Sudán: más allá del cerco a el-Obeid

*Por Guadi Calvo 

Los milicianos del grupo paramilitar Fuerza de Apoyo Rápido (FAR) endurecen el cerco sobre la ciudad de El Obeid, capital de Kordofán del Norte, a la espera de su rendición, repitiendo la estrategia que aplicaron en El-Fasher, la última capital en manos del ejército regular en la región de Darfur, un territorio similar al de Francia, de la que, a más de seis meses de su caída, todavía no se tiene la dimensión, y quizás nunca se la tenga, de la magnitud de la masacre que se produjo una vez los sitiadores lograron penetrar al casco de la ciudad, después de que las Fuerzas Armadas de Sudán (FAR) la abandonaran, sabiendo que ya era imposible seguir resistiendo después de un año y medio de sostener esa plaza.

En los primeros tres días desde la toma de El-Fasher, el 25 de octubre pasado, al menos seis mil personas fueron asesinadas. Ahora, como ya hemos visto, desde hace algunas semanas ha sonado la hora de la capital de Kordofán del Norte, que se prepara para algo similar. Ver: Sudán. El Obeid, paisaje anterior a la batalla. Los ataques de los paramilitares contra la ciudad de El Obeid, con una población de más de medio millón de almas, y que ya provocaron el desplazamiento de unos 110 mil pobladores, han comenzado a preocupar a diferentes instituciones internacionales, como el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, donde una importante cantidad de países, entre ellos Gran Bretaña, Francia y Alemania, alertaron el jueves acerca de la inminencia de un nuevo desastre.

Incluso el propio Departamento de Estado, que poco ha intervenido por lo menos de manera formal en la guerra, a principios de esta semana solicitó a las FAR que se abstengan de atacar El Obeid, mientras que el asesor del presidente Donald Trump para asuntos africanos y árabes, Massad Boulos, se comunicó con el líder de los paramilitares, el “general” Hametti Dagalo, ya que una vez más, como en tantas otras, sus fuerzas se alistan para perpetrar otro capítulo de su larga historia de crímenes de guerra, el que comenzó en Darfur a principios de este siglo, cuando a las FAR se las conocía como Janjaweed (jinetes o demonios armados), que operaban como brazo armado irregular de la dictadura de Omar al-Bashir.

Desde que comenzó esta guerra en abril de 2023, han sido numerosas las denuncias acerca de crímenes cometidos por los paramilitares contra poblaciones civiles, confirmadas por el hallazgo de fosas comunes clandestinas y múltiples denuncias de ejecuciones sumarias, torturas y violaciones masivas, particularmente contra las poblaciones negras darfuries: los fur, zaghawa y masalit, que ya han sido calificadas en diversos foros internacionales como una voluntad manifiesta de ejecutar una limpieza étnica.

En sus clásicos comunicados de “buena fe”, Naciones Unidas vuelve a demostrar su inoperancia crónica cuando se trata de ajustar las tuercas a los socios de Washington. Ha salido a “reclamar” que: “no se puede permitir que los horrores de El-Fasher se repitan en El-Obeid”. Como si el comunicado de su secretario general, el portugués António Guterres, fuera a detener la voluntad de las FAR de seguir asesinando, mientras siguen siendo abastecidas y financiadas desde el comienzo por los Emiratos Árabes Unidos (EAU), en complicidad con Washington y Tel Aviv, que se ha convertido en el principal promotor del terrorismo fundamentalista islámico, superando a Qatar y Arabia Saudita, inmiscuidos en Libia, el Sahel, la República Democrática del Congo, Nigeria, Mozambique, Siria y Yemen.

Desde hace menos de dos meses, las FAR han comenzado a concentrar efectivos en los alrededores de El Obeid, a unos 400 kilómetros al suroeste de Jartum, la capital federal, que se encuentra bajo el control del ejército regular. El Obeid, además de contar con una base aérea, es la sede de la 5.ª División de Infantería, a la que se estima que se suman unos diez mil hombres. Esta división tiene una vasta experiencia en combate tras participar en las guerras civiles que ha atravesado el país. Además, en El Obeid se aglutina una importante cantidad de combatientes pertenecientes a diferentes milicias aliadas del Ejército.

