Mar del Plata: diez años de políticas liberales convirtieron la ciudad en un infierno para la clase trabajadora

Por Redacción

Hace tiempo que Mar del Plata dejó de ser la Ciudad Feliz. La ruptura de los lazos comunitarios se imbrica con el crecimiento de la pobreza y la desocupación, mientras la administración liberal que encabeza la dirección política del municipio no genera políticas para contrarrestar la drástica situación que atraviesan los habitantes de General Pueyrredón. El escenario de deterioro comunitario, que afecta principalmente a la clase trabajadora, se agravó por la persistente inseguridad que evidencia y expone los rasgos distintivos de una comunidad rota, producto de años de políticas de abandono del trabajo y la seguridad social.

En este escenario, la ciudad registró una tasa de desocupación del 9,3% durante el primer trimestre de 2026, por encima del 7,8% correspondiente al promedio de los 31 aglomerados urbanos del país. Según los datos oficiales, 32 mil personas del aglomerado Mar del Plata-Batán no tenían trabajo y lo buscaban de manera activa. Según datos del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos, el mercado laboral local reunió a 348 mil personas dentro de la Población Económicamente Activa sobre una población de referencia de 672 mil habitantes.

La tasa de actividad alcanzó al 51,8%, por encima del 48,6% nacional, mientras que la tasa de empleo se ubicó en el 46,9%, lo que equivale a 316 mil personas ocupadas. Dentro de la región Pampeana, Mar del Plata se ubicó entre los aglomerados con mayores niveles de desocupación. San Nicolás-Villa Constitución registró un 10,4% y Bahía Blanca-Cerri un 10,1%.

Asimismo, la pobreza alcanzó al 22,8% de la población de Mar del Plata-Batán, lo que representó a unas 153.185 personas que no lograron cubrir la canasta básica. La indigencia afectó al 5,2% de los habitantes durante el mismo período. Los indicadores laborales y sociales expusieron una situación marcada por la falta de empleo y las dificultades para acceder a los ingresos necesarios para cubrir las necesidades básicas, en una comunidad que vive al límite constantemente.

Las estadísticas de la inseguridad

En este contexto, la «inseguridad» afecta a las y los trabajadores, ocupados y desocupados. Durante la primera mitad de 2026, Mar del Plata acumuló 25 homicidios dolosos. El primer trimestre concentró 16 casos, el registro más elevado para el inicio de un año desde 2022, mientras que entre abril y junio se contabilizaron nueve asesinatos: cinco en abril, cuatro en mayo y ninguno en junio.

Si bien los registros del segundo trimestre mostraron una baja en algunos delitos respecto de los primeros tres meses del año, la situación está lejos de ser una panacea para las y los vecinos. Entre abril y junio se denunciaron 577 sustracciones de automotores, un 12% menos que en el primer trimestre. En el mismo período se registraron 567 sustracciones de motos, con 157 casos en abril, 200 en mayo y 210 en junio. La cifra representó una caída cercana al 18% frente al segundo trimestre de 2025 y del 19% en relación con los primeros tres meses de 2026.

Según datos del Centro de Procesamiento y Análisis de Información Delictiva, se registraron 2.988 delitos y contravenciones contra las personas durante el segundo trimestre, un 15% menos que en el período anterior. Frente al mismo trimestre de 2025, la cifra prácticamente no presentó variaciones, cuando se habían registrado 2.993 hechos. Del total de los casos, el 42% correspondió a denuncias por violencia familiar o de género, mientras que las lesiones y las amenazas representaron un 17% cada una. Las denuncias por violencia familiar y de género sumaron 1.266 casos entre abril y junio, un 22% menos que durante el primer trimestre. Las mujeres representaron el 73% de las víctimas, con 926 casos, y el 54% tenía entre 26 y 45 años.

La única verdad es la realidad

Una cosa son los datos registrados y otra es la realidad que viven los habitantes del municipio. La crisis social tiene su correlato en las políticas neoliberales de la década de los ’90 que posibilitaron el derrumbe de la industria textil y pesquera, dos pilares productivos de la zona. El actual ajuste libertario, compartido por la administración municipal de Agustín Patricio Neme y por Guillermo Montenegro, agudizó la situación crítica con recortes presupuestarios que afectan a áreas sensibles como educación y salud pública.

