En los ’90, Carlos Bilardo ostentaba títulos como futbolista y entrenador que lo hacían casi único. Tres veces campeón con Estudiantes de La Plata, «Copa Libertadores», título Mundial de Clubes, con aquel Estudiantes de Osvaldo Zubeldía. Superando a Manchester United, primavera ’68. El «dream team» inglés de «Bobby» Charlton, el irlandés George Best y el escocés Dennis Law.
Luego, entrenador él del «Pincharrata» en los ’80, dos títulos, torneos de AFA. Superando al gran Independiente liderado por José Omar Pastoriza; el «Pato», en el «Rojo», ganó títulos a fines de los ’70. Cruces inolvidables. Finalmente, México ’86, Italia ’90. El «Narigón» vivió consagración como DT. En su ciclo radial nunca dejó de recordar a Osvaldo Zubeldía, el «Maestro» de todos los que ganaron «todo»: Poletti, Aguirre Suárez, Malbernat, Manera, Pachamé, Bedogni, Mateos, Echecopar, Eduardo Flores y Juan Ramón Verón.
Bilardo decía: «Osvaldo nos tenía 45 minutos en la vieja cancha, Av. Uno y 57. Entre 1965 y 1970 nos tenía 45 minutos practicando tiros libres, córner, desde los costados. Se paraba en el área y levantaba el brazo derecho, diciéndole a Raúl Madero dónde la quería… «, comentó. El partido de Argentina ante Cabo Verde remitió a goles de «Pelota Parada», la «jugada» que puso en vigencia en el «Pincha», 1965/70, el gran Osvaldo Juan Zubeldía. Con ella, en la «Revolución Táctica». Sin olvidar el recurso del «offside». La «trampa» de la posición adelantada al rival.
El «Huevo» Zubeldía, así cariñosamente lo llamaban los suyos, murió en Medellín el 17 de enero del 82. Tenía 54 años. El mundo «Pincha» aún lo llora. De pibe, Osvaldo, nacido en Junín, 24/06/27, el mismo año de Juan José Pizzuti y las «Mellizas» Legrand, uno después de Amadeo Carrizo y Fidel Castro, el inolvidable DT de Estudiantes de La Plata, hincha de River en su infancia. Admirador del notable «Charro» José Manuel Moreno.
Como DT, uno de los primeros en organizar la Escuela de Técnicos, 1962. Con cursos en la AFA. Tiempos de Victorio Spinetto, Osvaldo Geronazzo, ambos de la amistad en Vélez Sarsfield, de un ciclo exitoso y ataque para el recuerdo: Sansone, Conde, Ferraro, Zubeldía y Mendiburu. Zubeldía pasó a Boca en el 56, luego jugó en Atlanta, 1959, y más tarde en Banfield. Se retiró, 35 años, y siendo DT, junto al profesor Adolfo Mogilevsky, llevó a Atlanta a disputar con los «grandes» los torneos de 1961/62/63. En el 64, Osvaldo dirigió Vélez, pero Atlanta, con su base, le hizo cuatro a Boca (4 a 1) y le ganó las dos veces a River: en Villa Crespo y en Núñez.
El «Pincha» ganó todo en los ’60. Siendo niño vivía para el fútbol y simpatizaba con River. Al menos lo que se conoció cuando llegó a la Capital Federal para una prueba en Vélez Sarsfield. El puesto, siempre, un «8» organizador. En la «V» azulada, el eterno Victorio Spinetto lo hizo «10», bajando, y crecía Norberto Conde, habilidad y pegada, como «8» en posiciones invertidas. El «Beto» Conde, goleador. En la temporada del 53 convirtió 19 goles. Admirador de «La Máquina», 1941, tuvo favorito al inefable José Manuel Moreno, antes de ser inmortal «Charro» Moreno, en el ’43, cuando la «rompió» en México.
