Hace exactamente 43 años se realizó la Marcha por la Democracia a Plaza de Mayo convocada por la entonces Multipartidaria conformada por la UCR, el Partido Justicialista, el Partido Intransigente, el Partido Demócrata Cristiano y el Movimiento de Integración y Desarrollo.
En general, dirigentes de saco y corbata y varios de ellos que, para hablar de Videla, Martínez de Hoz y demás, decían “Proceso” en vez de Dictadura, concediéndoles a los genocidas su auto denominación.
Miles de argentinos y argentinas acudieron organizados a esa manifestación a pocos meses de la guerra y en un contexto donde, bajo la Junta Militar presidida por Reynaldo Bignone, la crisis social ya hacía estragos por las consecuencias de la política económica de apertura importadora, reducción salarial, alta inflación, cierres de fábricas y despidos.
En la marcha para converger en la Plaza se destacaba la imponente columna de la CGT Brasil conducida por Saúl Ubaldini, así como centros de estudiantes, organizaciones de derechos humanos y organizaciones políticas de izquierda (que no integraban la Multipartidaria).
La policía del régimen agredía desde temprano en las estaciones terminales de trenes y otros puntos de concentración, pero la movilización pudo desarrollarse hasta su arribo al punto principal que habían fijado los dirigentes políticos organizadores.
El acto principal previsto por la Multipartidaria consistió en llegar hasta la pirámide de Mayo y dejar una ofrenda floral como mensaje antidictatorial. Muy poco para sintetizar años de pelea en condiciones de persecución, secuestro y muerte. Y el saldo de una guerra que marcó profundamente al pueblo argentino.
El movimiento obrero organizado venía de protagonizar meses de un plan de lucha que heredaba las peleas difíciles planteadas ya en los primeros meses y años de la dictadura.
En julio de 1981 un paro general avizoraba una etapa superior de resistencia, la marcha por “Paz, Pan y Trabajo” en noviembre de ese año a San Cayetano mostró decisión de confrontar en la calle y la emblemática y decisiva marcha del 30 de marzo de 1982 en todo el país bajo la consigna de “Luche y se van”, que marcó el agotamiento de la Junta Militar, la pérdida del miedo para enfrentarla y la desesperada estrategia de los altos mandos dictatoriales de producir un hecho de alto impacto para tratar de reestablecer su poder menguado.
Pocas semanas antes de la marcha de la Multipartidaria de diciembre de 1982, la CGT Brasil vuelve a realizar un contundente paro general y moldea el clima social de la etapa.
Después del exiguo gesto de los dirigentes políticos en la pirámide de Mayo el 16 de diciembre, y al retirarse ya estos de la Plaza, las masivas organizaciones sindicales presentes, acompañadas por las juventudes políticas y los organismos de DDHH, enfrentan los vallados del protocolo policial para expresar el sentido real de la movilización que claramente estaba señalado por el “que se vayan”.
La dictadura respondió como su naturaleza indica: la represión fue virulenta con gases, palos, caballería, pero miles y miles presentes no se movían de allí y avanzaban hacia la Rosada exigiendo elecciones libres y sin proscripciones.
Más de 120 detenidos, 90 heridos y el asesinato en la esquina del Cabildo del obrero metalúrgico Dalmiro Flores, a manos de civiles que bajaron de un auto y dispararon con una 9 mm. al cuerpo del trabajador.
Poco después de esta movilización que, desbordada por la combatividad y firmeza del movimiento obrero organizado para expresar la verdadera voluntad popular de terminar con la dictadura, Bignone y toda la dictadura es obligada a iniciar el camino del cronograma electoral que desemboca en octubre de 1983.
¿Qué paradigma se puede extraer de esta movilización para traerla al mundo de hoy?
El protagonismo del Movimiento Sindical, que se puede simbolizar en aquel ingreso decidido a la Plaza y que fue determinante en el curso de los acontecimientos políticos posteriores, es la metáfora a tomar.
Necesitamos hoy, que la clase trabajadora con eje en los trabajadores organizados, vuelva a estar en el centro de la discusión y la acción política.
La BATALLA GREMIAL, así como la ACCIÓN POLÍTICA, son insuficientes si no encaramos con fuerza y convicción la BATALLA CULTURAL, es decir la batalla de las ideas, de explicar a donde vamos, a que proyecto de país, como llegar a un modelo de inclusión cuya columna central sea el pleno empleo, la producción, el mercado interno, el ascenso social de las mayorías.
Por Daniel Capa