Opinión

Lo profundo del pueblo, la Patria

Por Gustavo Ramírez

Para el sistema nos resumimos en números y estadísticas. Una especie de baile exótico que regocija las elucubraciones intelectuales de los economistas ortodoxos. El sueño húmedo de la matemática inútil. Así que lo primero que se trató de reflejar el último 17 de agosto, por la prensa que antes hizo todo lo posible por bajarle el precio a una movilización histórica, es caer en la tentación del número. ¿Cuántos fueron?. Eso es todo.

El sistema se reduce a un registro de números. Opiniones en cantidad. “La CGT salió a pasear por la Ciudad de Buenos Aires”, se repitió en cuanto espacio mediático estuvo a disposición de las cabezadas mecanizadas. Hubo esmeros para vaciar de contenido la presencia masiva del Movimiento Obrero en las calles. “Consignas confusas”. Como si algo fuera claro en estos días. Pero no era cierto. La consigna siempre estuvo clara. Si primero está la Patria, la consigna fue movilizarse contra la anti-patria. Simple.

Cuesta entender al sindicalismo. Sobre todo cuando se hacen esfuerzos impensados para reforzar la desperonización. ¿Qués es la Patria? Eso que ocurre todos los días a toda hora cuando millones salimos a transitar las calles para ir a nuestros trabajos formales o informales. De la economía “funcional” o de la economía popular.

La Patria se hace todos los días. No se nota porque culturalmente “ellos”, los anti-patria, se encargaron de borrar las huellas cognitivas de las conciencias. No hay Patria para los que no son patriotas. ¿Qué es un patriota? Un trabajador, una trabajadora. Un pobre, diez pobres, un millón de pobres.

Un rostro se convierte en miles de rostros en una movilización de estas características. Las banderas en alto son el orgullo desplegando sus alas abiertas al viento. El viento no se lleva las penas. Hincha las venas. La sangre corre. Es lo justo. Esos rostros no tienen estadística. Están curtidos de datos. Cortados, a veces, por la calamidad. Son historia. La pequeña, la real concreta. La que no aparece en los libros que se leen en las universidades. Los rostros de los años. El sacrificio bíblico. El que nos pone de pie y nos hace caminar.

Los mirás. Intentás adivinar sus nombres. Caes en la cuenta que no son anónimos. Son la clase trabajadora. El 17 de agosto es esa postal de los días perfectos para el sindicalismo. No  hay disonancia flotando a la deriva en la atmósfera. Los iluministas aun se pregunta que es la perfección. Un laburante no. No lo hace solo porque tiene la respuesta. Pasa que no la oímos, no lo queremos oír. Es que si los periodistas oyéramos esas respuestas nos quedaríamos sin preguntas. Eso temen los movileros que salieron de la clase media a la calle y se chocaron de frente con la realidad que es la verdad.

¿Dónde está mi cabeza? Camina junto a esa pareja que tira del carrito donde el nene juega con un pedazo de pan. Te vez una tarde fría, en el comedor de la casa de un ambiente en Mar del Plata. Solo. Sin luz natural. Leyendo una Patoruzito. Tomando una taza de café con leche con pan cacero. Eso era todo. Más tarde se verá, pensabas entonces. Ahora, ahora es distinto. Tal vez un pedazo de pan es todo lo que haya. Así que alguien posiblemente medirá esa situación con una estadística y mañana otro alguien escriba una bonita crónica sobre como descubrir pobres en una marcha.

El pobre molesta. El pobre organizado molesta más. Es todo lo que nadie quiere ser y es. Jesús era pobre. El hombre que lleva el pocillo de café, recostado sobre la vidriera de los 36 billares tal vez no lo sepa. ¿Cambia algo? Lo que no sabemos nos modifica. Delante de él pasa un grupo de compañeras con chalecos de UTEP compartiendo un mate. Movilizar también es compartir. ¿Cómo carajo no va a tener contenido una marcha de estas? El contenido está dentro de ella misma. Es la gente. Las y los trabajadores.

