«Quiero ver a Ferro en Primera»

*Por José Luis Ponsico 

De una generación de grandes delanteros, Antonio Garabal, 91 años, gloria sobreviviente de Ferro Carril Oeste, vive el Mundial como la mayoría de los argentinos. Con mucha tensión. Reflexivo y sabio en sus opiniones. «Argentina es un equipo inteligente. El aporte de (Lionel) Messi da brillo. Pero el resto no se queda atrás. Marcan, juegan, piensan, son valientes y lúcidos», dice.

«La Argentina hoy expresa la esencia del juego que hizo célebre a los grandes: Alfredo Di Stéfano, Enrique Omar Sívori, el «Nene» Sanfilippo, fallecido hace poco, siendo casi vecinos… En el repaso, de los que tuve cerca, (Oreste) Corbatta, el «Bocha» (Humberto) Maschio, mi amigo y compañero Dante Lugo, parecido de los últimos a (Juan Román) Riquelme», evoca.

«Nací un 17 de octubre, casi nada. Pero en 1934. La infancia en Boedo, mis padres laburantes. Casa alquilada. Antigua. Vida austera. Los pibes, en la calle —zona de Av. Independencia y Castro Barros—, la pelota de «trapo». Cinco contra cinco. Pasaba un auto cada 20 minutos. Década del ’40. Éramos felices. Estaba para ir a San Lorenzo o a Ferro. Quedé en Caballito. Para siempre», afirma.

Lo que sigue es síntesis de una extensa charla con Garabal en departamento cercano a la «Catedral» Verdolaga, calle Bogotá al 700. Un repaso de más de 70 años de jugar y ver fútbol. Aquí y en Europa, donde jugó: se lo llevó el Atlético Madrid, de Ferro, en enero del ’57, con Dante Lugo (Lanús), y nos perdimos de jugar en la inolvidable selección de Lima con los «Carasucias». Ataque memorable.

«Lloré en el barco, pleno viaje a España. Unos 20 días sobre el Atlántico. No quería ir. Me convencieron en Ferro y en la selección el gran «Pipo» (Néstor) Rossi: «Antonito (yo tenía 22 años, brillaba en la Selección), me dicen que no querés ir al Atlético Madrid. Vos no querés que tus padres vivan mejor. Dejen de alquilar. Tengan una vejez feliz. No podés ser tan egoísta», me dijo. «Terminé llorando».

«Sabíamos con «Mandrake» Lugo («Nada por aquí, nada por allá») que nos perdíamos algo grande. El seleccionado de Guillermo Stábile, marzo del ’57, ocho goles a Colombia, tres a Ecuador, seis a Chile, cuatro a Uruguay, tres a Brasil, con «Zizinho», «Didí», «Garrincha», Joel, Nilton Santos, Gilmar, Bellini, media selección que ganó en Suecia ’58, el primer título mundial para el fútbol brasileño», en el recuerdo.

«¿Mi juego?», indaga. «Vos me viste —al cronista—, pero éste no me vio jugar. Jorge Marti —amigo de ambos, culto a la vida de Antonio— lo sintetizó: rápido, encarador, muy zurdo, pegado a la raya, buen remate, los centros que hizo goleadores a varios, desde (Salvador) Calvanese, pasando por el uruguayo (Julio Orfilio) Acosta, en el ’59 (10 goles), regreso, ya grande, a Felipe Ribaudo, en el ’65», siguió.

«Entre los tres «9», ciclos en Ferro (1954/57, luego 1959 y más tarde 1963/65), no menos de 40 goles por asistencias desde la izquierda. Me acompañaba por la banda, en sus subidas de lateral habilidoso, primero el gran Silvio Marzolini (1959) y más tarde el «Ratón» (José Bernabé) Leonardi (1965), de gran pegada con pie izquierdo. Unos 25 goles por penales y tiros libres», en el repaso.

«En los ’50 Ferro tuvo a Alberto Piovano (*) puntero izquierdo. Llegó de Mar del Plata, le pegaba con un fierro. Ferro lo pagó 8 mil pesos. Zurdo, «la Raza» de Bernabé (Ferreyra), Vernazza (Santiago) y, más adelante, (Héctor) Facundo; seguir con (Héctor) Scotta. Piovano, con amistosos, pasó los 90 goles entre 1949 y 55. Quedé como suplente y me pidió Boca, a préstamo», recordó.

