Dante Panzeri: el periodista que se opuso al Mundial ’78

*Por José Luis Ponsico 

Cuenta la leyenda que el poderoso Almirante Carlos Alberto Lacoste estaba enojado con las notas de Dante Panzeri, tras extenso recorrido en el diario «La Prensa», familia Gainza Paz, de reconocido apoyo al Proceso. El eufemismo del gobierno militar. La dictadura.

El marino, hombre del temido Almirante Emilio Eduardo Massera, mantuvo un encuentro reservado con el periodista, reconocido como «un fiscal» por su estilo duro, incisivo, por etapas ácido, siempre valiente. «Escuche Sr. Panzeri, solamente dos personas muy conocidas sobre 25 millones, en forma pública, están en contra del Mundial de Fútbol 1978: usted y el escritor Jorge Luis Borges, que no es alguien que esté vinculado al fútbol», habría dicho Lacoste.

«Lacoste, el país no está bien. Por qué, en vez de invertir lo que va a costar el Mundial, se habla de más de 300 millones de dólares, no hacen algunos hospitales, escuelas, rutas, obras que perduren, que es lo que hace falta?».  La respuesta del periodista no causó agrado. «Sr. Panzeri, eso que dice no es la discusión. El Mundial será una fiesta popular. Algo que usted debería saber. Hombre de futbol», según la leyenda.

Diálogo no oficial.

El periodismo deportivo tuvo un protagonista inolvidable. Nacido en Las Varillas, Córdoba, algunos sostienen que Dante Panzeri, fines de 1921, había llegado al mundo en Rosario. Su familia se radicó en San Francisco, la pujante ciudad cordobesa, en Década Infame.

A fines de los ’30, el adolescente vivía la pasión del fútbol, esperaba la llegada de la revista «El Gráfico» los viernes en el Interior, en tanto leía todo lo que pasaba por su vista. Ayudaba en su casa, cadete del diario local. En el lugar donde empezó la aventura.

Nadie imaginaba por entonces que ese muchacho de carácter fuerte, en los ’60, sería protagonista esencial en el periodismo vernáculo. Sabio, impulsivo, valiente, un fiscal. Admirado y odiado. Casi en la misma proporción.

Llegó a «El Gráfico» llevado por el genial «Chueco» Enrique García, «crack» de Racing, el puntero izquierdo, ex Rosario Central, apodado el <Poeta de la Zurda<. En pleno ciclo de oro del fútbol argentino. Igual, su gran admirado, el histórico Carlos Peucelle.

Su inteligencia lo llevó a convencer a Renato Cesarini, DT en River, 1939/40, a que Adolfo Pedernera pasara del «11» al nueve falso. El gran conductor de La Máquina, 1941/45.

En Lima ’57, Sudamericano de Los Carasucias, le sugirió a Guillermo Stábile algo clave: «Contra Colombia y Chile, goleadas. Del medio para adelante, notables. Corbatta, Maschio, Angelillo, el Cabezón Sívori y el zurdo Cruz. Contra Uruguay y Brasil, hacé bajar a Corbatta para ayudar a «Pipo» Néstor Rossi en el medio. Argentina 4 a 0 y 3 a 0. Un genio».

En «El Gráfico» estaban dos notables periodistas: Félix Daniel Frascara y Ricardo Lorenzo, popular «Borocotó», el fundador del Club Sacachispas, luego llevado al cine. Dante debió esperar, escribiendo sobre ciclismo.

En el ’59, siendo Director, tuvo su primera fama. Llegó a la televisión, cubrió la gira del seleccionado por Europa, bajo la conducción de Victorio Spinetto y, más tarde, Mundial de Chile 1962.

Ese año vivió un conflicto en la Editorial Atlántida, por la influencia del poderoso -tras caída del gobierno de Arturo Frondizi- Alvaro Alsogaray, uno de los «padres» del liberalismo en la Argentina. Por entonces, debió renunciar por conflicto con los hermanos Aníbal y Constancio Vigil, éste en los ’90 amigo de Carlos Menem, siendo antiperonista. El golf los juntó.