Osvaldo tuvo prueba en Vélez Sarsfield y quedó en el ’49. Su entrenador y maestro, siendo futbolista de medio campo, otro recordado: el gran Victorio Spinetto, que estuvo 15 años como DT en la «V» azulada. Detrás de Guillermo Stábile en la selección (1943/59). La fama de Zubeldía remite como DT multicampeón con Estudiantes de La Plata, 1965/70, «Pincha» campeón Mundial Interclubes 1968, antes Copa Libertadores ’68. Luego otras dos, 1969 y 70.
En el ’67, Estudiantes, primer club «chico» campeón AFA. El Metropolitano del ’67. En memorable final contra Racing Club, «Equipo de José» (Pizzuti, DT.), de las 39 fechas sin perder entre la segunda rueda del ’65 y la primera del ’67, curiosamente en Avellaneda con el equipo. El «Pincha» de Zubeldía. Una noche poco recordada por varias curiosidades: la caída del invicto y la pelea entre Carlos Bilardo y Carlos Pachamé en pleno partido. Con la expulsión de «Pacha». Ganó Estudiantes 2 a 1. Racing sin invicto en «El Cilindro». Pachamé, hijo de Ensenada, mucho amor propio, no esperó el micro de regreso.
Emprendió la vuelta por su cuenta con el bolso por la avenida Calchaquí. Hizo cinco kilómetros hasta alcanzar un ómnibus de línea suburbana. Zubeldía arregló todo dos días más tarde. Los dos futbolistas, fundamentales. Una disputa entre dos «gladiadores». En Vélez, su partido más destacado, no podía ser de otro modo, en los albores del 50, goleada de la «V» azulada a River, cancha de Ferro. Un 5 a 3. Osvaldo convirtió tres goles al arquero que mucho antes lo veía casi como otro ídolo. No fueron muchos los que le hicieron en un mismo partido tres goles al «Coloso» del arco de River.
¿El partido? En el ciclo de la gran campaña de Vélez con Spinetto, DT. Allá por 1953. O antes. (Adamo, Huss, Alegri, Simeone, Jorge «Finito» Ruiz, Ovide. Adelante, Sansone, Conde, Juan José Ferraro, Zubeldía y Mendiburu). Por ese partido, Boca lo adquirió tiempo después. Llegó a la Ribera con Antonio Valentín Angelillo. Nada menos. Osvaldo se especializó en hacerle goles a Amadeo. En «La Bombonera», primavera del ’56, de cabeza, en un córner desde la derecha, anticipó a Néstor Rossi, casi nada. La clavó arriba. Ganó Boca, cuando River enfilaba para el bicampeonato.
Esa tarde debutaron tres pibes de la Tercera. Dos llegaron lejos. Antonio Ubaldo Rattín, que golpeó feo de entrada al ídolo riverplatense, Ángel Labruna. El «5» de Boca, 19 años. El eterno goleador de River, 37. Con Rattín llegaron a Primera Juan José Rodríguez, popular «Yaya», y el puntero izquierdo misionero de fuerte remate, Eduardo Senés. Capicúa.
Zubeldía, tipo generoso, decía: «Nunca le pegué bien a la pelota desde fuera del área. No obstante, cuando firmé como DT. de Atlanta, después de mi paso como futbolista en el club de Villa Crespo, 1960, casi con 33 años, estando Sánchez (Miguel) y el juvenil Hugo Orlando Gatti, creo que de grande aprendí a pegarle, bien, con «efecto»». Probando a los arqueros, mucho tiempo, uno se perfecciona. Ojalá cuando estaba en Vélez, luego en Boca, 1956, hubiera pegado como lo hacía en Atlanta, 1961/62″, confesó Zubeldía al periodista Eduardo Rafael, uno de sus admiradores. Atlanta de Zubeldía le ganó a Boca y a River, en un ciclo inolvidable del equipo «bohemio».