«En Boca, haciendo la «colimba» en el 1.er Cuerpo de Ejército (Palermo), suplente del gran Ernesto «Tito» Cucchiaroni (**), habilidoso, tenía el don de la gambeta con ambos perfiles. Desde su llegada a Tigre, desde Misiones (1949), demostró clase. En el Sudamericano de Chile 1955 fue una de las figuras. Lo llevó Boca y enseguida vino a buscarlo el Milan, Italia. Más tarde, ídolo en la Fiorentina», la semblanza.

«¿El mejor Ferro? Todos los historiadores dan al equipo del ’59, cuando habíamos regresado de España, con Lugo, adquiridos por el «Puma», don Alberto Armando. Nos quería en Boca, elecciones de dic. ’59. En el camino, a préstamo a Ferro. Estuvimos 17 fechas sin perder: Antonio Roma, Mogaburu, Marzolini, Ríos, Balay, Devita, Ernesto Juárez, Rubén Berón, Julio (Orfilio) Acosta, Lugo y Garabal», describió.

«Atlético Madrid no pudo con el Real Madrid de otros argentinos. Empezando por el notable Alfredo Di Stéfano, el «Nene» Héctor Rial, Rogelio Domínguez, además del genial húngaro Ferenc Puskás, el francés Raymond Kopa y el español «Paco» Francisco Gento. Invencibles. En el ’58 el Milan no pudo», de memoria.

«Los italianos tenían a los argentinos Ernesto Grillo, delantero inolvidable, medias caídas, gambeta infinita; al otro «crack» Ernesto Cucchiaroni; también al mejor atacante, para mí, de la historia de Uruguay, Juan Alberto Schiaffino, el «Pepe», inmortal de la final con Brasil en el ’50. El «Maracanazo». Ganó el Real en tiempo suplementario», en el repaso.

«Del regreso, Boca, ni Lugo ni Garabal; los de Ferro ’59. El uruguayo José (Pepe) Sasía reemplazó a «Mandrake» y el «Piojo» (José) Yudica me reemplazó a mí, al promediar la primera rueda en 1960. Otra vez a Ferro, para otro ascenso, 1963. Después del gran equipo del ’59 tuve ocasión de otro ciclo importante. El de la temporada ’65», al toque.

Desde la historia del club «Verdolaga», en un paréntesis, recuerdos de los comienzos. Remisión a ciclos históricos. Los ’50, equipazo del ’59, los ’60, otro dream team en el ’65 y la gloria de los ’80 con Timoteo Griguol, León Najnudel y Julio Velasco. Fútbol, básquetbol y voleibol. Fundado en enero de 1904 por empleados ferroviarios. En la Argentina, los ingleses instalaron los ferrocarriles en 1857. Medio siglo más tarde, Ferro Carril Oeste tenía una entidad manejada por un centenar de empleados de origen inglés. Pronto cumplirá 125 años. Garabal lleva algo más de 75 en el club. Récord. Más café con bizcochitos.

«¿Los mejores momentos? Entre los ’50 y ’60 el club creció. Con el pase mío a España hubo obras: el gimnasio, entre otras. Ventas del fútbol argentino: Sívori, Angelillo, Maschio; antes Grillo, Cucchiaroni, Luis Pentrelli, Francisco Loiácono. Entre 1956/57», revela. «El del ’65, ¿se acuerdan, no? El legendario Roque Marrapodi, tercer ciclo, Sergio Di Gioia, Leonardi, Etcheverest, Eduardo Collado, Mogaburu, Pastorini, Berón, Ribaudo, Tojo y Garabal. Entre ’64, donde tuve gran año, con 11 goles y casi diez asistencias. Ferro, en el ’65, terminó cuarto. Detrás de Boca, River y Vélez», siguió.

«De movida marqué dos goles a River. En Caballito, Ferro 3, River 1. Amadeo Carrizo dijo al fotógrafo de la revista «El Gráfico», quizá Ricardo Alfieri: «Ese «Petiso» (por Garabal) siempre me vacuna. Agarré una pelota de aire desde afuera del área, rechazo de cabeza de Leonardi y la clavé al ángulo derecho de Amadeo. Golazo«, lo vive. «Ese gol, el primero del torneo del ’65, antes de los 10 minutos. En el segundo tiempo, tras empate de River por gol del uruguayo (Luis) Cubilla, el popular «Nicha» (Alberto) Sáinz, lateral derecho mundialista (Chile ’62), quiso darle de cabeza, rechazo corto, a su arquero. Corté camino y quedé mano a mano con Carrizo. Ferro 2-1. Luego, Berón».