Panzeri, contratado por Héctor Ricardo García, creador del diario «Crónica», que tenía tiraje de 800 mil ejemplares en tres ediciones. «El Gráfico», en el 48/49, llegaba a 200 mil ejemplares. Un país de 14 millones de habitantes.

En el ’62 había descendido por todo eso y el tema político. Panzeri debió irse. No obstante, García tenía Canal 11 y Dante empezó a hacer un micro, el monólogo del Mordisquito, Enrique Santos Discépolo en el ’49. Discepolín apoyando el gobierno de Perón, siendo amigo de «Evita». Panzeri, con su estilo punzante.

En el ’72 mantuvo un duelo con el gobierno militar del Gral. Alejandro Lanusse. Estaba instalada la noticia de los deportistas que viajaban a los Juegos Olímpicos de Munich. Panzeri hace una observación al aire: «Por qué los hombres de la Equitación, ligados al Poder, viajan en Primera?» Decía y añadí: «Cuando los atletas, los ciclistas, los que siempre nos dieron medallas en Londres ’48, Helsinki ’52 y Panamericanos México ’55, deben ir en 3ra?», indagó.

La observación le trajo un problema. El titular del COI, Comité Olímpico, Coronel Antonio Cilley Hernández, hombre del duro Lanusse, mandó a la casa de Panzeri a dos «Padrinos».

En el chalet de Villa Devoto, invierno del ’72, la esposa de Dante, en la puerta de la calle Habana, barrio clase media, zona silenciosa, los enviados le notificaron que «El Coronel lo desafía a un duelo criollo». Panzeri, lejos de amilanarse, aceptó. Dante, 1.80 estatura, buen físico, les dijo: «Díganle al Sr. Coronel que, como debo elegir, lo haremos a puño limpio en el Luna Park. Con público y cobro de entradas», disparó. «Lo recaudado irá como ayuda a ALPI, Asistencia para la Lucha contra la Parálisis Infantil, luego de las epidemis de poliomielitis en el pais».

No hubo respuesta del militar.

El estilo inconfundible lo puso en la vereda opuesta de la mayoría de sus colegas. Unos pocos lo apoyaron. Los que lo acompañaron hasta el final: Jorge Llistosella, Carlos Alfredo Juvenal, Pablo Ramirez y Diego Bonadeo.

En el ’78, enfermo de cáncer, anticipó que el Mundial sería doloroso. La mayoria de los argentinos saltaban, festejaban en medio del terror impuesto por la dictadura genocida. Por entonces, el Ejército, en secreto, daba una lista de ocho mil ejecutados por supuestos actos subversivos.

El costo del Mundial alcanzó 620 millones de dólares. En España ’82, cuatro años más tarde, sin tantos gastos por la utilización de estadios, algunos remodelados, el presupuesto llegó a 200 millones de dólares. Dante Panzeri hizo un camino difícil de transitar. Entre los preceptos bíblicos se decía: «Por sus frutos los conoceréis». El 14 de abril 78 se apagó su vida. No su enseñanza.

En su legado quedan escritos y charlas. «El fútbol argentino de los 40, los artistas nuestros, el «Charro» Moreno, el «Chueco» García, René Pontoni, «Tucho» Méndez, «Mamucho» Martino, Labruna, Loustau, antes De la Mata…» decía.

«Nos hizo grandes en todo el mundo. Eso se vivió cuando Argentina ganó los Sudamericanos de Chile ’45, Buenos Aires ’46 y Guayaquil ’47, donde Argentina le hizo doce goles a Ecuador. Hoy, imposible», repasaba.

Murió evocando a Boyé, Norberto Méndez, René Pontoni, el «Charro» Moreno de 10 y al «Chueco» García. Una despedida. El ataque de los 12 goles a Ecuador. Entre los últimos, enamorado de Ricardo Bochini. Le faltaba ver a Maradona en su esplendor.


* Columnista La Señal Medios, Mundo Amateur (Víctor Lupo), Agencia Nacional y Popular, De Memoria y AGN-Prensa.

 

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