El 83,5% de los trabajadores padece vulnerabilidad alimentaria durante la jornada laboral

Por Redacción

Un estudio elaborado por la Universidad Católica Argentina junto con Edenred Argentina expuso un panorama preocupante sobre las condiciones en que se alimentan los trabajadores del país. El relevamiento, que constituyó la primera encuesta nacional dedicada a este tema, determinó que el 83,5% de los asalariados atraviesa algún tipo de vulnerabilidad alimentaria durante la jornada laboral.

La investigación estuvo a cargo de la doctora Ianina Tuñón y la licenciada Lucrecia Freije. El trabajo analizó las prácticas alimentarias de los trabajadores, las decisiones que adoptan frente a la pérdida del poder de compra del salario y las brechas existentes en el acceso a una alimentación adecuada en el lugar de trabajo.

Los resultados mostraron que el deterioro económico condiciona de manera directa la dieta diaria. El 61,1% de los trabajadores declaró que saltea comidas por motivos económicos y el 78,5% reconoció que opta por alimentos menos nutritivos para abaratar costos. En el 56,2% de los casos ambas privaciones se combinan.

El informe señaló que solo el 16,5% de los asalariados logra alimentarse sin atravesar este tipo de restricciones. Los sectores más afectados corresponden a trabajadores de menores ingresos, personal no calificado y empleados de empresas pequeñas, ámbitos donde la vulnerabilidad alimentaria se profundiza.

La encuesta registró que el 77,4% de los trabajadores afirma que suele comer durante la jornada laboral, mientras que el 22,6% asegura que no lo hace. Aunque se trata de una minoría, representa a casi uno de cada cuatro trabajadores. Esta situación aparece con mayor frecuencia entre personas mayores de 45 años, empleados del sector público y personal de empresas de menor tamaño. La región del Nordeste argentino exhibe el cuadro más crítico: allí, la mitad de los trabajadores afirmó que no come en su horario laboral.

El estudio describió un escenario laboral que en muchos casos no ofrece espacios adecuados para alimentarse. El 41,5% de los trabajadores almuerza en su propio escritorio o puesto de trabajo, el 38,9% utiliza el comedor de la empresa u organización y más de la mitad recurre a su lugar de trabajo cuando no existe infraestructura específica. Un 9% come en plazas o espacios públicos, el 7% recurre a bares o restaurantes y apenas el 3,6% lo hace en su casa. A esta realidad se suma la soledad: el 32,3% de los asalariados come sin compañía, un fenómeno que aumenta con la edad y en empresas pequeñas.

La falta de pausas para alimentarse constituye otro factor crítico. El 26% de los trabajadores afirmó que casi nunca se detiene para comer durante la jornada. Entre quienes atraviesan esa situación, el 48,2% calificó su dieta como poco saludable. La obesidad afecta al 35,8% de quienes no realizan pausas, una cifra que casi duplica el 19,3% registrado entre quienes sí disponen de ese tiempo.

El deterioro de los hábitos alimentarios impacta de forma directa en la percepción sobre la calidad de la dieta. El 36,3% de los trabajadores reconoció que su alimentación resulta poco saludable, proporción que sube al 44,6% entre quienes padecen doble privación, es decir, quienes saltean comidas y eligen alimentos de menor calidad por razones económicas.

En tal sentido, los efectos se reflejan en indicadores de salud. El estudio precisó  que el 23,1% de los asalariados presenta obesidad, con mayor incidencia entre adultos y en entornos laborales con condiciones menos favorables. Al mismo tiempo, la UCA, sostuvo que la Organización Internacional del Trabajo identifica al ámbito laboral como un espacio clave para promover hábitos saludables.

En distintos países existen sistemas consolidados de beneficios alimentarios respaldados por incentivos fiscales. Francia, Italia y Brasil aplican modelos de este tipo desde hace años. En Argentina, ese debate comenzó a cobrar visibilidad en los últimos tiempos. De este modo, los  datos del informe muestran un punto de partida limitado: solo el 44,4% de los trabajadores recibe algún aporte del empleador para la alimentación, y ese beneficio se concentra en los salarios más altos.

Asimismo, el 80,4% de los trabajadores expresó su deseo de contar con una contribución del empleador destinada a la alimentación. Entre quienes sufren doble privación alimentaria, el respaldo alcanza el 91,5%.

Desde la Universidad Católica Argentina vincularon la discusión con cambios recientes en la legislación laboral:  «En Argentina, el tema de la alimentación del trabajador reaparece con la Ley de Modernización Laboral que extiende los servicios de comedor de la empresa a los establecimientos gastronómicos cercanos al lugar de trabajo. Se plantea el desafío de encontrar un equilibrio entre incentivos para las empresas y garantías para los trabajadores, reconociendo que una buena alimentación en el trabajo no es solo un beneficio, sino una inversión estratégica en salud y desarrollo».

El informe planteó un cambio de enfoque en torno a la alimentación laboral. Los especialistas sostienen que el problema no debe abordarse como un gasto o un beneficio opcional, sino como una política vinculada al desarrollo productivo, la salud pública y la equidad social.

En esa línea, se propuso avanzar con marcos regulatorios que incentiven aportes empresariales, establecer estándares mínimos de infraestructura para empresas pequeñas y organismos públicos, diseñar beneficios alimentarios que prioricen a los trabajadores con menores ingresos y proteger las pausas destinadas a la alimentación dentro de la organización del trabajo.

La investigación concluyó que la comida diaria en el trabajo —la vianda que un empleado lleva a la oficina, el menú que elige en un comedor o la comida que decide saltear cuando el salario no alcanza— refleja mucho más que una práctica individual. Expone las condiciones del empleo, el modelo de desarrollo y la calidad del contrato social vigente. Mejorar la alimentación durante la jornada laboral, señalaron los investigadores, constituye una condición necesaria para elevar la calidad del trabajo y fortalecer la salud colectiva.

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