Por Redacción
Las Naciones Unidas alertaron este miércoles en el Consejo de Seguridad que los ataques israelíes en Gaza, la expansión de colonias en Cisjordania, los obstáculos a la ayuda humanitaria y las divergencias en torno al llamado Consejo de la Paz promovido por Estados Unidos ejercieron una presión directa sobre la credibilidad del cese de hostilidades, en el inicio de la segunda fase del alto el fuego en la guerra de Gaza.
La advertencia fue formulada durante una sesión dedicada al análisis integral del conflicto palestino-israelí. El vicecoordinador especial adjunto de la ONU para Oriente Medio, Ramiz Alakbarov, abrió el debate con un informe sobre el impacto del acuerdo desde su firma. Según expuso, las operaciones militares israelíes provocaron más de 500 muertes en Gaza y Cisjordania, mientras que en este último territorio continuaron las demoliciones de viviendas, con más de 2.850 casas destruidas, junto con la expansión de los asentamientos.
Alakbarov describió el efecto de estas políticas sobre el territorio palestino y la viabilidad política del proceso. El funcionario de la ONU afirmó: “Las consecuencias han sido graves: profundización de la ocupación, fragmentación cada vez mayor del espacio palestino y fortalecimiento de la contigüidad territorial de los asentamientos”.
En su exposición, el representante de Naciones Unidas vinculó la situación de seguridad con la crisis humanitaria en Gaza, donde la población depende casi por completo de la asistencia internacional. En ese contexto, mencionó la presión ejercida por Israel contra la Agencia de la ONU para los Refugiados Palestinos (UNRWA), cuya sede fue atacada e incendiada. Al evaluar la etapa actual del proceso, calificó como “crítica” la implementación de la segunda fase del plan y advirtió que las acciones israelíes “socavan aún más las perspectivas de paz” y “pueden poner en peligro los avances” logrados con el alto el fuego.
Durante la sesión, el embajador palestino ante la ONU, Riyad Mansour, expresó la posición de su gobierno respecto del proceso político en curso. Mansour afirmó que Palestina está dispuesta a colaborar en la construcción de la paz “si la paz es el objetivo”, aunque sostuvo que “el objetivo de Israel no es la paz sino la dominación”. En ese marco, remarcó que “Palestina debe estar representada completamente en cualquier proceso que determine su futuro”.
Desde la delegación israelí, el embajador Danny Danon centró su intervención en la seguridad y el futuro institucional de Gaza. El diplomático sostuvo que el desarme de Hamás resultaba una condición central y señaló que “la segunda fase del plan de paz prevé el establecimiento de un marco de gobierno responsable” en la Franja.
La iniciativa impulsada por Washington generó posiciones contrapuestas entre los miembros del Consejo. El embajador de Estados Unidos, Mike Waltz, defendió el Consejo de la Paz como un instrumento “poco convencional” y afirmó que permitiría dejar atrás “el tiempo perdido, el dinero malgastado y las oportunidades de paz desperdiciadas”.
El debate dejó expuesta la fragilidad del alto el fuego y las profundas diferencias internacionales sobre el rumbo político del conflicto, en un escenario marcado por la persistencia de la violencia, la crisis humanitaria y la falta de consensos sobre el futuro de Gaza y Cisjordania.