El 4 de junio y tres hitos nacionales: la victoria de Punta Quebracho, el fin de la Década Infame y la primera presidencia de Perón

*Por Alejandro Tarruella 

 

Noventa buques mercantes
veinte de guerra…

Miguel Brascó, “La vuelta de Obligado”

La batalla de Punta Quebracho en el Paraná donde hoy es Puerto San Martín, el 4 de junio de 1846, fue la batalla que determinó el inició el fin del bloqueo anglo-francés. La decisión del Brigadier General, Juan Manuel de Rosas, de encomendar una vez más la defensa de la soberanía nacional al general Lucio N. Mansilla en ese punto. El hecho motivo que el imperio británico pidiera de inmediato, negociaciones para acabar con el conflicto que habían provocado, con la Confederación Argentina. En la batalla, las fuerzas federales tuvieron una baja mortal y destruyeron seis buques mercantes y los invasores, unas sesenta. Se terminaba así, una etapa iniciada en 1836, con la caída del gobierno uruguayo del presidente Manuel Oribe, que inició la aventura imperial del bloqueo. El golpe había sido pergeñado por colorados uruguayos y unitarios afincados en el exilio en Montevideo, dirigidos por Juan Galo Lavalle, servidor francés, los colorados de José Fructuoso Rivera, comerciantes, financistas y soldados franceses, montados en los intereses de Inglaterra sobre la Cuenca del Plata.

Los británicos querían imponer el libre comercio con la libre navegación de los ríos que resistían Oribe y Rosas. El Restaurador había sancionado en 1836, una ley que imponía altos aranceles a las importaciones en tanto, los unitarios exiliados de Montevideo, Santiago de Chile, y La Paz, Bolivia, apuntalaban el bloqueo para resistirlo. Francia e Inglaterra apremiaban además a Rosas, abriendo frente de guerra con la Confederación Peruano Boliviana, el quiebre de la provincia de Corrientes con el gobierno nacional, al tiempo que organizaban el asesinato del jefe del Ejército del Norte, el tucumano Alejandro Heredia. Se procuraba encerrar a Rosas en un cerco del que salió airoso con una política tan cuidadosa e inteligente que consistió en no abrir dos frentes y concentrarse en los objetivos principales. Por eso, aceptó la pérdida de Tarija del territorio nacional en 1938 para no debilitar el punto principal de la contienda, la Cuenca del Plata.

En 1939, Rosas debió soportar también la rebelión de “Los libres del Sur” en Lezama y sur de la provincia de Buenos Aires, terratenientes que exigían exportar al modo inglés, sustentando así, la acción francesa y la invasión de Lavalle con los colorados orientales. Por su parte, el osado aventurero unitario, Gregorio Araoz de Lamadrid, se hacía del gobierno en algunas provincias.

Mansilla previó para el 4 de Junio de 1846, alistar baterías sobre la extensión de la costa del Paraná, en las barrancas, en los recodos y en las angosturas del río para asegurar las defensas y dejar a las embarcaciones británicas a merced del fuego de los patriotas. Para eso, se recostó sobre sus condiciones de baqueano, como San Martín y Güemes, que utilizó esas cualidades en la primera batalla de la Patria, Suipacha el 7 de noviembre de 1810. Las milicias en tanto, estaban alistadas para impedir intentos de desembarco con el terreno bajo una mira constante para no dejar que pisen tierra. La zona era denominada Angostura, como la llama Miguel Brascó en el triunfo “La vuelta de Obligado”, que cantó Alberto Merlo; allí las barrancas tienen mayor altura por lo que se instalaron los cañones para ocultarlo en la abundante vegetación.

Los combates de Vuelta de Obligado, San Lorenzo, Tonelero, Punta Quebracho y Rosario, entre otros, merecen ser considerados parte de la historia nacional como hitos que no merecen el olvido en la reconstrucción de la Patria Grande. El 4 de junio, los invasores llegaban con el viento norte a favor, convencidos de que podrían superar las defensas. No sólo cruzar, sino que debían destruir la posición para que exista el “libre comercio”. 95 barcos mercantes que venían de Corrientes y 12 de guerra en los que se amparaban, más seis vapores, dos goletas, dos bergantines y una corbeta que alistaban 85 cañones y obuses de calibre 24 hasta 80, la batería de cohetes, balas explosivas y cañones de enorme contundencia. Los federales contaban con 600 infantes, 150 carabineros, la reserva de 200 infantes, dos escuadrones de lanceros de Santa Fe y 17 cañones más una fe inquebrantable en la misión. No se debe olvidar tampoco, el valor de las mujeres que fueron decisiva a la hora de alistarse para la acción y asistir a los soldados en el fragor de los enfrentamientos.

