«Todo el mundo quiere apropiarse del fin del mundo»
Don DeLillo, Cero K
El alineamiento ciego que Milei sostiene con Estados Unidos es peligroso para el pueblo argentino y para la Nación. No se trata del seguimiento de una matriz ideológica: el libertario y Donald Trump no comparten la misma visión estratégica del mundo ni de los problemas internos. El liberal argentino es antinacional, en tanto el republicano, al entendimiento del estadounidense promedio, es nacionalista. De hecho, el programa MAGA (Haz a Estados Unidos grande otra vez) difiere sustancialmente de la posición sobregirada que sostiene el mal descripto anarcocapitalista. Se podrá afirmar que ambos son liberales, sin embargo, uno es la oligarquía en sí misma y el otro, un mero funcionario que hace las veces de perro faldero de los oligarcas locales y transnacionales.
La propaganda reaccionaria, que se expande sin restricciones por los medios del establishment liberal, reduce la geopolítica a categorías perimidas como derecha e izquierda y responde al entramado sociocultural impuesto por el universalismo dogmático del espectro angloestadounidense. En este eje, la desinformación se torna una herramienta de guerra para encubrir a los verdaderos enemigos, internos y externos, de las causas nacionales. Durante la última semana, los agentes coloniales han replicado la táctica que ejecutan desde hace tiempo, enmascarados detrás de un fláccido republicanismo que les permite legitimar las acciones del régimen oligárquico.
No existen lecturas erráticas ni neutrales sobre el discurso que, hace una semana, Milei emitió por cadena nacional alrededor de la causa Malvinas. Las interpretaciones adherentes no quieren distinguir la que Malvinas es la causa del Pueblo y que lo enunciado por el libertario no es todo lo contrario a la misma. Más allá de lo artificial y precario que resultó el argumento esgrimido para sustentar el falso anuncio de políticas preexistentes (falso, precisamente porque no aportó nada sustancialmente efectivo y efectivamente concreto para la soberanía nacional y la descolonización de Malvinas), lo que el mensaje encubrió es la maniobra geopolítica que se desarrolla en estos momentos en el Atlántico Sur. Allí, en términos reales, concretos, Estados Unidos y el Reino Unido son tanto aliados como socios comerciales y no existe evidencia alguna que refute esta descripción. Así lo hacen desde 1982.
En este período, tanto periodistas orgánicos y funcionales al régimen como personalidades políticas trataron de convencer al pueblo de que Milei había dado un giro en su estrategia internacional. Lo que ocurrió no tiene nada que ver con la adopción de un nuevo marco de acción para el libertario. Mientras el aparato de colonización pedagógica puso en marcha una operación de legitimación, se estructuró una maquinaria de desinformación para mitigar los efectos del fraude narrativo. Al mismo tiempo, el Gobierno no hizo más que activar lo impuesto por el Comando Sur a través del Plan de Estrategia de Seguridad Nacional de 2025, elaborado por la Casa Blanca.
Malvinas fue la excusa para abrirle las puertas de la región sur a Estados Unidos con buenos modales. Por otro lado, Trump aprovechó la oportunidad para presionar a los ingleses ávidos de escalar las tensiones con Rusia en Europa, en medio de las negociaciones que el republicano mantiene con el Kremlin para alcanzar una salida decorosa en Ucrania. No es menos importante distinguir que un triunfo ruso deja demasiado expuesta a la Unión Europea y erosiona el poder de fuego de la debilitada OTAN. En este contexto, Alemania y Gran Bretaña encendieron el fuego antirruso con la intención de no ceder su posición de privilegio en la región.
Para el presidente de Estados Unidos esto representa un problema: de cara a las elecciones de medio término, que se celebrarán en noviembre —donde el resultado va a traccionar la tensión interna entre Marco Rubio (Secretario de Estado), Scott Bessent (Secretario del Tesoro) y el vicepresidente, J. D. Vance, en la carrera sucesoria—, necesita mostrar logros internacionales más allá de las bravuconadas. Pero Trump está, al mismo tiempo, condicionado por el lobby financiero israelí de Wall Street. Lo que implica que su accionar no encuentra el margen que había pensado originalmente con el proyecto MAGA. Por otro lado, enfrenta una crisis importante en su propio país, sin poder revertir el proceso reindustrializador, con una inflación en alza, con una deuda nacional de U$S 40 billones y un crecimiento económico del 1,5 % en el segundo trimestre del año, que representó un retroceso del 2,1 % respecto a los tres meses anteriores.
Como se observa, Trump tiene demasiados frentes abiertos y todos representan problemas. Sin embargo, Estados Unidos es Estados Unidos y solo piensa en Estados Unidos. A comienzo de su administración ya era claro que no iba a poder hacer pie en Medio Oriente. La situación se complejizó cuando su socio estratégico en la región, Benjamin Netanyahu, decidió hacer su propia política y avanzar con su proyecto sionista, sobre todo porque el interés israelí involucró al indomable Irán y arrastró a Estados Unidos a una guerra para la cual no estaba ni preparado ni decidido. Es obvio que, a pesar de la narración occidental, de allí ya no podrá salir ileso. Justamente, desde los inicios de su gestión dejó en claro que el foco de interés general iba a estar puesto en América Latina y sus recursos.
