Claves y causas de la nueva guerra del Golfo

*Por Fernando Martín Mon

El día 28 de Febrero pasado, EEUU e Israel lanzaron una operación militar contra la República Islámica de Irán, bombardeando objetivos militares y gubernamentales del país persa. El objetivo era degradar el aparato militar y de seguridad iraní y provocar la caída del régimen político surgido de la revolución islámica de 1979.

La respuesta de Irán no se hizo esperar. Ha llevado adelante sucesivas oleadas de ataques contra Israel y contra instalaciones militares estadounidenses en la región, golpeando objetivos en varios países de la zona (Baréin, Catar, Kuwait, Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos) con misiles y drones. Además, ha cerrado el Estrecho de Ormuz y ha atacado 18 barcos petroleros y de carga que navegaban por el Golfo Pérsico. Esto ha provocado una disparada de los precios del petróleo que amenaza con sumir a la economía mundial en una estanflación.

Ahora bien, ¿cuáles son las causas profundas de estos hechos?:

A) En primer lugar, debemos señalar que Irán es el último escollo que le queda al Occidente geopolítico dirigido por EEUU para el control total de esta región estratégica. Luego de la caída del régimen baazista de Siria, en Diciembre de 2024, estaba claro que el siguiente turno era de Irán. La caída de Irán permitiría que Israel más las satrapías vasallas del Golfo queden controlando la zona, lo cual permitiría a Washington concentrase en el cerco y contención de China.

B) China compra el 90% del petróleo iraní, el cual representa el 13% de las importaciones petroleras del gigante asiático. El ataque a Irán (al igual que la agresión contra Venezuela) busca limitar el acceso de China de mercados y recursos energéticos que impulsan su ascenso al rengo de superpotencia.

C) Washington también busca sostener el petrodólar, que es la base de su poder y hegemonía. El sistema petrodólar requiere que todo el petróleo del mundo se comercialice en dólares estadounidenses. Esta es la base del poder global de Estados Unidos. El sistema de comercio mundial de petróleo es la herencia del acuerdo firmado entre Estados Unidos, con Henry Kissinger a la cabeza, y Arabia Saudí, en 1974. EEUU garantizó protección militar a la monarquía wahabita saudí a cambio de que vendiera su petróleo exclusivamente en dólares e invirtiera esos dólares en bonos del Tesoro de Estados Unidos.

Así nació el sistema del petrodólar. Desde ese momento el mercado de crudo pasó a negociarse en dólares, generando una demanda constante de la moneda norteamericana. Esa necesidad de obtener dólares de todo aquel que requiera importar petróleo mantiene la demanda de la divisa estadounidense artificialmente alta, lo que permite que Estados Unidos se pueda financiar más barato y le permite tener déficits fiscales y comerciales sin que afecte a su economía, como sí le ocurre a cualquier otro Estado.

De esta forma, la economía estadounidense puede seguir gastando, aumentando su déficit y su deuda sin temor a que su moneda pierda valor. Este sistema petrodólar hace que Estados Unidos imprima dólares infinitamente sin sufrir inflación porque hay una demanda global constante de dólares para comprar energía. El dominio del dólar como moneda global da a Estados Unidos un enorme poder y la capacidad de sancionar y asfixiar a aquellos países que Washington considera enemigos.

Si el petróleo se empieza a comerciar en otras monedas, EEUU puede perder esa hegemonía. Rusia, Irán, Venezuela, y cada vez más países, estaban comerciando petróleo en monedas distintas del dólar, principalmente el yuan chino. Cuando países con grandes reservas energéticas hacen eso, la demanda de dólares disminuye y la capacidad estadounidense de financiar su déficit comercial y su astronómico gasto militar se erosiona rápidamente. El dólar sostiene a la guerra y la guerra al dólar.

D) Finalmente, EEUU busca destruir el proceso de integración y conectividad euroasiática. Irán es el nodo central de los dos principales proyectos de la masa continental de Eurasia: la Nueva Ruta de la Seda, impulsada por China, y el Corredor de Transporte Norte-Sur. El primer proyecto es una iniciativa china que consiste en una red de corredores que conectan China con Asia Central y Europa e Irán, que por su ubicación, es una pieza esencial. Por su parte, el segundo es una red multimodal de transporte de mercaderías que conecta Bombay, en la India, con San Petersburgo en Rusia, atravesando Irán y Azerbaiyán, reduciendo los costos y tiempos del trasiego y evitando los cuellos de botellas y pasos marítimos estratégicos que pueden ser bloqueados por el poder naval norteamericano y de la OTAN.

Para Washington resulta esencial abortar o entorpecer estos procesos de integración euroasiática donde Irán, Rusia y China son piezas claves. La alianza-integración entre estos tres países -que a su vez representan a tres civilizaciones- resulta una verdadera pesadilla para EEUU. Uno de los más importantes estrategas estadounidenses, Zbigniew Brzezinski, en su famoso libro «El gran tablero mundial», de 1997, lo explicita con claridad: «De ahora en adelante, los Estados Unidos podrían tener que decidir como arreglárselas con las coaliciones regionales que intenten empujarlos fuera de Eurasia, amenazando con ello el estatus de Estados Unidos como potencia global…El escenario potencialmente más peligroso sería el de una gran coalición entre China, Rusia y quizás Irán, una coalición ´antihegemónica´ unida no por una ideología sino por agravios complementarios. Recordaría, por su escala y alcance, el bloque sino-soviético».

Estas son las causas estratégicas y geopolíticas profundas de los hechos que están en pleno desarrollo. Está claro que Irán no es Venezuela. Resulta un hueso duro de roer para Washington, que con esta guerra se está jugando nada más y nada menos que su hegemonía mundial.

 

 

*Abogado. Licenciado en Historia.

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