Los testimonios recogidos por AGN Prensa dan cuenta de una problemática que se expande a lo largo y ancho del territorio marplatense y reflejan la lumpenización de una sociedad rota. En este escenario, los vecinos denuncian una visible connivencia entre la policía, el clientelismo político y la delincuencia. Del mismo modo, afirman que existen «zonas liberadas» para la venta de drogas y la realización de actividades delictivas. De este modo, barrios que históricamente eran tranquilos se convirtieron en un hervidero social.

«Vivo en una zona, que podríamos llamar céntrica, siempre fue un barrio tranquilo. Desde hace un par de años, cuando saco el coche miro para todos lados y salgo enfierrado», afirma un vecino que prefiere mantenerse en el anonimato. Una sociedad paranoica da lugar a una estructura de control social que sirve para criminalizar a los pobres y a los trabajadores. De hecho, la mayoría de los delitos ocurren en barrios populares, de este modo, denuncian los testimonios, un barrio como los Troncos o La Perla están protegidos.

Walter vivió toda su vida en la ciudad, sostiene que la policía libera zonas como una manera de presionar al poder político, sea por cuestiones salariales o para mantener algunos «quioscos». Remarcó que la escalada de violencia y de delitos afecta a las barriadas de trabajadores, en un marco de profunda ruptura del tejido social.

El exconcejal y actual Director del Teatro Auditorium, Vito Amalfitano, consultado por AGN Prensa, sostuvo que «la situación social en Mar del Plata no escapa a lo que vive todo el país. Pero en esta ciudad siempre es peor: se dice que cuando el país está mal, Mar del Plata es un símbolo, una prueba piloto. Cuando el país está mal, el país está peor. Porque, por ejemplo, los índices de desocupación son más altos, considerando el trabajo golondrina, la gente que viene a trabajar en verano y se queda en Mar del Plata. Hoy la situación social es difícil, acuciante y no voy a descubrir nada si hablo de las deudas de la mayoría de la población».

En tal sentido, agregó que «por otro lado, está la cuestión de la inseguridad como el flagelo al que no ataca como correspondería el municipio de General Pueyrredón. Tenemos que recordar que el intendente Montenegro, que ahora está de licencia y lo reemplaza Agustín Neme. El Pro gobierna hace 10 años, asumió diciendo que iba a gobernar desde las cámaras del Centro de Operaciones y Monitoreo, que la inseguridad no era un problema para él, que, al contrario, él se iba a encargar de la inseguridad en Mar del Plata porque era un especialista. Lo cierto es que Mar del Plata incrementó los índices de inseguridad muchísimo desde la administración Montenegro y ahora, muchos más con una sensación de crimen organizado».

En el año 2020, Amalfitano creó desde el Concejo Deliberante la Comisión de Seguridad. Aseveró que desde la misma se «pudieron solucionar algunas cosas, se pudo coordinar con fuerzas nacionales y provinciales, pero ahora hay una mayoría automática del macri-mileísmo y no se puede acordar eso. Hay un proyecto del Concejal Diego García para que se arme una mesa de política criminal en la municipalidad y no se da cuenta de eso. Mientras tanto, se siguen sucediendo hechos graves como el crimen del chofer de plataformas o como todo lo que está pasando en los barrios de la periferia».

Al mismo tiempo, remarcó: «se puede decir que la jurisdicción es parte de la provincia, pero hay una Secretaría de Seguridad en Mar del Plata que no articula, que no gestiona políticas y, por otro lado, las políticas sociales contribuyen y también tiene que ver la falta de iluminación, la falta de cuidado de la Ciudad: a tres cuadras del centro, San Luis y Moreno, son unas de las calles más oscuras de Mar del Plata y allí se producen robos y entraderas permanentemente. Esto se debe a que se descuidan aspectos que inciden en la inseguridad. Desde hace algunos años el municipio se encarga del negocio inmobiliario y no de políticas públicas y éste es el resultado».

El liberalismo ostenta un falso republicanismo donde la libertad está condicionada por las relaciones materiales sistemáticamente asimétricas. La destrucción del Estado, el régimen de ajuste permanente y la criminalización de la clase trabajadora, derivan en políticas que posibilitan la disolución comunitaria donde los individuos que la integran quedan condenados a la supervivencia y a la deriva. Mar del Plata es el ejemplo de la destrucción que el régimen semi-colonial propone para la Argentina como proyecto político del descarte humano.

 

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