Dos: «Quince mil desaparecidos, diez mil presos, cuatro mil muertos, decenas de miles de desterrados, son cifras desnudas de ese terror. Colmadas las cárceles ordinarias, crearon ustedes en las principales guarniciones del país virtuales campos de concentración, donde no entra ningún juez, abogado, periodista, observador internacional».

«El secreto militar para los procedimientos. La invocación como necesidad de recabar información. Así, utilizando la tortura sin límite y los fusilamientos sin juicio. Más de 7 mil «hábeas corpus» respondidos negativamente. Otros miles de casos de «desaparecidos» ni siquiera presentados por abogados, por temor o sabiendo de antemano que no iban a ser contestados».

«El esquema siniestro de ustedes <como el detenido no existe< no cabe la presentación de parte de la Justicia, intervenida como el Congreso. Los procedimientos remiten a las épocas nefastas. La tortura sin límite. Desde «la picana eléctrica», «el submarino», «el soplete» y el cruel despellejamiento, son algunas de las acciones del terror. Las víctimas, quebradas en su resistencia física, sin resto ni dignidad», siguió.

Tres: «La negativa de la Junta a publicar los nombres de los prisioneros es, asimismo, la cobertura de una sistemática «ejecución» de los rehenes. El modo es en lugares descampados y en horas de la madrugada, con el pretexto de fraguados «combates» e imaginables intentos de «fugas». Un ensayo de «extremistas» que «panfletean» el campo, pintan acequias o se amontonan de a diez en vehículos que se incendian».

«Son estereotipos de un libreto que no está hecho para ser creído sino para burlar la reacción internacional ante las «ejecuciones» sin reglas. «Setenta fusilados tras la bomba a Seguridad Federal. Otros 55 fusilados en respuesta a la voladura del Departamento Policial La Plata. Unos 30 por el atentado al Ministerio de Defensa. También hubo 40 fusilados en la «Masacre de Año» y por la muerte del Coronel Castellanos».

«A todo eso se suman 19 ejecuciones por la explosión que destruyó la Comisaría de Ciudadela, provincia de Buenos Aires. Forman parte de 1.200 «ejecuciones» en supuestos «300 combates», según el Ejército. El oponente no tuvo heridos y las fuerzas a su mando no tuvieron muertos», sostuvo.

Cuarto: «Entre 1.500 y 3.000 personas han sido masacradas. Todo en secreto después que ustedes prohibieron a los medios informar sobre hallazgo de cadáveres que, en algunos casos, han trascendido por afectar a otros países, por su magnitud genocida o el espanto provocado en el exterior. Hubo 25 cuerpos mutilados encontrados en costas del Uruguay, entre marzo del 76 y octubre del 76. ESMA».

«Las cercanías del cruel Centro Clandestino ubicado a orillas del Río de la Plata. Cuerpos mutilados. Un chico de 15 años, Floreal Avellaneda, atado con alambre en pies y manos. En Córdoba, un vecino que buceaba en el Lago San Roque encontró un «cementerio lacustre» y fue horrorizado a la Policía. Allí no quisieron recibir la denuncia -temor al Ejército- y acudió a los diarios. Luego lo publicaron».

«En Buenos Aires, 34 cadáveres entre el 3 y 9 de abril. De ellos, ocho en el barrio de San Telmo. El 4 de julio, 10 arrojados al Río Luján. El 9 de octubre se conocieron las víctimas del 20 de agosto: unos 30 cadáveres apilados a 15 kilómetros de Campo de Mayo (el Ejército) y otros 17 cuerpos sin vida en Lomas de Zamora».

Quinto: «La continuidad histórica con las bandas de ultra-derecha, López Rega y la Triple A, que puso en marcha el terror con «escuadrones de la muerte». Una estadística del terror le atribuye a la «guerrilla» 600 muertos y apenas 10 o 15 heridos. Una proporción poco conocida en graves conflictos. Impresión confirmada en periódicos clandestinos».

«Revela entre el 18 dic. 76 y 3 feb. 77, en 40 acciones reales, las fuerzas legales tuvieron 23 muertos y 40 heridos. La guerrilla, 63 muertos. Desde el exterior llegaba información: <La Argentina «semillero» en crímenes de «lesa humanidad». El Departamento de Asuntos Extranjeros de la Policía Federal, conducido por oficiales «becados» por la CIA. El verdadero cuadro del exterminio», describió.

«Los hechos conocidos sacuden la conciencia del mundo civilizado. La represión indiscriminada es apenas una parte. La política económica explica gran parte de los crímenes. En un año, ustedes, Martínez de Hoz, han reducido los salarios en un 40%. Disminuido la participación en el ingreso en un 30%. Elevaron de 6 a 18 horas la jornada laboral que un obrero necesita para pagar la canasta familiar», disparó Walsh.

«El sistema de «esclavitud» cumplido a «culatazos». Las «bayonetas» congelaron salarios, abolieron las representaciones gremiales obreras. Quedaron prohibidas asambleas de trabajadores. En el primer año hubo 300 mil despedidos. Cayó la actividad industrial. Cierre de fábricas y se advierte el ataque a la industria nacional», denunció.

Sexto: «En una vasta zona del Gran Buenos Aires, fueron secuestrados delegados obreros, aumentó la mortalidad infantil. Se registró un 30% de incremento de enfermedades. Nos iguala a Rhodesia. El impacto de Martínez de Hoz aumentó 6 veces la deuda externa. Alcanza a 600 dólares por habitante (la Argentina en el 77, cercana a los 25 millones de habitantes). Con una inflación anual del 400%».

«Avanza la desnacionalización bancaria. Se ponen el ahorro y el crédito nacional en manos de la banca extranjera. Indemnizan a la ITT y a Siemens; se premia a las empresas que estafaron al Estado. Devolviendo bocas de expendio aumentan ganancias, la Shell y la Esso. Rebajando aranceles aduaneros se crean empleos de Hong Kong y Singapur. En tanto, crece la desocupación en la Argentina».

«La continuidad del terror desde la Triple A ubica a la Argentina en el centro del «Plan Cóndor» (EE.UU., Henry Kissinger), con gravísimos atentados. El asesinato del militar chileno, general Carlos Prats, en Buenos Aires. El último ministro del Ejército del presidente Salvador Allende. El militar trasandino asesinado en un atentado con una bomba en Buenos Aires, en septiembre del 74″.

«Los ex parlamentarios uruguayos Zelmar Michelini y Héctor Gutiérrez Ruiz, en Buenos Aires, acribillados el 20 de mayo del 76. En tanto, en el Tercer Cuerpo de Córdoba, el general Luciano Benjamín Menéndez «ganaba laureles» con el asesinato de Marcos Osatinsky, que estaba detenido en esa provincia con otros 50 prisioneros».

«Todo después de la muerte de Hugo Vaca Narvaja, en una falsa aplicación llamada «ley de fugas» para «ejecutarlos» sin piedad. Mientras el Fondo Monetario Internacional aplica sus propias leyes como las que aplica a Zaire. Recetas para «enterrar» a los países. Dejarlos sin industria nacional y condenarlos a la «esclavitud», sostuvo.

En el cierre, Rodolfo Walsh, fiel a su estilo, dice: «Estas son las reflexiones que en el primer aniversario de su infausto gobierno he querido hacer llegar a los miembros de esa Junta, sin esperanza de ser escuchado. Con la certeza de ser perseguido, pero fiel al compromiso que asumí hace mucho tiempo de dar testimonio en momentos difíciles».

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