Nada de lo que pueda hacer o decir la CGT terminará de conformar al escalafón de pensadores autodidactas ilustrados por la vanguardia de la comodidad bien intencionada. Hay un puñado de analistas de redes sociales que se regodean con su propio ego. Eso es todo. No escuchan. No ven. No preguntan. Niegan. Se niegan. Se ven solos delante de un espejo. Se celebran a si mismos. Se adoran sin responsabilidades ni representación. Son costumbristas del recelo y la comodidad.

El que lucha es condenado. En el universo de las apariencias aspiracionales un rector de la  escuela Media N° 3  de La Boca,  se jacta de ser cómplice de la explotación laboral encubriendo su intención de buenaventura pedagógica. Carne para la picadora. Ilusión en la confusión. El tipo no tiene reparo en mandar a sus estudiantes a laburar gratis. Lo manda el Ministerio de Educación de la Ciudad. Un puñado de hijos de puta que pasan el día afilando la hoja de la guillotina. No hay derecho a luchar cuando la “civilización” denodadamente arremete contra la barbarie.

Así que todo el que lucha por Justicia Social es un delincuente. Pero, ¿qué pensará ese rector ahora que una nena de la escuela N° 11 de Barracas murió a causa de su estado de vulnerabilidad social? Coincidirá con la explicación de qué los pibes de los barrios populares se pierden en los pasillos de las villas o en la que decía que los pobres caen en la escuela pública.

Ey, pero no vengas a hacer sindicalismo a mi escuela. Que los pibes de barriadas vulnerables experimenten trabajar gratis en empresas negreadoras es un valor social incalculable. Ustedes, los que defienden a los sindicatos, son el mal. La personificación del mal.

Jesús era pobre. Fue crucificado por los mismos que hoy manejan algunas escuelas. Algunos ministerios. Algunos medios. A la nena de la villa 21-24 también la crucificaron. Lo hizo un tipo con una risa cínica. Una ministra de educación perversa. Un diseño que aborrece a los pobres. Un modelo que pregona el descarte humano como toda razón y justicia política. Jesús le abrió las puertas del cielo a los pibes. Larreta los priva de comida. Pan.

Vamos. Hay que hablarle al mercado. Pero amigo, el mercado no tiene sentidos. No importa, le hablamos igual. Una miga de pan. Si nos va bien vamos a tener muchos me gusta en facebook. Eso si, no se entiende porque marcha la CGT. ¡Cuidemos las reservas! Después, si sobra algo, se lo envolvemos lindo, hacemos una conferencia de prensa y se lo damos a los pobres. Los pobres. Los trabajadores. Cosas molestas.

Orden financiero. Pero el SAME nunca llegó a socorrerla. ¿Qué tiene que ver una cosa con otra? Tal vez todo. Quizá nada. ¿Entonces? Maylén es la infancia olvidada, tal vez así se explica. Ordenar las cuentas. Canciones de cuna que no se van a volver a escuchar. Reservas. Abrazos que no se van a dar. Dólar Blue, Deshumanización. No seas sindicalista, sé un buen salvaje.

Nos educaron para obedecer. La obediencia nos puede convertir en Judas o en fariseos. Larreta hace sonar en sus manos, todo el tiempo, las 30 monedas. Pero los nuestros, los nuestros no pueden ser indiferentes. Tal vez por eso muchos hombres y mujeres salieron a la calle. Otra vez vez, siempre otra vez, el subsuelo de la Patria sublevado. 

17 de agosto. San Martín. El “héroe” traicionado. El que dijo: “Un día se sabrá que esta patria fue liberada por los pobres y por los hijos de los pobres”. Algo que olvidó el rector de la Escuela Media de La Boca. Que viven en la sangre las y los docentes que estrecharon en su corazón a Maylén. Lo que se niegan a reconocer los periodistas que juegan a ser Judas. Primero la Patria. Primero los pobres. Primero los humildes. Primero las y los trabajadores.

