La plata que el pueblo paga de impuestos debe ser dirigido a mejorar la vida y el futuro del propio pueblo, con una perspectiva prospectiva de progreso y desarrollo. Para eso, debe asignarse a Seguridad Social, Salud, Educación, Ciencia, Tecnología, Turismo, Transporte, Comunicaciones, Cultura, Energía, Combustible, Minería, Industria, Agricultura, Vivienda, Urbanismo, Agua Potable, Alcantarillado, Trabajo, Promoción y Asistencia Social, Comercio, Ecología, Medio Ambiente, Seguros, Finanzas, Defensa y Seguridad. Por supuesto, existen formas de verlo, para tener noción de cómo se administran los recursos tributarios de la Nación.
Por un lado, claro, la evolución del nivel de bienestar, o malestar, de los habitantes del país. Por otro lado, la creación y expansión de actividades productivas que conducen a evolucionar en sentido amplio, lo cual incluye la ciencia, la ciencia aplicada, la tecnología y el progreso propiamente dicho. En este sentido, fueron los gobiernos peronistas los que más han hecho.
El gobierno de Perón transformó un país agropecuario con industria incipiente en un país industrial, tecnológico, científico, energético, marítimo y aéreo, con pleno empleo y sin deuda externa. En 1949 hizo gratuita la universidad, en 1949 se creó Aerolíneas Argentinas, en 1950 se creó la Comisión Nacional de Energía Atómica, en 1951 se creó la Comisión Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (Conicet), en 1951 se creó el Instituto Antártico Argentino, en 1952 se creó IAME – Industrias aeronáuticas y mecánicas del Estado – y fabricábamos trenes, barcos, aviones y hasta tuvimos un auto de diseño nacional desde 1953: El Justicialista.
Pero todo eso fue interrumpido por el derrocamiento a Perón planificado desde Inglaterra y EEUU y ejecutado por la Revolución Libertadora o, mejor dicho, Fusiladora, luego del mayor atentado terrorista de nuestra historia que fue el bombardeo a la Plaza de Mayo del 16 de junio de 1955. Una de las causas reside en que EEUU disgusta de nuestro desarrollo porque pretenden nuestras riquezas.
Pues claro, si nos desarrollamos, nosotros somos quienes las usaremos y además haremos negocio con el manejo de nuestras exportaciones. En cambio, si somos una servil colonia yanqui, ellos vendrán a extraer, a succionar nuestras reservas estratégicas, haciendo ellos negocio con nuestras propiedades, quedando para nosotros sólo contaminación, hambre, miseria y, para peor, deuda.
Tenemos la segunda reserva mundial de gas, la cuarta de petróleo, la principal reserva de agua dulce del planeta, más de 17.000 glaciares registrados, tenemos litio, uranio, oro, plata, cobre, las llanuras más grandes del mundo, los viñedos más altos del mundo, las mejores frutas del mundo, la región de pesca más extensa del mundo perteneciente a un país, que además desborda de riqueza mineralógica y estratégica. Pero además tenemos desarrollo en ciencia y tecnología. Desde 1974 tenemos somos desarrollados en centrales nucleares y en este siglo nos hemos vuelto uno de los pocos países especializados en la industria satelital, destacando que en 2004 se crearon la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) y ARSAT (Argentina Satelital).
Es por aquello que quieren instalar, a través de la prensa y los medios de difusión, que lo mejor es que las empresas estén en manos privadas. ¿Pero para qué? ¿Porque son deficientes? ¿Por qué? ¿Para qué?
Precisamente porque son eficientes y generan ganancias. Por eso nos quieren robar nuestras empresas. Porque, además, los argentinos hacemos las cosas bien. Cuando nos ponemos a hacer cosas, las hacemos destacadamente bien. Por tanto, porque no sólo no tienen nuestros recursos, tampoco tienen nuestra inventiva, nuestra genialidad, nuestra argentinidad, nuestra magia, nuestra pasión, nuestro amor, no pueden hacer las cosas tan bien como nosotros. Entonces nos quieren robar las cosas que hicimos.
Encima somos el 8vo país más grande del mundo y el más diverso del planeta, no sólo en paisajes diferentes sino también rico en cultura, exquisito en gastronomía, mágico en música, exitoso en lo deportivo y cálido en su aspecto social, humano, amistoso y divertido. Somos un país agropecuario, industrial, científico, tecnológico, energético, marítimo, aéreo, satelital, turístico, cultural, gastronómico, musical, deportivo…
Pero además tenemos las zonas frías con abundante agua en la Patagonia y pertenecemos al triángulo del litio, que es lo que necesitan las corporaciones globales para armar sus bases de inteligencia artificial. Ya lo había dicho Laura Richardson, la ex jefa del Comando Sur de Estados Unidos de Norteamérica, que debían ocuparse de los recursos que poseemos los argentinos. Poco más tarde lo ratificó su sucesor, Marc Stanley. Y para eso diseñan el plan para poner gobiernos serviles a ellos en el manejo de nuestro Estado.
