Por Redacción
Caída del empleo, aumento de la informalidad y pérdida del poder adquisitivo, son los factores que impulsan la destrucción del mercado interno a través de la ejecución de un modelo económico que posibilita que la oligarquía concentre no sólo más capital, sino mayor poder político. Los sectores exportadores se ven beneficiados por la primarización económica, al tiempo que pierde interés en la economía local.
Según el último informe del Centro de Estudios Scalabrini Ortiz, «la economía argentina actual se estructura sobre una dualidad que no es accidental ni transitoria. Por un lado, se observa un desempeño dinámico de los sectores primarios, que contribuyen a estabilizar el frente externo y se ven fortalecidos por el ingreso de capitales y condiciones locales e internacionales favorables. Por otro, el mercado interno muestra señales persistentes de deterioro: caída del empleo, aumento de la informalidad y pérdida del poder adquisitivo».
Los datos reflejan una economía partida en dos desde noviembre de 2023. Por un lado, sectores primarios vinculados a las exportaciones empujan un crecimiento agregado del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) del 3%. Por el otro, la actividad vinculada al mercado interno continúa en retroceso: si se excluyen los sectores primarios, el EMAE registra una caída del 7%.
La industria y la construcción aparecen entre los sectores más golpeados por el modelo económico libertario. Desde noviembre de 2023 se perdieron cerca de 128 mil puestos de trabajo en ambas actividades, en un contexto donde el crecimiento del agro y la minería no logró compensar el deterioro del empleo. El agro incorporó apenas 7.400 trabajadores en ese período, mientras que la minería perdió 8.800 empleos.
El deterioro laboral atraviesa a toda la economía. Desde la llegada de Milei al gobierno se destruyeron más de 206 mil puestos de trabajo privados registrados y la informalidad alcanzó al 43% de los trabajadores en el cuarto trimestre de 2024.
El frente externo exhibe una mejora sostenida por el desempeño comercial y el ingreso de capitales financieros. Desde octubre de 2025 ingresaron más de 9 mil millones de dólares a través de obligaciones negociables concentradas en sectores primarios. Sin embargo, ese ingreso de divisas convive con una creciente pérdida de competitividad derivada de la apreciación cambiaria y la apertura económica impulsada por el Gobierno.
El tipo de cambio real se ubica más de un 10% por debajo del promedio de los últimos diez años, una situación que afecta especialmente a la producción industrial y a las actividades orientadas al mercado interno. La situación fiscal tampoco muestra la solidez que el oficialismo intenta instalar. Según dato del CESO, los ingresos tributarios acumulan nueve meses consecutivos de caída real y eso ya impacta sobre las cuentas públicas. Durante el primer trimestre, el resultado financiero empeoró un 63% en términos reales frente al mismo período del año anterior.
A la par del superávit comercial que la narrativa oficial ostenta, la Argentina enfrenta fuertes compromisos de deuda externa. Después de los cerca de 10 mil millones de dólares que aún restan pagar este año, el país deberá afrontar vencimientos por casi 35 mil millones de dólares el próximo año entre pagos al Fondo Monetario Internacional, bonos soberanos, Bopreales, repos y otros organismos internacionales.
El esquema económico consolidó un perfil cada vez más dependiente de actividades extractivas y exportadoras, aunque sin generar encadenamientos productivos significativos ni una mejora sustancial del empleo. El CESO explicó que buena parte de las divisas obtenidas queda comprometida al pago de deuda, lo que limita cualquier posibilidad de financiar un proceso de desarrollo económico.
En paralelo, el mapa comercial argentino comenzó a mostrar cambios profundos. Aunque Milei profundizó el alineamiento financiero y geopolítico con Estados Unidos, China se consolidó desde agosto de 2024 como el principal socio comercial de la Argentina. Al mismo tiempo, el incremento de las exportaciones de hidrocarburos hacia Estados Unidos generó un superávit comercial con la potencia norteamericana, mientras el intercambio con China mantiene saldo negativo.
Para el CESO, «de consolidarse ese nuevo patrón comercial, podríamos encontrarnos frente a un triángulo de comercio similar al que ocurriera un siglo atrás cuando la potencia norteamericana entonces emergente, absorbía el excedente logrado con la potencia británica tradicional».