De una generación de grandes delanteros, Antonio Garabal, 91 años, gloria sobreviviente de Ferro Carril Oeste, vive el Mundial como la mayoría de los argentinos. Con mucha tensión. Reflexivo y sabio en sus opiniones. «Argentina es un equipo inteligente. El aporte de (Lionel) Messi da brillo. Pero el resto no se queda atrás. Marcan, juegan, piensan, son valientes y lúcidos», dice.
«La Argentina hoy expresa la esencia del juego que hizo célebre a los grandes: Alfredo Di Stéfano, Enrique Omar Sívori, el «Nene» Sanfilippo, fallecido hace poco, siendo casi vecinos… En el repaso, de los que tuve cerca, (Oreste) Corbatta, el «Bocha» (Humberto) Maschio, mi amigo y compañero Dante Lugo, parecido de los últimos a (Juan Román) Riquelme», evoca.
«Nací un 17 de octubre, casi nada. Pero en 1934. La infancia en Boedo, mis padres laburantes. Casa alquilada. Antigua. Vida austera. Los pibes, en la calle —zona de Av. Independencia y Castro Barros—, la pelota de «trapo». Cinco contra cinco. Pasaba un auto cada 20 minutos. Década del ’40. Éramos felices. Estaba para ir a San Lorenzo o a Ferro. Quedé en Caballito. Para siempre», afirma.
Lo que sigue es síntesis de una extensa charla con Garabal en departamento cercano a la «Catedral» Verdolaga, calle Bogotá al 700. Un repaso de más de 70 años de jugar y ver fútbol. Aquí y en Europa, donde jugó: se lo llevó el Atlético Madrid, de Ferro, en enero del ’57, con Dante Lugo (Lanús), y nos perdimos de jugar en la inolvidable selección de Lima con los «Carasucias». Ataque memorable.
«Lloré en el barco, pleno viaje a España. Unos 20 días sobre el Atlántico. No quería ir. Me convencieron en Ferro y en la selección el gran «Pipo» (Néstor) Rossi: «Antonito (yo tenía 22 años, brillaba en la Selección), me dicen que no querés ir al Atlético Madrid. Vos no querés que tus padres vivan mejor. Dejen de alquilar. Tengan una vejez feliz. No podés ser tan egoísta», me dijo. «Terminé llorando».
«Sabíamos con «Mandrake» Lugo («Nada por aquí, nada por allá») que nos perdíamos algo grande. El seleccionado de Guillermo Stábile, marzo del ’57, ocho goles a Colombia, tres a Ecuador, seis a Chile, cuatro a Uruguay, tres a Brasil, con «Zizinho», «Didí», «Garrincha», Joel, Nilton Santos, Gilmar, Bellini, media selección que ganó en Suecia ’58, el primer título mundial para el fútbol brasileño», en el recuerdo.
*Columnista de La Señal Medios, «Mundo Amateur», Víctor Lupo, Agencia Nacional y Popular. AGN-Prensa.
*Por José Luis Ponsico