La política económica de Milei provocó el cierre de 30.000 pymes industriales y la pérdida de 70.000 empleos

Por Redacción

El entramado industrial argentino enfrenta una crisis estructural de magnitud inédita. En el último año, dejaron de operar 30.000 pequeñas y medianas empresas del sector manufacturero, con una pérdida directa de 70.000 puestos de trabajo. Así lo indicó un informe reciente del Observatorio IPA, que alertó sobre un posible colapso aún mayor: de mantenerse las actuales condiciones económicas, otras 30.000 firmas podrían desaparecer antes de que termine 2025, lo que llevaría la destrucción de empleo a un total de 300.000 puestos.

Daniel Rosato, presidente del IPA, advirtió: “Hay sectores que están atravesando una crisis severa por la caída del mercado interno. El ingreso masivo de productos importados que reemplazan a los nacionales significa despidos, suspensiones y cierres. Esto se va a intensificar y va a ir in crescendo”.

La advertencia coincide con una fuerte retracción en la actividad manufacturera. Aunque el INDEC registró un crecimiento interanual del 8,5 % en mayo, los industriales relativizan ese dato: en mayo de 2024, la actividad había caído 14,7 %, por lo que la recuperación no alcanza niveles anteriores ni refleja un repunte genuino. Los sectores más golpeados ya exhiben signos de colapso: textil, calzado, autopartes, metalurgia, bienes de capital, papeleras, fabricantes de herramientas y envases. Rosato señaló: “Todos los envases vienen importados. Ya no se produce ni eso”.

La situación financiera de las pymes industriales es insostenible, indicó el informe.  Las tasas de interés superan el 70 % anual y, según Rosato, “las empresas no pueden acceder a créditos ni cubrir gastos corrientes. Para los bancos, las pymes ya no son sujetos de crédito”. El uso de la capacidad instalada se ubicó en apenas 58,6 % en mayo, lo que refleja una industria paralizada, muy lejos de cualquier atisbo de reactivación. Las ramas más intensivas en generación de empleo son las que más retrocedieron.

El consumo interno, que funcionó históricamente como motor de crecimiento, atraviesa una etapa de debilidad estructural. Las ventas en supermercados crecieron 6,1 % en términos interanuales, pero lo hicieron sobre una base muy baja y sufrieron una caída mensual del 1,2 %. El canal mayorista, por su parte, mostró una contracción interanual del 4,9 %. Según un relevamiento del IPA, el 85 % de los gerentes de supermercados prevé que el escenario se mantenga estancado o empeore.

En paralelo, la destrucción de empleo formal afecta especialmente a las pymes, la industria y la construcción. El crecimiento económico agregado convive con una reducción de puestos de trabajo, lo que confirma la desconexión entre expansión macroeconómica y mejora en las condiciones de vida. El informe del IPA cuestionó la política de contención de tarifas, a la que definió como insostenible en el mediano plazo.

El atraso en los servicios y precios desregulados, sumado a una inflación núcleo todavía elevada, pone en duda la posibilidad de alcanzar una desinflación duradera sin provocar nuevos saltos de precio. El margen para sostener la actual política económica se achica. Industriales y trabajadores coinciden en que, de continuar este rumbo, el impacto social será irreversible.

 

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