En este sentido, Milei no es un aliado, sino más bien un idiota útil al que el republicano se encargó de comprar con un rescate financiero de US$ 20 mil millones. Fue Bessent el que entonces ratificó la acción de la Casa Blanca tras los resultados electorales de 2025: “son un claro ejemplo de que la política de la Administración Trump de paz mediante la fuerza económica está funcionando”.
En ese mismo año, se presentó el Plan de Estrategia de Seguridad Nacional originado en Washington y asistido por el Pentágono a través de la articulación del Comando Sur. En su declaración, el programa colonial, eso es en realidad, expresó: «para garantizar que Estados Unidos siga siendo el país más fuerte, rico, poderoso y próspero del mundo durante las próximas décadas, nuestra nación necesita una estrategia coherente y enfocada sobre cómo interactuamos con el mundo. Y para lograrlo correctamente, todos los estadounidenses deben saber qué es exactamente lo que intentamos hacer y por qué».
En tal sentido, Estados Unidos aseguró que «las estrategias estadounidenses desde el fin de la Guerra Fría se han quedado cortas: han sido listas de deseos o de Estados finales anhelados; no han definido claramente lo que queremos, sino que han expresado vagas trivialidades; y a menudo han juzgado mal lo que deberíamos querer». Acto seguido, resaltó: «queremos la restauración y el revitalizamiento de la salud espiritual y cultural estadounidense, sin la cual la seguridad a largo plazo es imposible. Queremos un Estados Unidos que valore sus glorias pasadas y a sus héroes, y que anhele una nueva era dorada». Esto expresa el programa de recolonización que Trump lanzó contra América Latina. Es decir, reconfirmó su vocación imperialista.
A finales de agosto, a espaldas del Pueblo, se realizó la «competencia multinacional Fuerzas Comando«, una actividad conjunta que permite desplegar las capacidades de las Fuerzas de Operaciones Especiales del hemisferio occidental en una serie de entrenamientos conjuntos. La iniciativa fue patrocinada por el Comando Sur de los Estados Unidos y se efectivizó a través del Special Operations Command South. Estados Unidos ya está entre nosotros.
No hay lugar para la confusión: Milei cedió el tutelaje de la soberanía del Atlántico Sur a Estados Unidos, socio estratégico del Reino Unido. Nada es ganancia para la Nación, todo se reduce a pérdidas porque el libertario no gestó un giro en su política exterior, solo cambió la táctica comunicacional en complicidad con el aparato pedagógico mediático, el mismo que hoy reivindica a un propagandista de la Dictadura y del sionismo, como Samuel Gelblung. La estrategia es la misma. No hay causa nacional para el liberal. Es simple: su antiargentinidad está presente en su imaginario ideológico porque, para él, Estados Unidos y Gran Bretaña representan el modelo civilizatorio al cual adhiere por subordinación y patológico reconocimiento.
En el Plan de Estrategia de Seguridad Nacional, Estados Unidos declaró: «queremos un hemisferio cuyos gobiernos cooperen con nosotros contra el narcoterrorismo, los cárteles y otras organizaciones criminales transnacionales; queremos un hemisferio que se mantenga libre de incursiones extranjeras hostiles o de la propiedad extranjera de activos clave, y que respalde cadenas de suministro críticas; y queremos asegurar nuestro acceso continuo a ubicaciones estratégicas clave. En otras palabras, afirmaremos y aplicaremos un «Corolario Trump» a la Doctrina Monroe».
Ante ello, Milei ratificó su defección. Para él, Malvinas no es causa nacional. No le interesa. Su pensamiento no cambió. El Atlántico Sur es la excusa emocional para ratificar la aplicación de la Doctrina Monroe para Argentina. Por otro lado, no hay que olvidar que Estados Unidos hace tiempo opera en el continente. El caso más relevante es Venezuela. Sin embargo, la adhesión a Escudo de las Américas es la concreción de la disolución de la Patria Grande. Allí participan Bolivia, Chile, Costa Rica, República Dominicana, Ecuador, El Salvador, Guyana, Honduras, Panamá, Paraguay y Trinidad y Tobago, además de Argentina y Estados Unidos. No se trata de creerle o no al libertario (vaya oxímoron, ¿no?), se trata de comprender qué rol juega su administración en la geopolítica y, como vemos, este no es otro que el de un subordinado consciente y complaciente.
No hay en la política de Milei defensa nacional posible, no existe la seguridad de nuestras fronteras, simplemente porque para él la Patria es una aberración surgida de los bárbaros populares. Su determinación es concretar el viejo anhelo colonial de la oligarquía: la disolución nacional. La cadena nacional del jueves pasado es un capítulo más en la desmalvinización orientada y constituida por el régimen liberal. Hace horas, al mismo tiempo que Trump difundía una foto suya con el Rey de Inglaterra, Bessent afirmó: “Creo que puedo utilizar el balance de Estados Unidos para la política exterior. Tenemos un objetivo de política exterior, y ese objetivo es crear aliados en el hemisferio occidental. La Argentina del presidente Milei era el mejor candidato para ese propósito porque su política económica era muy sólida para eso». Estados Unidos está dispuesto a comprar, el libertario desea venderse.
«Si malo es el gringo que nos compra, peor es el criollo que nos vende», aseguró Don Arturo Jauretche. A buen entendedor…
Por Gustavo Ramírez 