Juan Carlos Schmid: «Hay que dar otra batalla silenciosa, que es la que incluye ganar la mente de la juventud, pero también de amplios sectores de la vida nacional»

Por Gustavo Ramírez 

Los hechos parecen ser circulares en el devenir de la historia política nacional. La constante es que los gobiernos liberales compiten entre sí para ver cuál de ellos queda en los anales temporales como el más reaccionario. El ataque siempre tiene un mismo objetivo: impulsar la disolución nacional a través de la ruptura de las estructuras de organización popular.

Una vez más, la clase trabajadora se tiene que enfrentar a una reforma laboral regresiva que tiene un solo objetivo: retrotraer a los trabajadores a las condiciones materiales del pre-peronismo.  Sistemáticamente, los gerentes de las crisis arremeten contra el trabajo, los trabajadores y las organizaciones sindicales que los contienen y defienden. La narrativa también se repite: la violencia económica y política contra la clase trabajadora se plasma en argumentaciones que hablan de una falsa conformación de nueva prosperidad y que sirven para encubrir la causa real de la aplicación de dichas políticas.

Cada vez que en la Argentina se avanzó contra la clase trabajadora, el resultado fue el mismo: crisis. Sus derivaciones no mejoraron la situación del trabajo y de los trabajadores. Por el contrario, los problemas se agudizaron y se sustentó el desequilibrio a favor del capital. Los que trabajan, sobre todo con este gobierno, no ven mejorar sus condiciones materiales ni de vida. No obstante, el presente cuenta con un factor social que sostiene a la falta de equilibrio que se presenta como ruptura: la batalla cultural.

En este contexto, a horas de una nueva movilización convocada por la CGT, para repudiar y rechazar el avance reaccionario, dialogamos con Juan Carlos Schmid, Secretario General de la Confederación Argentina de Trabajadores del Transporte y de la Federación Marítima, Portuaria y de la Industria Naval de la República Argentina.

Juan Carlos, ¿por qué que cada vez que en la Argentina se instala un gobierno de características neoliberales se ataca al trabajo sin atender a la estructura del capital?

Esto sucede porque desde los ’90 para acá el que ha ganado, digamos, el reconocimiento cultural, académico y filosófico es el capital financiero. Es decir: no es ninguna novedad que desde hace treinta años lo que acá tiene plena vigencia es el partido de las finanzas. Todo el plan económico, el trazado de las medidas económicas que se toman, va direccionado hacia las finanzas, mientras que se hunde el sector industrial.

¿Qué tanto influyó el sostén de la Constitución del ’94 en estas condiciones y por qué creés que los gobiernos populares no avanzaron para transformar ese estatuto liberal?

Porque tengo la impresión de que, primero, esto que acabo de decir ha penetrado fuertemente en el esquema político, de los partidos —valga la redundancia— y de gran parte de la sociedad. En los sectores universitarios están olvidados los economistas que miran la producción, que miran a la industria. El sistema ha ganado en la mentalidad de la gente que cree que el superávit fiscal, el costado externo, el orden monetario, etc., etc., es el agujero del mate para llegar a la felicidad general, y todos sabemos que no es así. Por otro lado, creo que hay una gran cobardía por parte de las fuerzas políticas populares en no abordar en serio esto y dar la pelea en forma definitiva.

Hace unas horas, Jorge Sola, uno de los Secretarios Generales que conduce la CGT, aseguró que una de las batallas que tiene que dar el Movimiento Obrero es la cultural. ¿Coincidís con esta apreciación?

Sí. Claro que sí. De eso estoy hablando, por supuesto. Cuando asumimos en la CATT dije que si nosotros no salimos en la búsqueda de la ciudadanía que no comprende esto y, en todo caso, está rechazando lo que decimos y le damos vuelta la cabeza como una media, difícilmente podamos ganar la batalla únicamente en lo táctico. Es muy bueno que la carta de presentación de la Confederación General del Trabajo sea esta movilización, pero sería un error quedarnos allí. Creo que hay que dar otra batalla silenciosa, que es la que incluye ganar la mente de la juventud, pero también de amplios sectores de la vida nacional que están creídos de que realmente este programa económico puede ser la salvación.

Por último, ¿creés que es posible recuperar, en el corto plazo, la idea de trabajo para la Argentina, teniendo en cuenta cómo ha avanzado la precarización y la informalidad?

Bueno, cuando se habla de batalla cultural es algo que no se cierne únicamente en la frontera argentina. La batalla cultural, yo digo que abarca hoy lo global, la globalización. No es casualidad que estén personajes como Trump, que hace poco haya estado en el gobierno de Brasil un personaje como Bolsonaro, que del otro lado de la cordillera gane la derecha más radicalizada. Que todo lo que está en contra de los Estados Unidos esté envuelto en un entramado de confusión donde está el narcotráfico, el terrorismo, la hegemonía del capital. A mí me da la impresión de que es una batalla que hay que dar en todas las latitudes y no me parece que sea únicamente un problema nacional.

Como bien señala Schmid, el problema del trabajo no es unidimensional. Situarlo en un plano más amplio nos permite tener un panorama más extendido, dado que la situación no solo comprende ribetes ideológicos y políticos, sino también culturales. Por eso es importante dimensionar la lucha del Movimiento Obrero en este contexto y se torna imprescindible escuchar a los representantes de los trabajadores. Por lo general, se deja de lado la escucha del «nosotros» para escuchar la voz monocorde y uniforme del Yo. El sindicalismo suele amplificar la discusión, aunque se trate por todos los medios de minimizar su rol táctico y estratégico.

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