Por Redacción
La ofensiva conjunta de Estados Unidos e Israel contra el gigantesco complejo gasístico de South Pars, que Irán comparte con Qatar, provocó este miércoles una escalada vertiginosa del 6,5% en el precio del gas en Europa y disparó el barril de Brent por encima de los 109 dólares, en una jornada que además estuvo marcada por la amenaza explícita de Teherán de atacar media docena de instalaciones energéticas estratégicas de países vecinos.
El bombardeo sobre la plataforma iraní, el más grave desde el inicio de las hostilidades, no solo hizo temblar los mercados sino que llevó a las autoridades persas a cerrar varias secciones de la planta para controlar un incendio de grandes proporciones y evidencian la decisión de Estados Unidos y de Israel de profundizar el conflicto.
En este contexto, el portavoz de las Fuerzas Armadas de Irán compareció ante los medios para lanzar un ultimátum a la población civil de Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y de Qatar: «Estas instalaciones se han convertido en objetivos directos y legítimos, y serán atacadas en las próximas horas», advirtió el mando castrense. Instó a los ciudadanos a «abandonar de inmediato» las proximidades de refinerías y complejos petroquímicos clave.
La lista iraní incluye la refinería de Samref y el complejo petroquímico de Jubail, en Arabia Saudí; el campo de gas Al Hosn, en Emiratos Árabes; y en Catar, el complejo Mesaieed —afiliado a Chevron— y las fases 1 y 2 de la refinería de Ras Laffan.
Mientras la tensión diplomática alcanzaba su clímax, el fuego declarado en el yacimiento de South Pars obligó a paralizar las operaciones en varios tramos para evitar la propagación de las llamas. Fuentes oficiales aseguraron que la situación sobre el terreno está bajo control mientras los equipos de bomberos trabajan en la extinción, aunque el miedo a una interrupción prolongada del suministro ya se ha cobrado su primera víctima: la estabilidad de los precios energéticos globales.
Horas antes de los ataques, Irán había anticipado que tomaría represalias en caso de una ofensiva contra su infraestructura energética. La advertencia incluye la posibilidad de atacar instalaciones que abastecen a Estados Unidos e Israel en la región, lo que profundizó el temor a una escalada de mayor alcance. Lejos de la propaganda occidental, Estados Unidos e Israel siembran el terror en la región y se aseguran una escalada del conflicto con un grave impacto económico global, mientras las fuerzas iraníes prometen redoblar la fortaleza de la resistencia.