A poco de cumplirse un año del asalto a Jaffar Expres por parte de combatientes del Ejército de Liberación de Baluchistán (BLA), la milicia independentista más activa de esa provincia del sureste pakistaní (ver: Pakistán, el asalto al Jaffar Express), realizó una nueva acción de grandes dimensiones, que se desarrolló el pasado sábado treinta y uno, que, según han informado, es la segunda fase de la Operación Heroof (Tormenta Negra). Que dejó más de noventa insurgentes muertos, habría que sumar otros cuarenta abatidos en dos operaciones del día anterior, lo que para muchos analistas locales ha sido “el día más mortífero para los milicianos en décadas”. A la lista de los muertos del sábado hay que agregar unos quince militares y otros tantos civiles.
En el comunicado del sábado por la noche, el Servicio de Relaciones Públicas Interservicios (ISPR) dice: “Los terroristas de Fitna al-Hindustan (la nueva denominación que el gobierno de Pakistán da a todos los grupos insurgentes que operan en Baluchistán), patrocinados por la India, intentaron perturbar la paz de Baluchistán realizando múltiples actividades terroristas alrededor de Quetta, la capital provincial, Mastung, Nushki, Dalbandin, Kharan, Panjgur, Tump, Gwadar y Pasni”.
Aunque el verdadero problema Pakistán no lo enfrenta en la frontera norte con Afganistán, sino en la del sur con el largo entredicho con India, que, por otra parte, también asiste a los talibanes afganos (ver: India, un largo puente hacia Kabul), donde la cuestión no la dirimen solamente India y Pakistán, sino que entran a jugar intereses norteamericanos, chinos y rusos en esta particular multiglobalidad, donde todos son peligrosamente sospechosos.
*Escritor y periodista argentino. Analista Internacional especializado en África, Medio Oriente y Asia Central.
*Por Guadi Calvo 