La vuelta de su amigo argentino Geronazzo, cuatro años menor, ex «5» de Vélez ’52, luego un paso por el fútbol italiano permitió a Zubeldía compartir horas de análisis sobre tácticas y estrategias del juego que apasiona a millones. Al punto que en el ’65 editaron un libro que supone «un ajedrez» futbolístico, en dibujos tácticos. Movimientos con pelota, sin ella. La luego célebre «ley del offside», segundos antes del lanzamiento del mediocampista al delantero de punta y el paso adelante de los centrales. En combinación con los laterales. Para que nadie quede «enganchado».
Geronazzo miraba a los futuros rivales de Atlanta y marcaba pautas. Sin haberlo tratado, un posible heredero, Marcelo Bielsa. Entre ambos, Zubeldía y Geronazzo fundaron en el 62 la Escuela de Técnicos, que funcionó en los primeros tiempos en un piso de la AFA. Calle Viamonte al 1400, pleno. El centro de la Capital Federal. Cerca del Palacio de los Tribunales porteños. Con ellos, se anotaron José Ramos, el «6» de «La Máquina» de River; Luis Ferreyra, suplente en River en los 40. DT. de Atlanta interino luego de Zubeldía y Mogilevsky.
No le fue bien en Vélez a la dupla en el ’64. Un equipo en formación, aunque en el comienzo del torneo otra vez golearon a River. Un 4 a 2 en el Viejo Fortín de Villa Luro. En el verano del 65 firmó para Estudiantes de La Plata y Osvaldo, en persona, se dedicó a buscar los refuerzos de un equipo platense de floja campaña en el 64. Con promedio de descenso, al igual que Platense y Argentinos Jrs. Uno de los elegidos, Carlos Bilardo, el mediocampista de Deportivo Español, ex Tercera de San Lorenzo. Un típico «batallador» en el medio. De marca y salida rápida, según comentó el propio Bilardo que le dijo Zubeldía luego de verlo en un amistoso de verano, en cancha de Atlanta.
«Me esperó -justo esa noche metí un gol y otra pelota en un palo; estaba con bajo peso, pero me sentía bien», describió Bilardo su primer encuentro con Zubeldía. «Quiero formar un equipo combativo a la hora de defender y eficaz a la hora de atacar. Vos sos ideal. Tenés experiencia de Primera B, donde todos se matan, no sos un negado con la pelota y llegás al gol». En Español, en dos torneos de Ascenso, hiciste 25 goles. Te vengo siguiendo», sorprendió Osvaldo al que sería su discípulo. Dentro y, especialmente, fuera de la cancha.
Con Bilardo llegaron Marcos Conigliaro, el «9» de Chacarita Jrs., ex Independiente, formado en Quilmes Athletic Club. Delantero movedizo, mucho desmarque, que hacía diagonales hacia afuera. Algo que quería Zubeldía. No, el «9» punta-punta. El fijo. Sin embargo, en el ’66 Conigliaro estuvo cerca de Juan Carlos Carone, el goleador de la temporada. El 11 de Vélez con 25. El de Estudiantes, cerca de una veintena. En gran año.
En ésa época, el 9 clásico, Alfredo («Tanque») Rojas, de Boca tras ser goleador en Gimnasia y Esgrima La Plata, 1962. También Hugo Spadaro, ex «5» de Sarmiento de Junín. También como central. De Independiente, «tapado» por Osvaldo Mura, llegó Roberto Santiago. De gran pegada en los córneres y tiros libres. La clave estaba «abajo». Zubeldía conocía la historia de la Tercera «que mata»: Poletti, Aguirre Suárez, Malbernet, Manera, Pachamé, Mercerat -uno de los pocos que no llegó a Primera-, adelante Rubén Bedogni, Mateos, Echecopar, Eduardo (Bocha) Flores y Juan Ramón Verón, la célebre «Bruja».