La marcha avanza. Las columnas se entreveran en un aquelarre de banderas, bombos y brazos en alto. Ella está delante. Se yergue firme, determinada. Los ilumina a plena luz de día. Curioso, ninguno de los que se preguntó por el contenido o el sentido de la movilización la ve. Tampoco la escuchan. Ella sentenció: Donde están los trabajadores está la Patria. La que dijo que “los únicos privilegiados son los niños”. Y está ahí. Nos mira a todos. No es solo una imagen en las paredes del Ministerio de Desarrollo Social.

Cae una leve llovizna. Se me ocurre que son las lágrimas de Eva al recibir con los brazos abiertos, en el celo a Maylén. Y si, las palabras se atoran en la garganta. Es 17 de agosto. Como periodista podría armar una nota con las declaraciones de los dirigentes que entrevistamos para esta jornada. Pero no tengo ganas. Solo pienso que esa nena tenía 11 años. El lunes mi hijo cumplió esos años. Pienso que  no ganamos. Que harán falta muchas más marchas para ganar.

¿Qué es la Patria? Eso que nos duele desde las entrañas y lo que nos mueve. No es el mercado. No son la reservas. Son esos compañeros sosteniendo la imagen de la Virgen María en plena Avenida 9 de Julio y Avenida de Mayo. La Patria es Maylén de 11 años y tantas otras y otros chicos como ellas. La Patria son las mujeres que las atienden día a día en cada rincón del territorio. Es el  laburante del puerto. El periodista de un medio popular. La Patria fue el sentido de la movilización del 17 de agosto.

Es cierto, no hubo efusividad. Esa fiesta distintiva estuvo ausente. Sobran los motivos para ello. El caminar fue de cierta manera una peregrinación. Como si fuera la continuidad de la jornada de San Cayetano. ¿ El Gobierno nacional sabrá por qué se movilizó el Movimiento Obrero? Escudriñar entre los mensajes políticos es un ejercicio infructuoso si se pierde todo en la rosca. El Ejecutivo tiene que darse por aludido. El mensaje también fue para allá.

En horas aciagas suelen emerger los profetas del Apocalipsis. Lo cierto es que el Apocalipsis no siempre ha tenido un significado negativo. Claro, es difícil escapar de allí. De ese concepto. Como lo es huir sin romper cadenas. La política suele caer en lugares comunes para contar lo  que miles saben y experimentan hora tras horas. Los márgenes son muy exiguos para el fraseo de palabras indefinidas. Ahí tal vez está la clave de esta marcha, que puede escapar incluso al pensamiento original de sus organizadores. Marchar para mostrar, para recuperar la voz y no guardarse nada.

Se puede parafrasear a un poeta popular y decir que no hay derrota peor que la que jamás sucedió. Ahí, redice la fortaleza del enemigo. La de convencernos de antemano que estamos derrotados. Claro, es cierto que desde el campo popular en el gobierno las señales no son alentadoras. Sin embargo es preciso que el dicho territorio político no se extingue en el Frente de Todos, va mucho más allá. La historia no comenzó en 2003. Mucho menos para el Movimiento Obrero organizado y para las organizaciones populares.

El sindicalismo no es perfecto. Seguro. Pero su trascendencia nos dota de conciencia social, política, histórica y humana. Es ni más ni menos que la expresión comunitaria de la valoración ontológica del sentido popular: Hacer justicia juntos. Quien, por estas horas, fustigó la movilización de la CGT demostró más sus propias carencias que aquello que torpemente quiso dejar en evidencia.

Lo profundo de este 17 de agosto se visibilizó en lo “profundo” de la columnas, allí donde las cámaras no llegan, donde lo superficial es relegado. Porque es ahí donde renace y se fortalece la poesía de las y los guerreros sociales. Sin números, sin estadísticas. Sin falsas categorías que nada describen. La naturaleza del pueblo al desnudo, como en cada movilización de la clase trabajadora. De los humildes, de los pobres, de la Patria.

“Me duele demasiado el dolor de los pobres, de los humildes, el gran dolor de los pobres, el gran dolor de tanta humanidad sin sol y sin cielo como para que pueda callar”. Evita.

¿Qué para qué fue la marcha del 17 de agosto?

 

 

 

 

19/8/2022

 

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