Así, a través de los medios de comunicación y el control del Poder Judicial, lo ejecutan con impunidad. El Ministro de Ambiente de Macri, el rabino Bergman, lo expuso con claridad: “Argentina como tierra prometida debe ser partida y repartida”. El ex jefe de asesores de Javier Milei, Demian Reidel, lo manifestó abiertamente, diciendo que tenemos los climas fríos con abundancia de agua pero que el problema es que las regiones de nuestro país están pobladas por argentinos, por cuando de eso se tienen que ocupar.
Tras dichas declaraciones, eliminaron las políticas de promoción industrial en la isla de Tierra del Fuego, abrieron las importaciones quitando todas las regulaciones proteccionistas, suspendieron los beneficios impositivos de zona fría más que quintuplicando el costo de la luz y el gas y redujeron los sueldos reales.
¿Cómo puede hacer un ser humano, de carne y hueso, para vivir sin trabajo y sin beneficios impositivos en zonas de climas tan extremos y hostiles? Imposible. Es indiscutible que todo esto responde al plan manifestado por Demian Reidel. Asimismo, en estos mil días de gobierno de Milei, determinaron incrementos salariales del 160% con una inflación acumulada del 400% y aumentos de tarifas superiores al 1.000%, en simultáneo con la quita de medicamentos a los jubilados, destrucción del PAMI, su obra social, desmantelamiento del tejido industrial y desfinanciación de todas las actividades productivas.
Evidentemente, no quedan dudas que se trata de la ejecución del plan de destrucción de la Argentina para que vengan las corporaciones extranjeras a robarnos nuestros recursos. No olvidemos que el desarrollo lo hicimos nosotros con nuestros impuestos, con nuestro trabajo. Y todo eso que hicimos nosotros, el gobierno de Milei se lo está regalando a las corporaciones norteamericanas, inglesas e israelíes que lo sostienen en el poder para lograr el mencionado objetivo.
Deberemos anular todas las entregas hechas y el endeudamiento por ilegales, ilegítimos e inconstitucionales. Por supuesto, corresponderá ineludiblemente enjuiciar penalmente a los responsables de la venta de la Patria. ¿Dónde prefieren que esté la plata de nuestros impuestos? ¿En bienestar y desarrollo o en enriquecimiento de las corporaciones norteamericanas e israelíes?
Inclusive, una nota más para completar. El gobierno de Alberto Fernández eliminó el mecanismo de la bicicleta financiera porque, en sus palabras, con la plata de los intereses que se le estaban regalando a los tenedores de letras del tesoro sobraba para devolverle los medicamentos gratuitos a los jubilados. También le devolvió las computadoras a los escolares a través del programa Conectar Igualdad, que había eliminado Macri. Restableció las cunitas para las familias necesitadas a través del Plan Qunitas. Volvió a poner en marcha la industria satelital y la generación de energía nuclear, interrumpidas por el gobierno de Macri. Realizó el Gasoducto Néstor Kirchner para consolidar el superávit energético. Firmó la incorporación de Argentina al BRICS a partir del 1 de enero de 2024, que rechazó Milei, tal vez sin entender que se trata del bloque de cooperación conformado por la mitad de la población del mundo y la tercera parte del producto global, lo cual abría (abrirá) oportunidades productivas, industriales, científicas, comerciales y financieras. Y el gobierno de Alberto Fernández entregó cerca de 150.000 viviendas, dejando casi terminadas 96.000 para que las entregue el gobierno siguiente.
¿Con qué plata se fabricaron las viviendas?
Obvio: con la plata de nuestros impuestos.
Bueno, el gobierno de Milei las está regalando a las corporaciones financieras trasnacionales, en lugar de entregárselas a las familias más desprotegidas de la Argentina.
*Economista (UBA), Psicólogo (UBA), Doctorando en Ciencias Económicas (UNLAM), Profesor en Universidades Nacionales (UBA y UNLAM) y en Instituto Universitario River Plate (IURP). Investigador Sigeva – Conicet. Autor de ocho libros, siendo los cuatro últimos “Del país dividido a la revolución cultural” (2017), “Argentina entre las disputas de poder 2012-2019” (2019), “Las Aventuras de Aztequita por Argentina” (2023) y “De la Pandemia a la Reconstrucción: Argentina 2020-2024, Liberación Vs Liberalismo” (2024). Columnista Económico en Televisión y Radio y dos nuevos libros en elaboración.
*Por Julián Denaro 