Por Redacción
El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) informó que la guerra en Oriente Medio, desatada a finales de febrero, podría arrastrar a la pobreza a 32 millones de personas distribuidas en 162 países. Ante esa situación, el Secretario General de la ONU, António Guterres, subrayó que todas las partes deben respetar la libertad de navegación en el estrecho de Ormuz, conforme al Derecho internacional.
El administrador del PNUD, Alexander De Croo afirmó que «la guerra hace retroceder el desarrollo: en pocas semanas, un conflicto puede aniquilar lo que los países han construido a lo largo de los años». Aunque se anunció un alto el fuego en la madrugada del miércoles, el impacto de seis semanas de guerra ya transitó de una fase «aguda» a una «duradera». Cuanto más se extienda esa fase, mayor será el riesgo de que la pobreza se profundice en los países más vulnerables.
El análisis del PNUD reveló que las consecuencias no se circunscriben a los países en combate, sino que castigan con mayor fuerza a aquellos con menos margen presupuestario para absorber el alza en los precios de la energía y los alimentos. Para esas naciones, el dilema es brutal: estabilizar los precios hoy o financiar salud, educación y empleo mañana.
La mitad del aumento global de la pobreza recaería sobre los 37 países importadores netos de energía. Las regiones más expuestas son el Golfo, Asia, el África subsahariana y los pequeños Estados insulares en desarrollo. En los países árabes, las simulaciones indican que cerca de cuatro millones de personas más podrían caer en la pobreza en escenarios de alta intensidad del conflicto. El incremento se concentra en el Levante y en países frágiles como Sudán y Yemen, donde la vulnerabilidad preexistente convierte cada crisis en una pérdida de bienestar más pronunciada.
El PNUD proyectó una caída del PIB de entre 3,7% y 6%, lo que equivale a una contracción de entre 120.000 y 194.000 millones de dólares, concentrada en el Consejo de Cooperación del Golfo y el Levante. En África, el deterioro ya es visible: 29 monedas se depreciaron, lo que encareció el servicio de la deuda externa y las importaciones de alimentos, combustible y fertilizantes. Las disrupciones en el suministro energético del Golfo amenazan el acceso al amoníaco y la urea en plena temporada de siembra —entre marzo y mayo—, con el riesgo de reducir la producción agrícola y agravar la inseguridad alimentaria, especialmente en hogares de bajos ingresos.