Por Redacción
La Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados (CICCRA) informó que el consumo de carne en marzo cayó un 10 % en comparación con el mismo período del año anterior. La retracción se dio en un contexto de fuertes aumentos de precios por lo que la demanda se ubicó en torno a los 44 kilos por habitante en doce meses.
En los últimos meses, la carne acumuló subas por encima del 70% interanual y varios cortes populares superaron ese nivel. El impacto alcanzó de forma directa a la canasta básica y al Índice de Precios al Consumidor, con consecuencias visibles en el poder de compra. El encarecimiento sostenido llevó a cambios en los hábitos de consumo: muchas familias redujeron la cantidad de carne en su dieta o la reemplazaron por otras proteínas y alimentos de menor costo.
La CICCRA sostuvo que «al agregar estos guarismos, el promedio móvil de los últimos doce meses del consumo per cápita se habría ubicado en 47,3 kilos/año, manteniéndose 3,7% por debajo del promedio alcanzado en marzo de 2025».
Por otro lado, la entidad informó que «las estadísticas de exportaciones de carne vacuna señalaron en febrero un total de 39,95 mil toneladas peso producto (tn pp). Con relación a enero fueron 8,4% inferiores y al compararlas con las certificadas en febrero de 2025 resultaron 1,7% menores. La recuperación de los envíos a China, Países Bajos, Chile y Canadá fue más que compensada por las menores ventas a EE.UU., Israel y Alemania, fundamentalmente».
Mientras tanto, desde el gobierno libertario agitan la «idea» de que el pueblo se aboque a consumir carne de burro. En un país ganadero, como el nuestro, la carne se convirtió en un artículo de lujo para la clase trabajadora. El tradicional asado, por ejemplo, dejó de ser una opción frecuente y pasó a convertirse en un gasto difícil de afrontar en la mayoría de los hogares argentinos.