Equipazo que ganó de punta a punta el torneo de Tercera. Una final nunca superada -de 22, 20 fueron figuras en Primera- contra Rosario Central. Carnevali, Pascuttini, Ainza, Aranda, Rodolfo García, Sesana; arriba, Pignani, Ricardo Palma, Aldo Pedro Poy, Enzo Gennoni y Giribet. Duelo de titanes. Ganaron «los pincharratas» dos a uno. Zubeldía promovió a ocho de los campeones conducidos por otro notable: Miguel Ubaldo Ignomiriello. Destacados desde una 5ta. que hizo historia en 1962, Eduardo (Bocha) Flores, fallecido hace unas horas a los 77 años, y el mágico Juan Ramón Verón, ambos zurdos con estilos distintos.
Flores, media punta, armador. Pegada de media distancia. Verón, antecesor de Diego Maradona, por habilidad, desparpajo, talento puro. Osvaldo, para los años siguientes, buscó jugadores «no estellas». Refuerzos no costosos para las arcas de Estudiantes. Llegaron Felipe Ribaudo, 27 años, «9» de Ferro, rápido, vivo, astuto, goleador, buscando la sorpresa. De Platense, Néstor Togneri, también «grande» figura en el equipo «Calamar» que armó Ángel Labruna en el 67.
Un polifuncional. Para el medio campo, buen marcador, o en el fondo; «tiempista». Fernando Lavezzi, puntero incisivo de Platense, también. No jugó mucho. Por Felipe Ribaudo el «Pincha» hizo un trueque con Miguel Ángel López, luego destacado en Ferro, River y especialmente en Independiente, bicampeón de América, 1973/74.
La base zubeldiana. Una defensa dura. El tucumano Ramón Alberto Aguirre Suárez, «líbero». Impasable. A veces excedido en el juego brusco. Un central <temible<. A su lado, Raúl Madero, lo contrario: la clase del «6», antes «5», una zurda elegante para salir jugando. Los laterales, Eduardo Manera se «soltaba». De pronto, delantero. Lo opuesto, Oscar Malbernat, marcador de notables recursos. En el medio, Bilardo, organizador. Pachamé, «limpia-parabrisas» zurdo, durísimo a la hora de marcar. Con ellos, Eduardo «Bocha» Flores, zurdo de manejo, gran pegada y panorama. Adelante, Juan Miguel Echecopar, el «Vasco» de Pergamino. Habilidad, cambio de velocidad. Un gol consagratorio, Metropolitano del 67. Estudiantes dejando sin invicto a Boca en el viejo Estadio de 57 y Uno, sobre la hora.
Una pelota larga. Le puso el cuerpo al cruce de Silvio Marzolini, nada menos. Ganó la posición. Picó al área rival. El arquero Carlos Minoián, el Oso caucásico, el armenio que se había consagrado en Gimnasia y Esgrima, justamente, en el 62, gran campaña del Lobo platense. Boca lo adquirió en el 66 por la ida de Antonio Roma al Mundial de Inglaterra.
Echecopar eludió a Minoián, pero se abrió. Como el Grandote volvió para taparlo, lo volvió a gambetear hacia adentro antes de ingresar con la pelota en medio de la desesperación de Marzolini, el mejor «3» del Mundial de Inglaterra un año antes. La revista «El Gráfico» publicó en tapa el momento glorioso del gol de Estudiantes, con un título inolvidable: «El poema de Echecopar». Entre goles memorables, abril del ’68, un zurdazo de «Bocha» Flores, borde del área, para el empate con Palmeiras, faltando seis minutos.
Enseguida, la genial apilada por derecha de «La Bruja» Verón, eludiendo como si fueran sillas a tres defensores de la casaca verde paulista. Palmeiras ganaba uno a cero con gol dudoso sancionado por el árbitro uruguayo Esteban Marino. Todo Estudiantes reclamó offside de Serginho, el 9 del equipo paulista. La gloria esa noche para la dupla que en el 62 brillaba en la 5ta.: «Bocha» Flores y Verón.
Zubeldía en el 74 estuvo en San Lorenzo y logró un entendimiento de memoria entre Oscar Ortiz, el notable «Negro» puntero izquierdo, de enorme habilidad y velocidad por la raya, y el santafesino Héctor Scotta, el célebre «Gringo» de la pegada «a lo Bernabé» Ferreyra.
