Por Redacción
La renuncia de Marco Lavagna pone en entre dicho la narrativa oficial sobre el índice inflacionario y la sustentabilidad del proceso económico. En los marcos de una economía dependiente la seudo estabilidad que proyecta el Gobierno libertario se transforma en un sustentabilidad precaria. Los datos estadístico vertidos por el INDEC abrieron un debate sobre la metodología para medir la inflación. No obstante, cabe señalar que el punto de partida del actual ciclo se ubicó en diciembre de 2023, tras una devaluación del 118% dispuesta por la administración nacional.
En ese contexto, el índice de precios alcanzó un pico mensual de 25,5%. Luego evidenció leves bajas sostenidas por el enfriamiento de la actividad, la descomposición del consumo, la retracción salarial y un control cambiario tan inestable como volátil. El Centro de Estudios Scalabrini Ortiz, analizó la actual situación en su nuevo informe de coyuntura: ¿Por qué no baja la inflación? Anclas, inercia y un nuevo equilibrio inflacionario.
El trabajo del CESO advirtió que la inflación, «desde mediados de 2025 volvió a acelerarse, en simultáneo con el abandono del ancla cambiaria y su sustitución por el sistema de bandas. Hoy la inflación se sostiene pese al ancla fiscal y salarial, junto con la apreciación cambiaria y la apertura importadora, sin capacidad de perforar el piso inflacionario actual».
Del mismo modo, aseguró que «la inflación tenderá a estabilizarse en los elevados niveles actuales durante un
período prolongado tal como ocurrió con el caso chileno durante la década de los ochenta del siglo pasado». La secuencia responde a un patrón definido: una fuerte corrección cambiaria al inicio de la gestión, una desinflación transitoria apoyada en anclas nominales, la interrupción del sendero descendente a lo largo de 2024 y 2025, y la consolidación de un equilibrio frágil que, hasta el momento, impidió una reducción más profunda del ritmo de aumento de los precios.
El Informe del CESO, señaló que «el ancla salarial continúa operando, aunque de una forma que requiere ser desagregada, ya que su accionar principal se concentra en los salarios del sector público, sobre los cuales el Estado nacional tiene mayor capacidad de intervención». Al desglosar datos evidenció que «en el caso de los trabajadores del sector público registrado, se observó una caída inicial muy marcada, superior al 20%, coincidente con el fuerte descenso inicial de la inflación. Esta pérdida comenzó a revertirse a partir de abril de 2024, en línea con una desaceleración menos pronunciada de la inflación, para luego volver a caer desde agosto de 2025, de manera simultánea con una inflación nuevamente en alza, alcanzando una caída acumulada del 15%».
En tanto, «el salario de los trabajadores del sector privado registrado mostró un comportamiento similar en términos de dirección al del sector público, aunque de menor magnitud, ya que la caída nunca superó el 12% y la recuperación posterior permitió que el salario se estabilizara en torno a los niveles vigentes al inicio del gobierno de Milei».
Asimismo, para el CESO, el ancla cambiaria, se cimentó en microdevaluaciones diarias que sustentaron el aumento del tipo de cambio cerca del 2% mensual hasta febrero de 2025, cuando el oficialismo decidió reducir esta movilidad al 1%. El informe del Centro explicó que «en ambos casos, la tasa de depreciación se ubicó sistemáticamente por debajo de la inflación (fundamentalmente al inicio del gobierno, generando un efecto aún mayor), lo que dio lugar a un proceso de apreciación cambiaria que mantuvo bajo tensión las cuentas externas por la vía real».
Al mismo tiempo, sostuvo que «el objetivo de esta ancla fue contener el traslado a precios del encarecimiento de los bienes y servicios importados y, por esa vía, moderar la formación de precios internos. De manera complementaria, el abaratamiento relativo y el aumento de la oferta de bienes importados, producto de la apertura comercial, operaron como un mecanismo de disciplinamiento de precios en el mercado interno».
El CESO explicó que el ancla monetaria-financiera «se basó en una tasa de interés que, hasta septiembre de 2024, se ubicó sistemáticamente por debajo de la inflación, lo que provocó una licuación del stock de pesos de la economía». La narrativa y la supuesta estrategia del Gobierno se basó en la idea de que la contracción de la emisión iba a contribuir a bajar la inflación, tanto presente como futura.
«Sin embargo, el manejo de estas variables fue errático: la tasa de interés se mantuvo en algunos períodos por debajo de la inflación hasta septiembre de 2024 y, posteriormente, osciló entre ubicarse por encima (en parte para evitar una huida de pesos hacia el dólar en la antesala de las elecciones de octubre de 2025 y ya abandonado el cepo) y por debajo de la misma», aclaró el trabajo del CESO.
En este marco, el Centro comparó la situación nacional actual con la de Chile durante la salida de la década de los ’80. Al respecto, precisó que «a fines de los años ochenta, con la independencia del Banco Central y la adopción de un régimen de metas de inflación con fuerte apreciación cambiaria, que Chile logró una reducción sostenida del aumento de precios, alcanzando niveles cercanos al 3 % anual hacia fines de los años noventa».
En la comparación demostró que «la experiencia chilena muestra que el éxito inicial para salir de tasas de inflación de 3 dígitos puede continuar con una situación prolongada de tasas de inflación de dos dígitos». Por otro lado, enfatizó que «en el caso argentino, dada la ausencia de una política antiinflacionaria clara y sostenida en el tiempo, resulta altamente probable que la inflación se estabilice en los niveles actuales, relativamente elevados, sin descender de manera significativa durante un período prolongado».