«En la 9.ª fecha Ferro quitó el invicto a Boca, con medio equipo de la Selección (Roma, Marzolini, Carmelo Simeone, Rattín, Sacchi, Alberto González, Alfredo Rojas y, antes, dos figuras: Ernesto Grillo y Norberto Menéndez. Total: 9). A los 44′ ST, Rattín al árbitro (Carlos) Nay Foino: «Termínelo, aquí habrá un muerto. Se están burlando», clamó el «5».

«Dos golazos del «Soldado» (Miguel Ángel) Tojo, partido que le valió su pase a San Lorenzo. Zurdo exquisito, de pisada y amague. Jugaba en puntas de pie. Un «crack». El partido estaba 3 a 0, me pone una pelota larga. Llegó por afuera y del centro la agarra a la carrera (Felipe) Ribaudo y rompe el travesaño. Roma, en el arco, estaba rabioso», alardeó. «Ese año 1965 le arruinamos el torneo a River. Le ganamos los dos partidos. En el Monumental, goles de (Juan) Pastorini y el «Ratón» Leonardi, hermoso tiro libre. Con Hugo Gatti en el arco. Los cuatro puntos en juego, decisivos. River terminó a un punto de Boca. Ferro, cuarto».

«Esa tarde que arruinamos a River, en el Monumental, estuvo en las plateas el notable DT del Inter de Italia, multicampeón de Europa, el argentino Helenio Herrera. Se dijo que vino a ver a Silvio Marzolini y a Ermindo Onega para llevarlos. Ni Boca ni River facilitaron la transferencia. El famoso «HH» pidió saber del «Soldado» Tojo». Ahora, 20 años en Primera B. Un tiempo difícil. Se mezcla la tristeza por el gran momento que vivió el club 1980/90 con Timoteo Griguol, fútbol: Ferro, dos veces campeón (1982/84), subcampeón 1981, cabeza a cabeza con Boca de Maradona, Brindisi, «Chino» Benítez. Cuatro goles a Boca en Caballito. Dos veces, tres goles a River».

«En ése tiempo tuve grandes satisfacciones. Estando en las inferiores, conmigo crecieron Carlos (Goma) Vidal, al que fui a buscar a una gomería, Parque Patricios, edad de 4.ª. Lo hice debutar en Primera, 1967; Gerónimo «Cacho» Saccardi. Antes, (Héctor) Cúper. Llegó lesionado de Paraná. El «Pichi» (Héctor) Peláez. Luego los tuvo Timoteo«, pintó.

«El Ferro de los hermanos Arregui (Héctor y Carlos), del uruguayo (Julio César) Giménez, del gran «Beto» Alberto Márcico; atrás, Cúper, Oscar Garré, Agonil, el «Curita» Roberto Mario Gómez, seminarista en Mar del Plata hasta que se lo llevó Timoteo. Un Ferro para la historia. El club llegó a tener 55.000 socios. Parecíamos Vélez…», sumó. «Con una dirigencia ejemplar. El arquitecto Ricardo Etcheverry, Santiago Leyden, los que lo hicieron grande al club. Esa gente, hace un cuarto de siglo, estaba grande. Hubo un intento de «privatizarlo» en el 2000/01. Daniel Pandolfi y otros veinte dirigentes salvaron al club hace dos décadas. Este tiempo es de reconstrucción», con esperanza.

Antonio Garabal, sobreviviente de la gloria de Ferro. Tuvo empresa de transporte privada. Durante años llevaron sus choferes las inferiores al Campo Deportivo de Pontevedra. Setenta años ligados al club de Caballito. Hace una década vivió dos desgracias familiares: el fallecimiento de su hijo Antonio Omar (por Sívori, Enrique Omar).

«Le puse Omar por el «Cabezón», después del triunfo ante Brasil en el Maracaná, dic. ’56, cuando Sívori dictó cátedra ante un seleccionado que tenía la base del Mundial Suecia ’58. Memorable. Con el tiempo se enteró y, en un viaje a la Argentina, siendo figura en la Juventus, vino para abrazarme», final emocionante.

Una historia de vida que tiene en el fútbol el paisaje de la mejor Argentina.


*Columnista de La Señal Medios, «Mundo Amateur», Víctor Lupo, Agencia Nacional y Popular. AGN-Prensa.

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