Entre el Nacional del 74 y la temporada siguiente, San Lorenzo, con ellos, 60 goles. Los de Scotta, mayoría desbordes del «Negro» Ortiz. El hallazgo de Osvaldo: San Lorenzo, campeón del Nacional ’74. La dupla que instaló como arma ofensiva: Héctor Scotta-Oscar Ortiz. De 60 goles entre el torneo ganado y el siguiente. El «Gringo» Scotta, goleador; el «Negro» Ortiz, asistente.
Ahí terminó con el mito de Estudiantes, «equipo fastidioso», portadores del «anti fútbol», un daño que, según Carlos Bilardo, llegó de parte de la «prensa canalla» y lo pagó el propio «Narigón» en la fase previa al Mundial México ’86. En la síntesis, Zubeldía llegó a Colombia y sacó campeón a Atlético Nacional de Medellín después de 15 años. Donde encontró la muerte por infarto cardíaco el 17 de enero. En Medellín, como Carlos Gardel, en junio del 35. Curiosamente, Osvaldo, nacido en junio del 27.
La gran pintura sobre Zubeldía también pertenece a su discípulo Bilardo. Marzo del 65, apenas a 45 días de su llegada a Estudiantes. Los reunió a todos en la Estación Constitución, viaje de la Capital Federal a La Plata. A las 7.30. El tren partía a las 8. «Éramos quince y Osvaldo leyendo la Palermo Rosa, amante del Turf. De pronto Raúl (Madero) pregunta: «Osvaldo ¿esperamos a algún nuevo refuerzo? No, quería que ustedes vieran todo esto…», disparó Osvaldo.
«Algunos habían llegado de lejos. Los pibes Poletti, de Colegiales. Madero, de San Fernando. Los que estaban cerca de La Plata. Todos los de la Tercera, apenas 21 años. De nuevo Madero, casi médico, profesor de música. El más culto a los 27 años. <Osvaldo, laburantes, miles, gente que llega del conurbano, a las corridas. Los descamisados», opinó Madero. «Muy bien, Raúl», respondió Osvaldo. «Eso es lo que quiero que vean. Gente triste. Víctimas de un sistema que no deja muchas oportunidades laborales. Ganan poco y sufren mucho. Ustedes, si me hacen caso, serán privilegiados como futbolistas».
Ganarán prestigio y dinero. Tendremos doble turno. Los que estén de novio que hablen con los futuros suegros. Quiero disposición total de tiempo y conciencia profesional. Caso contrario seremos uno de ellos. Ustedes juegan por placer. Si no estuvieran contratados jugarían igual. En el barrio, desde alguna oficina. El fútbol, pasión», concluyó Zubeldía.
Un Filósofo sin título. Ocurrió en marzo del ’65. Algunos conservan fotos y hasta algún recorte de aquella «encíclica». Quizá al cabo de 60 años y luego de recibir críticas por su «Revolución Táctica», además de «La Pelota Parada» (***) como recurso ofensivo y utilizar la ley del «offside», la «trampa» de los defensores achicando para dejar en posición adelantada al delantero rival, hace medio siglo haya sido visto como… «Zubeldía, el Hecho Maldito». Para un sector de la Prensa.
Lo que pocos reconocen es que Zubeldía hizo Escuela. Tanto que la Argentina, en el Mundial 2026, gana con goles de «Pelota Parada». Desde la historia periodística hubo dos colegas que lo reivindicaron: Osvaldo Ardizzone y Jorge Taboad, desde «El Gráfico», rescataron cuando «La organización venció a la improvisación», en sus notas (1968). La última para el colega Nicolás Morente, joven comunicador social y profesor universitario. Siendo Productor en TyC, indagó, investigó y escribió el libro «Osvaldo Zubeldía: a la gloria no se llega por un camino de rosas» (2016, Editorial Corregidor).
Desde las librerías de La Plata se dice que el libro (unos 20 mil ejemplares) se agotó en una semana. No era para menos.
*Por José Luis Ponsico