Día Mundial para la Prevención del Suicidio: el impacto social de la crisis ante la falta de certezas y de futurabilidad

Por Redacción

La crisis social que padece la Argentina alrededor de las políticas que impuso el régimen liberal impactó en la calidad de vida de millones de personas. Al mismo tiempo, existe una incidencia determinante en el deterioro de la salud mental de la población, aunque, claro está, no es un único factor. En el marco del Día Mundial para la Prevención del Suicidio, el emergente de los datos dispara algo más que un estado de alerta: el aumento de los suicidios en el país tiene múltiples factores, pero no por eso deja de ser una cuestión que atañe al conjunto social. Durante 2025 se registraron 5.209 casos, un 22,6% más que el año anterior. Es el porcentaje más alto desde que existen registros.

En este escenario, Rosario Hasperué, Coordinadora Nacional del Foro por los Derechos de la Niñez, Secretaria de DDHH de la CTA Autónoma bonaerense, sostuvo que «la realidad de nuestras juventudes en la Argentina nos pone frente a un espejo doloroso y urgente. Que el suicidio se haya consolidado como la principal causa de muerte violenta en adolescentes y jóvenes de entre 15 y 35 años no es un dato estadístico aislado: es la manifestación más extrema del sufrimiento social».

Por otro lado, aseguró que «no estamos ante decisiones estrictamente individuales; estamos ante la asfixia de una generación a la que se le están arrebatando el presente, las certezas y la perspectiva de futuro. Cuando un pibe o una piba decide no vivir más, lo que falla no es su psicología privada: es la red institucional y social que debió sostenerlos».

En tanto, Caritas Argentina remarcó que «hay dolor, familias profundamente marcadas y una multitud de personas atrapadas en la soledad y la desesperanza. Los padecimientos subjetivos, las adicciones y las ideaciones suicidas suelen tener su raíz en una forma desgarradora de pobreza: la carestía de vínculos significativos». La institución señaló que desde 2023 los suicidios constituyeron la principal causa de muerte violenta en Argentina y que la misma situación se registró entre adolescentes y jóvenes. Frente a este escenario, planteó la necesidad de abordar la problemática desde una perspectiva comunitaria, con espacios capaces de acompañar a quienes atravesaban situaciones de soledad, angustia y falta de perspectivas.

No obstante, Hasperué explicó que «este drama se despliega en un contexto de profunda hostilidad. El aumento de la pobreza y la falta de empleo formal configuran un escenario de subsistencia precaria donde las familias cargan con el peso de un endeudamiento asfixiante. Lejos de las redes financieras formales, los sectores populares quedan expuestos a circuitos de usura y «narco-créditos» que introducen modalidades inéditas de violencia y extorsión en los barrios».

Asimismo, la Secretaria de DDHH de la CTA Autónoma bonaerense indicó que «al mismo tiempo, las niñeces y adolescencias transitan su cotidianeidad con un fuerte aislamiento mediado por pantallas y redes sociales, convirtiéndose en el blanco perfecto tanto para el flagelo de la ludopatía online y las apuestas digitales como para la vulnerabilidad extrema ante redes de trata y reclutamiento para el tráfico de estupefacientes».

Agregó que «asistimos a un grave retroceso en las políticas públicas de contención, salud mental y educación. La deserción escolar va de la mano con una preocupante baja en la calidad educativa, transformando a la escuela —que históricamente fue el principal espacio de cuidado y detección de alertas— en una trinchera desfinanciada».

Por último, indicó que «es imperioso invertir en políticas de cuidado para las niñeces y sus familias. La única forma de terminar con la violencia no es multiplicando la violencia institucional; es indefectiblemente a través de un Estado presente que garantice la dignidad. En la felicidad de más niñeces se juega el futuro de nuestra comunidad entera. No podemos permitir que nuestras juventudes pierdan la esperanza ni las ganas de vivir. Es hora de reaccionar, dimensionar la gravedad de la crisis y revertirla con urgencia».

Por su parte, Caritas Argentina, como parte de sus políticas de prevención, promovió el modelo de las “Tres C de la Vida”, basado en la Capilla, el Colegio y el Club como espacios de pertenencia, escucha y desarrollo para niños, adolescentes y jóvenes. La organización vinculó esta propuesta con el trabajo que había desarrollado en sus áreas de Educación, Primera Infancia y a través del Plan de Inclusión Educativa Emaús. La experiencia de la Familia Grande Hogar de Cristo fue incorporada como otro de los ámbitos de primera escucha y acompañamiento para personas que atravesaban situaciones de vulnerabilidad. Recalcó que estos espacios comunitarios podían contribuir a detectar situaciones de sufrimiento y facilitar el acceso a redes de asistencia.

En tal sentido, Caritas convocó a escuelas, clubes, comunidades de fe y organizaciones de la sociedad civil a fortalecer el trabajo conjunto y ampliar los espacios de escucha. Cáritas Argentina sostuvo que era necesario “desterrar los estigmas que impiden pedir ayuda” y construir redes para que “nadie en nuestra patria se sienta de sobra ni privado del abrazo fraterno que salva vidas”.

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