 

Rosas, Mansilla: ¡no pasarán!

Qué los tiró a los gringos
una gran siete
navegar tantos mares
venirse al cuete

Artículo 1° – Habiendo el gobierno de Su Majestad Británica, animado del deseo de poner fin á las diferencias que han interrumpido las relaciones políticas y comerciales entre los dos países, levantado el 15 de julio de 1847, el bloqueo que había establecido en los puertos de las dos repúblicas del Plata, dando así una prueba de sus sentimientos conciliatorios, al presente se obliga con el mismo espíritu amistoso, a evacuar definitivamente la isla de Martín García, a devolver los buques de guerra argentinos que están en su posesión, tanto como sea posible, en el mismo estado en que fueron tomados, y a saludar al pabellón de la República Argentina con veintiún tiros de cañón.

Convención Arana-Southern. Buenos Aires, 24 de noviembre de 1849.

El diferendo se había iniciado en 1836 y culminó en 1850, cuando los franceses declinaron sus intenciones y aceptaron las condiciones de Rosas para la paz. El ordenamiento geopolítico de la región que pretendían las potencias, quedaba postergado por la incorregible decisión del gobierno nacional. Y acciones de depredación como las que realizó el mercenario italiano Giuseppe Garibaldi en Colonia, Gualeguaychú, Salto, Concordia y Paysandú fueron detenidas por los ejércitos federales en acción. Mansilla y soldados como el coronel Juan Bautista

Primero fueron los británicos quienes se avinieron a buscar un acuerdo para salir del entuerto. Los franceses dilataron la paz y luego aceptaron las condiciones acordadas entre Rosas y Oribe.

En la actualidad, la multinacional Cargill es propietaria del territorio donde gestó batalla por la soberanía como un símbolo que ofende la dignidad de los argentinos. Y la cruz que simbolizaba el lugar donde se desarrolló el evento histórico, fue traslada por el monopolio. Gustavo Battistoni, historiador santafesino, sostiene que “Punta Quebracho fue la batalla más importante en la Guerra del Paraná”, y agregó que “La batalla de Punta Quebracho sintetiza la pelea contra las dos flotas que en ese momento eran las más importantes del mundo”.

Battistoni afirma con certeza luego que en la batalla “Hubo una cantidad de disparos impresionante pero la resistencia de las tropas de la Confederación, compuesta sobre todo por santafesinos, que resistieron y derrotaron a los piratas en lo que fue la victoria final, por eso digo que debería ser el día de conmemoración de la soberanía”. Haber planteado la fecha en otro momento histórico, que no puede ser negado por su trascendencia, es una pirueta que sirve en el trazado de los hechos, para encubrir el valor de acontecimientos como el producido el 4 de Junio de 1846.

Perón y la historia

Sería el general Juan Domingo Perón, quien hizo los gestos históricos para recuperar el 4 de Junio como fecha nacional. El movimiento militar de carácter nacional que produjo con el GOU (Grupo de Oficiales Unidos) el 4 de Junio de 1943, el fin de la “década infame”, fue un gesto que realizó para que los densos tiempos de la historia, se observe la referencia a la gesta de Punta Quebracho. Posteriormente, al asumir su primera presidencia, volvió a establecer como fecha el 4 de Junio.

Los gestos en la historia como en la vida de las personas, como lo confirmaría en diferentes ocasiones, el Papa Francisco, son señales en el camino que los pueblos saben reconocer. Así, pueden ser considerados un gesto, los 21 cañonazos que se escucharon en Londres, el 31 de agosto de 1850, al firmarse el Tratado Arana-Lepredour que reconocía la soberanía argentina sobre los ríos interiores.

De nada valieron entonces, indignaciones como las del primer ministro Lord Aberdeeen quien el 22 de febrero de 1850 ante el Parlamento británico exponía que, “Hay límites para aguantar las insolencias y esta insolencia de Rosas es lo más inaudito que ha sucedido hasta ahora a un ministro inglés. ¿Hasta cuándo hay que estar sentado en la antesala de este jefe gaucho? ¿Habrá que esperar a que encuentre conveniente recibir a nuestro enviado? Es una insolencia inaudita”.

La historia precisa en estos días de esa insolencia y de esas actitudes para recuperar su dignidad y ponerse de pie. Seguramente, no faltará ocasión en estos días difíciles.

 

 


*Periodista. Autor de libros como Guardia de Hierra. De Perón a Bergoglio. Historia política de la Sociedad Rural. El largo adiós de los Montoneros. Güemes, el Héroe Postergado.

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