Por lo que la magnitud de una posible batalla podría ser de las más importantes que se han librado en todo el transcurso de la guerra, por lo que se espera que el cerco siga siendo comprimido para forzar la rendición por falta de suministros, y no verse obligados a un asalto armado, lo que podría provocar una nueva matanza no solo entre combatientes, sino entre la población civil.

La ciudad se encuentra ubicada en una de las principales rutas del país, que lo atraviesa de este a oeste, permitiendo la conexión con la ciudad de Jartum, que las FAS retomaron el año pasado, y con el valle del Nilo, una de las áreas de mayor producción de alimentos de Sudán. Por ahora, los paramilitares no solo buscan aumentar su poder de fuego en torno a El-Obeid e aislarla, para lo que están invirtiendo importantes dotaciones de milicianos, vehículos y equipos. De concretarse su ocupación y mantenerse bajo su control, la escalada tomaría proporciones desconocidas en los treinta y nueve meses que lleva esta guerra.

Drones: la pesadilla recurrente

Desde que ha comenzado el cerco de El Obeid, los ataques más letales contra la población han llegado desde drones, que ya han destruido infraestructura básica como plantas eléctricas, que dejaron fuera de uso servicios fundamentales como centros de diálisis y urgencias hospitalarias, además de fuentes potabilizadoras y muchas residencias particulares en los márgenes de la ciudad. Solo el año pasado, cerca de tres mil personas, entre combatientes y civiles, murieron en la región de Kordofán. Lo que significa un incremento en el número de bajas civiles cercano al 600 por ciento, solo en muertes relacionadas con el uso de drones.

Más allá del beneficio y golpe de efecto que daría a los paramilitares la conquista de El Obeid, les aportaría una base de lanzamiento de drones para amenazar directamente a la ciudad de Jartum. Por ello, el ejército del general al-Burhan, desde finales del año pasado, ha priorizado la defensa de El Obeid y la carretera este-oeste.

Las FAS también están provistas de drones del tipo TB2 de origen turco y de los iraníes Mohajer y Ababil, con los que, según su vocero oficial, en estos últimos días aniquilaron un batallón de paramilitares y cerca de cincuenta blindados en Kordofán Occidental, lo que ayudó a contener la incesante llegada de milicianos hacia El Obeid. El martes 23 de junio, el ejército sudanés lanzó una operación de limpieza de gran escala en el distrito de Geissan, en la región del Nilo Azul, con la que consiguió la captura de una importante posición de las FAR, próxima a la frontera con Etiopía, tomando también un campamento del Movimiento de Liberación del Pueblo Sudanés-Norte (SPLM-N), una milicia separatista aliada a los paramilitares.

El gobierno del general al-Burhan, de hecho, considerado el presidente del país, ha acusado en varias oportunidades a Addis Abeba de colaborar con los grupos insurgentes que operan en cercanías de sus fronteras en la región del Nilo Azul. La ofensiva de las FAS tiene como objetivo frenar los movimientos de los rebeldes, que tienen el control de varias ciudades cercanas a aquella frontera, como Geissan y Kurmuk desde marzo pasado, apenas separadas por unos cien kilómetros y a muy pocos kilómetros de Etiopía.

Un colectivo de médicos sudaneses dio a conocer que cerca de 220 civiles, que se encontraban detenidos en la prisión de Daqrees, en la ciudad de Nyala, capital de Darfur del Sur, murieron en estos últimos meses a raíz de torturas y la falta de atención médica por la propagación de diversas enfermedades. La mayoría, entre mayo y junio.

La denuncia del colectivo médico explica que las informaciones les son aportadas por agentes propios en el terreno, al agregar que las organizaciones humanitarias y sanitarias se ven imposibilitadas de acceder a los detenidos debido a las estrictas normas de seguridad a las que son sometidas. Se conoció además que otros treinta detenidos, entre ellos varios menores, fueron trasladados de “urgencia” desde la prisión al Hospital de Nyala, sin que se dieran a conocer los motivos ni las condiciones en las que se encontraban. Otras informaciones indican que los trasladados no presentaban cuadros que justificaran esa mudanza y que se desconoce el destino final de todos ellos. Además, se informa que a los detenidos se les había extraído sangre de manera forzosa para asistir a combatientes de las FAR heridos, en una guerra que va más allá del cerco a El Obeid.


* Escritor y periodista argentino. Analista Internacional especializado en África, Medio Oriente y Asia Central.

 

 

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