Por Redacción
La crisis en Medio Oriente adquirió una dimensión global por su incidencia geoeconómica. El problema afecta al Caribe y a la región del Pacífico, tanto como a Europa y a América Latina. El precio del valor del petróleo aumentó a los 114,5 dólares por barril y la interrupción del suministro de fertilizantes empezaron a afectar la vida cotidiana. En esas regiones, la suba de costos energéticos y las dificultades logísticas generaron apagones, encarecieron los alimentos y encendieron alertas sobre la seguridad alimentaria.
En el Caribe, la escasez de fertilizantes afectó a los sistemas productivos y puso en riesgo a pequeños agricultores. La región ya enfrenta el costo más alto del mundo para acceder a una dieta saludable y los precios de los alimentos acumulan subas de entre el 55% y el 60% desde 2018. La situación se agravó por la probabilidad del 61% de un nuevo fenómeno de El Niño, que amenaza con profundizar la sequía. Los daños previos de los huracanes Beryl en 2024 y Melissa en 2025 redujeron la capacidad de respuesta de los hogares, indicó un reciente informe de la ONU.
El deterioro de las condiciones económicas y climáticas elevó el riesgo sobre el acceso a los alimentos y los ingresos, con mayor impacto en sectores vulnerables. Sin medidas coordinadas, la crisis internacional puede trasladarse de forma directa a las mesas de las familias más afectadas. En el Pacífico, la tensión en las rutas energéticas, en particular por el bloqueo del estrecho de Ormuz —clave para el 20% del comercio mundial de petróleo y gas—, alteró las cadenas de suministro. Gobiernos de Fiyi, Tuvalu, Islas Salomón y Marshall activaron medidas para preservar combustible, sostener servicios esenciales y contener el impacto social.
La dependencia energética profundizó el problema. El transporte concentra cerca del 70% del consumo de combustible en la región, mientras que en Tuvalu más del 90% de la energía proviene del gasóleo. La funcionaria del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo en el Pacífico, Tuya Altangerel, advirtió: «Estamos al final de la cadena de suministro». Y agregó: «Esta crisis energética está afectando realmente a nuestras comunidades».
Los efectos ya se sienten en cortes de luz y fallas en los servicios. La funcionaria aseguró: «Entendemos que en Tuvalu las comunidades ya están sufriendo apagones diarios». Fiyi registró interrupciones en el suministro, a pesar de su mayor capacidad relativa dentro de la región.
Ante este escenario, Tuvalu declaró el estado de emergencia el 14 de abril, las Islas Marshall dispusieron una emergencia económica por 90 días y las Islas Salomón informaron reservas de combustible para entre 40 y 50 días. Otros países evaluaron medidas frente a posibles subas de tarifas y mayores costos energéticos.
La incertidumbre creció ante la posibilidad de nuevos aumentos del petróleo en las próximas semanas. Altangerel sostuvo que la crisis afectó a diversos estratégicos y añadió que «sin duda afectará a este importante trabajo que estamos realizando». La dependencia de las importaciones y de rutas marítimas estratégicas convirtió a puntos como Ormuz en un factor decisivo para el abastecimiento, los precios y la estabilidad de regiones ubicadas a miles de kilómetros del epicentro del conflicto.