Por Redacción
Mojtaba Jamení es el nuevo líder supremo de la República Islámica de Irán, así lo dispuso el último domingo la Asamblea de Expertos. El referente religioso es el segundo hijo de Ali Jameneí, asesinado por la ofensiva militar lanzada en el inicio de la guerra por Estados Unidos e Israel contra el territorio del país persa. Con esta designación, se espera que la posición de Irán respecto a los ataques bélicos se endurezcan. Al mismo tiempo, desarticula la narrativa de Trump y de Netanyahu respecto a la debilidad política del gobierno iraní.
El cargo concentra la autoridad política y religiosa del sistema iraní. Desde esa posición, Jameneí asumió el control de las fuerzas armadas, del poder judicial, de los medios estatales y de las directrices estratégicas del país. Bajo su mando quedan estructuras decisivas como el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica y la milicia Basij.
La designación del nuevo Líder Supremo demuestra que las fuerzas iraníes no han sido vulneradas por Washington y Tel Aviv. La propaganda occidental intenta horadar la integridad del país agredido en la medida que Estados Unidos e Israel padecen el peso de sus malas decisiones. En este contexto, Trump intentó desconocer la autoridad del nuevo jefe espiritual, sin embargo, una multitud en Irán cuestionó al mandatario estadounidense y desarticuló su narrativa.
Mojtaba Jameneí nació en 1969 en Mashhad, uno de los principales centros religiosos de Irán. Su formación se desarrolló en los seminarios chiíes de Qom, el principal polo académico del clero iraní. Allí estudió jurisprudencia islámica y teoría jurídica, disciplinas centrales dentro del sistema político basado en la doctrina del Wilayat al-Faqih, principio que establece que la conducción del Estado corresponde a un jurista religioso capaz de interpretar la ley islámica y dirigir la comunidad.
Su juventud coincidió con uno de los conflictos más determinantes de la historia reciente del país. Con 17 años se incorporó al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica durante la guerra contra Irak, entre 1980 y 1988. Participó en distintas operaciones militares de ese conflicto que en Irán se recuerda como la “Defensa Sagrada”. Esa experiencia consolidó vínculos con cuadros militares y de seguridad que luego ocuparon cargos relevantes dentro de la estructura estatal.
Aunque durante años no ocupó puestos formales en el gobierno, distintos sectores del sistema político lo identificaron como una figura influyente en el entorno del líder supremo. Su nombre empezó a circular con mayor fuerza durante las elecciones presidenciales de 2009. No obstante, su posición, en comparación a la de su padre, es mucho más radicalizada, según distintos expertos.
Su nombramiento expresa la continuidad del proyecto inaugurado por Jomeini y sostenido durante más de tres décadas por Ali Jameneí: defensa de la independencia nacional, rechazo a la hegemonía estadounidense y respaldo a causas regionales como la palestina.